Fundado en 1910

Mario Vaquerizo acaba de publicar 'El cardadismo ilustrado'Cedida por Harper Collins

Mario Vaquerizo: «Me produce tristeza la cultura de la cancelación. Me parece una forma de nazismo»

Mario Vaquerizo reflexiona con El Debate sobre su accidente durante una actuación en 2024 y sobre los fundamentos del «cardadismo ilustrado», que desarrolla en su nuevo libro

El 19 de octubre de 2024, durante una actuación en Cáceres con Nancy Rubias, Mario Vaquerizo se precipitó desde el escenario en una peligrosa caída de cuatro metros que lo llevó al hospital.

Pese a quitarle hierro al principio, el accidente podría haber sido fatal, haber dejado al periodista, productor y artista paralítico o, incluso, haberlo matado. Pero nada de eso sucedió: Mario Vaquerizo se recuperó, resurgió con nuevas fuerzas y ahora está de nuevo trabajando a pleno rendimiento con el espectáculo de Cabaret en el Espacio Delicias de Madrid.

Además, acaba de publicar un libro con la editorial Harper Collins, El cardadismo ilustrado. Filosofía para sobrevivir a las caídas sin despeinarte. Un libro muy personal donde, sin renunciar a su sentido del humor, sus ganas de provocar y de ser puro espectáculo, reflexiona sobre su accidente, el modo que le cambió la forma de ver la vida, la enfermedad y el dolor, pero también la amistad, el amor, la libertad y la importancia de la familia.

Todo ello con la filosofía del «cardadismo ilustrado» formulada por el propio Mario Vaquerizo, cuyos fundamentos explica en la presente entrevista con El Debate.

–En el libro lo cuenta nada más empezar, pero ¿puede resumir el concepto de «cardadismo ilustrado»?

–Es una filosofía de vida que me protege de la realidad actual, que no me gusta. No es adaptarte a la realidad, sino crearte un mundo propio donde no está presente la intolerancia, el enfrentamiento y el rollo patatero.

Cubierta del libro de Mario VaquerizoHarper Collins

Vivo en este mundo, pero es cierto que el mundo que viene cada vez me gusta menos. Lo veo más gris, y como, después de haber tenido la caída me he dado cuenta de lo importante que es la vida y lo importante que es vivir feliz con uno mismo, me he dedicado a cardarme, lo que me protege del mal rollo y sentirme más guapo y más feliz. No deja de ser un mecanismo de defensa.

De todas formas, el cardadismo ilustrado se le puede aplicar a cualquier persona con sentido común. Al fin y al cabo, todos queremos lo mejor para uno mismo y, por o tanto, para los demás. Muchas veces, cuando determinados aspectos del mundo actual no te gustan lo que haces es, no abstraerte de ellos, pero sí ignorarlos. La filosofía del cardadismo ilustrado es ‘no hay mayor desprecio que no hacer aprecio’. Las cosas que no te interesan no las cuestionas, no las críticas, no las condenas, puesto que a ti tampoco te gusta que gente que piense diferente a ti te cuestionen y te condenen, pero, simplemente, no le das importancia. El desprecio y la indiferencia ante situaciones que no te importan es una asignatura a aprender.

–El libro surge a partir de la caída que sufrió en el escenario en 2024 mientras actuaba con Nancys Rubias en Cáceres, y cuenta el episodio, y todo lo que vino después, con detalle. Más allá del daño físico, ¿cómo cambió su modo de ver la vida?

–Yo siempre saco mi lado positivo, pero no lo hago de forma forzada, lo hago de forma natural. Trato de sacar, incluso de cosas dramáticas, su lado bueno. Obviamente, la caída podría haber sido mortal. Ahora mismo podría o estar muerto o estar paralítico, que creo que habría sido peor, o estar ciego. Afortunadamente, ninguna de esas cosas ha sucedido, estoy ahora hablando contigo, he vuelto a mi vida normal. Pero sí es cierto que, hasta que escribí este libro, que además está siendo muy terapéutico –yo no pensaba escribir de esto–, no fui consciente de lo importante que fue de la caída y de lo grave que fue, hasta que no me puse a escribir y a rememorar ese episodio.

