De Calamaro a Almodóvar: ¿es censura la «motosierra» de Vox o freno a la ideología y la mediocridad?
La «cultura oficial» se muestra tan en contra del partido de Abascal como tan a favor de Sánchez con excepciones notables no tan promocionadas
Pedro Almodóvar y Andrés Calamaro
Se habla mucho de la «motosierra» en asimilación a Milei y los recortes culturales de un país quebrado (por la izqueirda) como Argentina. La «motosierra» es consigna positiva y negativa, según quien la use. Como siempre, la polarización que afecta a todo, también a la cultura, por supuesto. O incluso sobre todo.
La izquierda mediática y cultural clama contra Vox y algunas de sus decisiones culturales. Y Vox clama contra la cultura oficial de subvenciones y temáticas ideológicas. La izquierda advierte del fascismo cultural (y no cultural) del partido de Santiago Abascal (un partido perfectamente democrático) y Vox denuncia el totalitarismo cultural que hace mayormente ideología tapando la mediocridad.
Cuando ha tenido ocasión, no siempre, pues su poder es reducido, y no siempre que ha tenido el poder, ni mucho menos, Vox ha retirado obras de teatro por ideológicas y financiadas con dinero público, esto último el quid del asunto. La formación conservadora defiende que no se debe hacer ideología con recursos públicos.
Nada dice de los recursos privados, de la cultura financiada con fondos privados. No es una cancelación de la cultura, sino una cancelación de la cultura sectaria realizada con el dinero de todos. Ese es su programa. Que es bien distinto al que dicen que tiene quienes mayormente se benefician de las subvenciones culturales del Estado para hacer cultura ideológica.
«Silenciar y amordazar»
Resulta fácil identificar el nutrido grupo cultural que detenta el poder cultural en España, financiado por el Gobierno. No hace falta ir a sus obras para encontrarlos. Es más fácil ir a sus manifestaciones políticas. Allí se les distingue y, con suerte, en alguna ocasión alguien puede conocer que tal nombre es el autor o el actor de una obra.
El siempre presente en todas las manifestaciones políticas a favor de Sánchez, Pedro Almodóvar, es uno de los personajes de esta cultura oficial que habla abiertamente de que Vox (o la «ultraderecha») solo pretenden «silenciar y amordazar». En realidad, no es cierto. Porque lo que Vox quiere es que no se haga ideología cultural, política cultural con dinero público.
Muy similar, aunque no parezca cierto, a lo que hace Francia con su República en materia cultural: una cultura fuertemente financiada por el Estado, donde la defensa de la identidad nacional es la base de lo primero. La cultura de Francia defiende a Francia y sus tradiciones y su idiosincrasia y no permite injerencias ajenas.
No parece precisamente la mayor parte de la cultura española una cultura defensora de su identidad nacional, sino todo lo contrario. Resulta casi asombroso saber que lo que quiere Vox se parece a lo que hace Francia con su cultura, cuando la impresión es todo lo contrario.
La batalla cultural que es ideológica
Es el relato que funciona mejor que la realidad en medio del desconocimiento, precisamente en medio de la incultura y el sectarismo. En el lado opuesto a Almodóvar hay otros artistas, los menos, que no compran su cuento. Con frecuencia Andrés Calamaro, el cantante hispano-argentino, se ha mostrado en contra de la «cultura oficial» que representan figuras como el director manchego, defendiendo una cultura alejada del poder.
Fuera de la corrección política que se vende como transgresión, la esencia de la cultura en muchos casos. La batalla cultural es mucho más que una batalla porque alcanza a la política. En la verdadera cultura (sin política, sin subvenciones o con subvenciones no políticas) no habría lugar para batallas ni guerras culturales más allá del cuidado de la calidad de lo que se presenta, que ahora aparece tapado por la ideología: la ideología tapa o sustituye la cultura y su calidad.
Hay quien define como veto ideológico la postura de Vox, como la actriz Aitana Sánchez-Gijón, otra defensora de Sánchez, y hay quien, como el escritor Andrés Trapiello, sin tener que defender a Vox (muchas veces todo lo contrario) afirma que la «cultura oficial» de los Almodóvares y los Sánchez-Gijones impone un pensamiento único con el dinero de todos.