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Isabel Allende y la «ultraderecha» o cómo conseguir lectores como el PSOE votantes

La escritora chilena, en España por la presentación de su novela premiada con el Planeta y continuación de La casa de los espíritus, dice en plena España electoral que «Para un joven es muy fácil enchufarse con los neonazis»

La ganadora del premio Planeta 2026, Isabel AllendeEFE

Una consigna por casi todos sabida de la izquierda es la amenaza de la «ultraderecha». Avisan de su llegada al poder exactamente como si viniera el lobo y como si los ciudadanos de a pie fuésemos colegiales asustadizos ante admoniciones fantásticas.

No es solo una consigna nacional, sino «global», donde se trata de identificar la «ultraderecha» como, precisamente, un peligro «global». Las generalizaciones nunca son buenas ni acertadas. Alejandro Dumas (hijo) lo dijo de la mejor forma: «Todas las generalizaciones son peligrosas, incluida ésta».

La «ultraderecha» comodín

Este concepto de «ultraderecha» no es igual (no puede serlo) en todas partes como tampoco lo es cualquier otro concepto en diferentes ámbitos, incluido, por ejemplo, la «ultraizquierda». De este modo se entiende que Isabel Allende, quién vivió la llegada al poder de Pinochet y el suicidio del presidente (que había llevado a su país al colapso económico y social) de su mismo apellido (por lejano parentesco), Salvador Allende, oiga hablar de «ultraderecha» global y se acuerde de su experiencia.

Allende está en España con motivo de su Premio Planeta y de la publicación de su novela donde continúa la historia familiar de La casa de los espíritus, una «metafora del país», según sus propias palabras, con sus cambios y sucesos a lo largo del tiempo. Por ello ha sido relativamente empujada, sin poner ella reparos, a hablar de dicha «ultraderecha» como si fuera un concepto comodín.

Allende ha hablado con alerta del «coqueteo» de los jóvenes con la «ultraderecha», donde ha hecho referencia a Trump (vive en Estados Unidos) y el peligro que, según ella, representa para la sociedad, incluso en una «democracia consolidada» como es el país americano, sin temblarle la voz al decir, en España: «Para un joven es muy fácil enchufarse con los neonazis porque no tiene ni idea de lo que fue ese régimen y las consecuencias que tuvo».

Lo llamativo es que, conociendo como conoce la escritora la realidad del Chile de principios de los 70, cuando un golpe de Estado militar derrocó al Gobierno democrático, extienda su experiencia a Estados Unidos, donde es imposible tal golpe, y hable de ello en España, donde los supuestos (o el supuesto) partidos de «ultraderecha» (una creación de la «izquierda») son formaciones perfectamente democráticas.

Lo que dice Allende parece una interesada consigna ideológica y comercial. La escritora afirmó el jueves en un encuentro con periodistas que «siente en el aire una fascinación con la ultraderecha, con los gobiernos autoritarios y el populismo» en pleno período electoral.

Allende, no faltaba más, es libre de sentir y pensar y decir lo que quiera, incluido rechazar públicamente opciones perfectamente democráticas que en España algunos llaman conceptual y amenazadoramente «ultraderecha», en su caso pensando en sus potenciales lectores, curiosamente como otros (o no tan curiosamente) piensan en sus potenciales votantes.