Dicho todo esto, me ha dado serenidad. La caída, unida al paso de los años –que a priori son dos cosas que no le gusta a la gente, porque a la gente no le gusta cumplir años. A mí me encanta cumplir años, porque significa que estoy vivo–, la caída unida a la madurez que vas adquiriendo con los años (yo tengo 52 años) me ha dado un estado de serenidad y de templanza que es la que trato de aplicar ahora en mi día a día.

Es decir, no estar en el paroxismo constante, un paroxismo que a veces también es elegido, puesto que yo me encontraba en ese momento en una vorágine laboral elegida por mí, es el riesgo que conlleva el dedicarte a lo que te gusta. Esa cosa tan bonita que siempre digo que es que tus aficiones, si se convierten en tu modo de vida, eres un privilegiado. Sí, eres un privilegiado, pero también eres un esclavo de tus aficiones, porque tus aficiones van unidas a tu trabajo. Y ser una ‘working girl’ las 24 horas del día durante más de diez años me hacía no pensar en las cosas y, sobre todo, me hacía no pensar ni disfrutar el aspecto cotidiano de la vida.

Según van pasando los años, los años se van pasando más rápido. La vida que yo he creado, junto con mi mujer, mi familia, mis amigos, que, en un momento dado, vi que tenía un poquito abandonada y por ahí ya no paso.

Yo, hasta del accidente saco una lección de vida. La vida te va poniendo avisos, y a mí me avisó, y me dijo, ‘tranquilo, tranquilo, tranquilo’. Yo siempre culpo de la caída al ‘giratutto’, y no. El ‘giratutto’ no tiene ninguna culpa. Yo llevaba cincuenta conciertos con ese ‘giratutto’, lo que pasa es que yo ese día no coloqué el ‘giratutto’ donde debía ponerlo porque estaba loco perdido.

Había asistido a un desencuentro laboral, mezclado con estrés, más cansancio…, y me he dado cuenta que no. Ahora estoy feliz, he aprendido a decir que no, no pasa nada por decir que no. Ahora mismo he decidido trabajar solo los fines de semana con el teatro ‘Cabaret’, y el resto de la semana dedicarme a enmarcar cuadros, a disfrutar de mi casa, de mis amigos, de mis padres… No pasa nada por no hacer nada. El lujo es hacer lo que quieras cuando quieras, y eso es lo que estoy haciendo yo. Y eso, después de la caída, me vino muy bien.

Luego me di cuenta también, que ahora, más que nunca, no me quiero morir. Soy consciente de que me tengo que morir, porque la única verdad absoluta que existe, para todos los seres humanos, es que nacemos y nos morimos, lo demás son conjeturas, creencias, espiritualidades, lo que sea. Pero eso es así. En este momento yo me encuentro en un estado de plenitud y de autorreafirmación máxima. Y si eso ha sido debido a la caída, bienvenida sea.

–La España de hoy vive en una polarización agresiva que nos ha desquiciado como país. ¿La filosofía que propugna en su libro cómo podría ayudar a la concordia?

–Realmente no lo sé, porque los que propugnamos el cardadismo, los que somos adictos al cardado, somos unos marcianos. El cardado ya está demodé. El cardado es algo políticamente incorrecto porque requiere mucha laca, y la laca es un complemento que está muy mal visto en la sociedad de hoy, porque acaba con la capa de ozono.

El cardadismo no propone nada. El cardadismo no pretende aleccionar ni combatir nada. Simplemente que la persona que desee adherirse al cardado, bienvenido sea. Aquí no pretendemos aleccionar a nadie, ni coaccionar, ni cancelar. Si yo no soporto que me cancelen por emitir mi opinión libremente, no voy yo a cancelar a las personas que no piensen como yo. La vida, el respeto y la tolerancia es lo que lleva como bandera el cardadismo.

