Fundado en 1910

La bandera de Suecia en la sede de la OTAN, en BruselasAFP

El Barbero del Rey de Suecia

Sir Roger Scruton cara a cara

Ediciones Cristiandad ha traducido Conversaciones con Roger Scruton (2026), que recoge las charlas que mantuvo con él su amigo irlandés Mark Dooley durante tres intensos días. Dooley, su albacea literario, conoce a fondo la obra del filósofo inglés, y el recorrido por sus temas es exhaustivo. Lo mejor del libro, con todo, es que deja brillar el atractivo personal de sir Roger. Es un elemento esencial para entender su influencia. Los que tuvimos la suerte de convivir con él en Scrutopia reconoceremos en este libro el mismo magnetismo.

También la misma diversidad de temas, con la misma unidad de fondo. Sus muchos intereses (la filosofía analítica, la nación inglesa, los vinos franceses, los caballos, la caza del zorro, la música de Wagner y su empeño en ser un gentleman) no forman un montón abigarrado, sino las piezas de un puzle que encaja. Basta seguir el dibujo biográfico. Esa coherencia, por cierto, lo volvía más odioso para sus rivales políticos, que tenían que esforzarse para no caer en las redes de su encanto. Él lo sabía bien: «Todo eso resultaba todavía más ofensivo, ¡porque me hacía parecer humano!».

Algo tan inglés como saber reírse de sí mismo cumple esa misma función. Dooley le sigue el juego: «La luz empieza a apagarse y es evidente que Roger tiene algo serio en mente: «De verdad necesito hacer una cosa antes de que oscurezca: ¿te importaría que fuéramos a comprar dos gallinas?». Y así dejamos a Hegel y salimos en busca de dos sustitutas para las gallinas que un zorro había matado la noche anterior».

Pero, más que complacencia, hay contrapeso. Scruton no esconde nunca el conflicto de su infancia, con el que lidió siempre y al que venció. Se resume aquí: «Mi madre nació y se crio en los barrios residenciales más distinguidos de Londres, alimentando un ideal de conducta caballerosa y distinción social que mi padre se propuso destruir con considerable deleite».

Tampoco esconde la dureza de su forja como escritor. No llevó bien las primeras críticas, sistemáticas y sistémicas: «Fue un desastre. Después de aquello llegué incluso a tener pensamientos suicidas». Más tarde: «Estaba pasando una mala época tras Pensadores de la nueva izquierda. Todo lo que escribía era descalificado, y aunque seguía publicando libros empecé a pensar que quizá debía dejar de escribir». Y más tarde: «Esto ocurrió en otro de los periodos sombríos de mi vida, cuando había vuelto a perder la confianza en el futuro».

Hay otro claroscuro que no evita. Está fuera de toda duda el lugar central de la religiosidad en su vida, pero con más convencimiento que fe. Eso puso una vacilación en el centro exacto de su visión del mundo. Hay más anhelos que amenes, más razones que rezos, más estética que ascética; y, a la vez, ¡qué honestidad religiosa!

La muestra de sus incertidumbres se agradece de suyo, pero también porque nos permite mantener una distancia muy británica frente a tantas frases brillantes y a tanta idea sugestiva y encantadora. Aquí unos cuantos pensamientos despeinados.

