El ministro de Cultura, Ernest Urtasun
La «era Urtasun» de los Premios Nacionales culmina con un justo Nacional de las Letras a Vila-Matas
La concesión del Premio Nacional de las Letras Españolas a Enrique Vila-Matas no esconde una pésima gestión de los Premios Nacionales
El Premio Nacional de las Letras Españolas tiene por objeto «reconocer el conjunto de la obra literaria de una autora o autor (sic) vivo escrita en cualquiera de las lenguas oficiales españolas, así como en las que cuenten con reconocimiento en los estatutos de autonomía».
Es la descripción que en la web del Ministerio de Cultura se realiza de dicha convocatoria, donde encontramos algunas claves que explican la desastrosa gestión de los Premios Nacionales en los últimos años.
Eso explicaría que, por ejemplo, en 2024 el premio recayera en el escritor Manuel Rivas, lo que llevó a muchos a preguntarse si de verdad el autor gallego reúne la necesaria calidad narrativa para un premio de estas características.
El Premio Nacional de las Letras Españolas 2026 ha recaído en Enrique Vila-Matas, lo que confirma que, salvo por el año en que se premió a Manuel Rivas, el Premio Nacional de las Letras Españolas es una isla a salvo de la deriva ideológica de unos premios que deberían estar por encima de debates partidistas y que, sin embargo, se están empleando con fines propagandísticos para azuzar al electorado.
Con todo, estos Premios Nacionales podrían ser los últimos de Urtasun, si los votantes españoles deciden el 29 de noviembre que ocho años de sanchismo han sido suficientes.
Los Premios Nacionales (quizás salvando el de las Letras) han caído en una paulatina degradación desde que Ernest Urtasun desembarcó en el Ministerio de Cultura en 2023, un proceso que ya había comenzado con su predecesor Miquel Iceta.
La coletilla de las lenguas que cuenten con «reconocimiento en los estatutos de autonomía» abrió las puertas a la puesta en práctica de una discriminación positiva que favorecía la obra en lenguas cooficiales frente a autores que escriban en español. Pero lo más clamoroso ha sido la preferencia de premiados de una determinada inclinación ideológica en consonancia con los postulados de los partidos del gobierno de coalición, PSOE y Sumar.
Curiosamente, no es en el Premio Nacional de las Letras Españolas donde más se ha dejado notar esta manipulación. María Victoria Atencia (premiada en 2025), Cristina Fernández Cubas (en 2023), Luis Landero (en 2022) y ahora Vila-Matas, sí son autores de reconocido prestigio que han merecido el premio.
Pero la deriva ideológica, en ocasiones cercana al sectarismo, en los Premios Nacionales ha dejado numerosos ejemplos.
Este 2026 se ha concedido el Premio Nacional de Teatro a Oriol Pla por su espectáculo en catalán Gola. El Premio Nacional de Poesía ha recaído en el mallorquín Sebastià Alzamora, por su obra en catalán Sala Augusta seguit de Llengua materna. El Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández se le ha concedido a Ane García López, por su poemario en vasco Kontra.
El perfil ideológico de los premiados también suele ser cercano a las sensibilidades ideológicas del gobierno y sus socios independentistas. Prueba de ello es el propio Sebastià Alzamora, reconocido catalanista partidario de los Países Catalanes quien, entre otras afirmaciones, aseguró que las manifestaciones de solidaridad hacia los ceutíes son concentraciones de «extrema derecha y neonazis».
Tampoco sorprendió, por lo tanto, que el Premio Nacional del Cómic fuera para una dibujante de la publicación satírica El Jueves, Irene Márquez, quien se mofó del cristianismo desde su tira cómica.