Mi vida se divide en tres partes. En la primera fui desdichado; en la segunda, viví incómodo; en la tercera, cacé.
*
…Los pequeños volúmenes de Dante, que parecían todos tan misteriosos y llenos de significado. Fue entonces cuando decidí que tenía que ser escritor.
*
Cantar no es creer —una idea que con el tiempo llegué a poner en duda—.
*
Finalmente, cuando por fin me asignaron una directora, fue Elizabeth Anscombe. ¡Pero solo accedía a recibirme en tutoría si yo llevaba una botella de burdeos y un puro habano! […] Fui autodidacta por ósmosis. Me encontraba en la orilla de una marea que se retiraba. Cambridge se alejaba hacia el pasado, pero yo podía absorber por los pies todo lo que aún quedaba de ella. […] ¿Elizabeth Anscombe? No, ¡no creo que leyera jamás nada que no hubiera escrito ella misma!
*
Supongo que el periodismo ayudó. Hasta que probé con él, en realidad no había escrito nada que me satisficiera como obra literaria.
*
De pronto comprendí que se podía pensar el tiempo de una manera que mostrara su belleza: la belleza de estar aquí y ahora. Eso fue algo que me impresionó vivamente al leer a Eliot.
*
Lo que redime a la filosofía: que pueda traducirse en literatura de verdad.
*
He querido dar expresión a mi vida interior, pero siempre he sido consciente de que la vida interior es, en gran medida, una ficción.
*
Fui un rebelde contra la rebelión. […] Yo seguía convencido de que se podía ser apóstol de la alta cultura y, al mismo tiempo, heterosexual.
*
No se puede ganar una discusión sobre el Corán con alguien que no reconoce ninguna autoridad fuera del Corán.
*
Hasta que los conservadores no recuperen los principios que los motivan, seguirán perdiendo la partida frente a quienes se atribuyen una convicción que quizá no siempre sienten, pero que siempre están dispuestos a proclamar.
*
Mi libro sobre Kant no es una obra de erudición, sino un intento de presentar su pensamiento con la mayor claridad posible. Es verdad que a muchos les ha resultado útil. ¡Creo que al propio Kant le habría resultado útil!
*
Este es el secreto que la civilización ha custodiado: que el poder y la influencia se alcanzan mediante la adquisición de conocimientos inútiles. La respuesta consiste, por tanto, en destruir los efectos de la educación haciéndola relevante. Sustitúyase la matemática pura por la aplicada, la lógica por la programación informática, la arquitectura por la ingeniería, la historia por la sociología: el resultado será una nueva generación de filisteos bien informados, cuya vulgaridad echará a perder todas las ventajas que, de otro modo, su formación podría haberles dado.
*
Mientras tengas 365 botellas en la bodega, todo irá bien.
*
Respeto la manera de argumentar de Heidegger. Pero es una manera que no muestra ningún respeto por el resto de nosotros.
*
El primer efecto de la mentalidad revolucionaria es deshacer la experiencia de lo sagrado. […] La Revolución es, a mi juicio, un acto supremo de desobediencia cristiana.
*
Pero [en los países del Este, tras la caída del Muro], durante un tiempo, quienes podían conceder honores eran personas que también merecían recibirlos. Por eso sabían distinguir entre el honor y el deshonor; de hecho, habían vivido conforme a esa distinción.
*
El conocimiento de uno mismo es un logro rarísimo.
*
Si no somos capaces de construir un templo y hacerlo bien, toda otra construcción será meramente provisional y utilitaria. Se convierte en una cuestión de levantar cobertizos.
*
Simpatizo con UKIP en la gran cuestión de la inmigración, pero ojalá el Partido Conservador hubiera hecho suya esa cuestión. Entonces se parecería más a la política de verdad.
*
No es un gran regalo ofrecer liberación sexual a los poco atractivos o a los indefensos.
*
Es curioso que la verdad, tal como yo la veo, parezca molestar siempre a la gente, pero no escribo para molestar.
*
Uno espera que, para mis hijos, el sexo sea inseparable del amor, y no esa cosa degradada que se comercializa en internet.
*
Una ceremonia es una manera de reconocer la existencia de los otros: no solo de los vivos, sino también de los muertos y de los aún no nacidos. Es una tragedia que la ceremonia esté desapareciendo de nuestro mundo. […] Yeats: «¿Cómo, sino en la costumbre y en la ceremonia, nacen la inocencia y la belleza?».
*
Quitad los signos del asentamiento ancestral; quitad el derecho de herencia y todas las demás formas en que los espíritus de los muertos siguen rondando la tierra; quitad todo eso, y desaparecerá el motivo para protegerla.
*
Como soy una persona inclinada a correr riesgos, he tenido una vida muy interesante, y entre las cosas más interesantes que me han sucedido están los momentos en que he sido blanco de una hostilidad implacable. Eso no es agradable, pero me obligó al examen de conciencia y a adoptar una actitud de defensa.
*
Deberíamos vivir nuestros días como una cadena de simposios sucesivos, en los que el vino fuera el catalizador; la conversación, el medio; y la meta, una serena aceptación de nuestra suerte.
*
Si se elimina la religión, el primer resultado es el nihilismo, y después el caos, que es lo que estamos viendo ahora.
*
Nunca sé muy bien qué hacer con Nietzsche, porque una frase suya puede ser profunda y la siguiente superficial, incluso tonta. A mi juicio, no maduró en absoluto.
*
Cuando se celebró el Vaticano II, me escandalizó, sobre todo por el daño causado a la liturgia. […] Veía el Vaticano II en términos ligeramente spenglerianos, como un movimiento de degeneración cultural. No veía por qué eran necesarias las reformas. Anhelaba que la Iglesia siguiera ahí, manteniendo su liturgia y su presencia como una realidad santa en el margen de la vida, una roca en el horizonte lejano contra la que rompieran en vano las olas de la moda.
*
¿Por qué surge tan poca música de verdad del mundo islámico? Seguramente porque en el islam no hay polifonía. Esa cultura dice una sola cosa, un inmenso unísono que se fragmenta constantemente y que solo puede recomponerse mediante la violencia.
*
El bodegón holandés tiene un aire muy protestante: santifica las cosas ordinarias en sus usos domésticos, en lugar de pretender ofrecer vislumbres de lo trascendental.
*
Después de mi divorcio de Danielle, iba a una iglesia católica o a una iglesia ortodoxa para tener momentos de oración. No tenía una adhesión doctrinal clara, solo un profundo sentido de contrición, que no podía aliviarse de ningún otro modo.
*
Los Cuatro cuartetos de Eliot valen por veinte tomos de Hegel, porque, en lugar de empeñarse en poner en palabras lo inefable, lo presentan mediante imágenes que no pueden desplegarse como argumentos, sino solo asimilarse como experiencias.
*
Monseñor Gilbey [sacerdote inglés medio jerezano] me resultaba divertidísimo. Era un extraordinario superviviente del siglo XVIII. Me asombraba la plenitud de su fe católica, tal como la expuso en su libro We Believe. Para mí, ese libro es la mejor exposición de la doctrina común del catolicismo. Gilbey vivía plenamente conforme a ella e irradiaba una especie de certeza que no he visto en nadie más. ¡Desde luego, no se encuentra algo así en los clérigos anglicanos! En ellos todo es duda, inquietud y falta de plenitud, mientras que Gilbey era contenido y sereno.
*
Permanecí en el umbral de la fe católica durante todo el tiempo de mi primer matrimonio. […] Lo que me atraía de la Iglesia católica eran precisamente aquellas cosas que fueron destruidas por el Concilio Vaticano II.
*
No se puede resumir a un filósofo en diez páginas si uno no ha pasado al menos un año estudiándolo.
*
Para ser completamente sincero, la única tranquilidad que experimento está en Londres o en Washington. Aquí [en el campo] uno se sienta al escritorio, mira por la ventana y enseguida vuelve a levantarse de un salto, gritando: «¡Dios mío, ese zorro está bajando al corral y las gallinas están fuera!», o «¿qué hace ese caballo en el prado?», o «¿de quién son esas ovejas?». El campo es una fuente constante de ansiedad.
*
En la ficción uno educa sus simpatías. Esa es una de las razones por las que contar historias ha sido una práctica universal entre los seres humanos: es una de las maneras en que los jóvenes llegan a comprender que existe un mundo más grande que ellos mismos.
*
¿Es este declive de la cultura literaria tan grave como el declive de la cultura religiosa? Creo que es el mismo fenómeno.
*
Si Rousseau viera adónde ha conducido su filosofía, estaría más cerca de mis ideas que de las suyas.
*
La única respuesta segura a las acusaciones hirientes de los demás consiste en formular uno mismo acusaciones mejores, más exactas y menos maliciosas.
*
Todo mi pensamiento político nace, en último término, de mi amor por el derecho inglés.
*
Lamento ser un activo desaprovechado para el Partido Conservador, que, pese a mi apoyo de toda la vida, prefiere mantenerme a distancia.
*
No tengo mucha esperanza en la causa del conservadurismo en general, no. La única salvedad que haría es que no hay otra causa. Nadie más tiene nada que ofrecer. En la izquierda no hay más que negaciones.
*
[Su epitafio] Debería estar en una lápida en el cementerio de All Saints, en Garsdon, y debería decir: «El último inglés: organista de esta iglesia».