–En el libro muestra cierta amargura por intentos de cancelación de los que ha sido víctima…

–Amargura, no. Lo que les digo es que conmigo no puede nadie. Amargura, no. Me produce tristeza que en este siglo XXI esté tan presente la cultura de la cancelación, que me parece una forma de nazismo: si no piensas como yo, te cancelo. Pero ¿qué es eso?

Mira, yo estoy haciendo ahora 'Cabaret' y el libreto de 'Cabaret' –que por eso es un libreto tan universal, actual y que nunca ha envejecido– muestra el Berlín de los años 20: libertad, un reducto que te permitía ser tú mismo; pero no se tenían en cuenta los primeros connatos del movimiento nazi. Decían, ‘no, son niños que están jugando a asustar’. Mira cómo acabó la cosa. Con lo cual, hay que tener mucho cuidado.

Pero bueno, yo, simplemente, digo mi opinión y ya está. Los demás, el que quiera que la comparta y el que no, no. Creo que tenemos que estar en un Estado de derecho donde la libertad de expresión, con respeto y educación, tiene que prevalecer.

Pero eso de que como yo no piense como tú o como la línea editorial de un sector no piense como yo, ¿me vas a condenar? Lo que estás haciendo es mostrar cómo eres.

Pero no lo vivo con amargura. Afortunadamente, no vivimos en un Estado de coacción. Aquí cada uno puede decir lo que sea. También, las que te cancelan son cuatro aburridas. Después te vas al Hormiguero y eres líder de audiencia. Aquí venimos a entretener, no venimos a coaccionar ni a aleccionar ni a nada.

A mí me gusta mucho hacer promoción, porque me descubro en la promoción, reflexiono sobre cosas que en mi día a día no reflexiono… Pero ya ha llegado un momento en que se ha convertido en un rollo hacer entrevistas, porque todo es de qué partido eres, qué piensas de este político… Todo es política. Cuando yo leía las entrevistas que le hacían a Andy Warhol eran mucho más divertidas. O las entrevistas a Ana Torroja en el Super Pop. Pero ahora se ha politizado todo y es un coñazo.

Yo soy entretenedora, a mí me gusta entretener a la gente y entretenerme a mí mismo hablando de otras cosas, pero no siempre de lo mismo. Se han politizado hasta las tardes. Las tardes, que eran una maravilla cuando yo era pequeño. Tú por las tardes veías 'Falcon Crest', o la novela…, 'Los ricos también lloran', o veías a Jesús Hermida, o a Manuel Hidalgo con Inka Martí, que descubrías a cantantes… Ahora todo es política, política y política. Qué rollo patatero. Por eso me quedo con el cardadismo y como ahora hay televisión a la carta veo lo que quiero, como quiero y cuando quiero.

–En ‘El cardadismo ilustrado’ se muestra apolíneo (la lucidez, el equilibrio, el orden), pero al mismo tiempo está embarcado en el espectáculo ‘Cabaret’, donde presenta su lado más dionisíaco (festivo, lúdico, desinhibido…). ¿Esa dualidad es lo que le caracteriza?

–Yo soy muy poliédrico, tengo esas dos cosas. Soy una persona muy germánica, una persona excesivamente profesional, que me encanta, pero, el ser profesional no está reñido con después reírte de ti mismo y tener un lado festivo, lúdico y gamberro. Es más, mi vida es muy lúdica. Yo pasé en el hospital una convalecencia muy lúdica, pero porque estaba muy a gusto. Yo fui muy feliz en el hospital. La gente mi dice, pero estás loco, por qué dices eso. Pues sí, fui muy feliz porque estuve muy bien cuidado, ausente de dolor y me sentí querido por mi mujer, por mis amigos, por mi familia.

O, por ejemplo, yo estoy charlando aquí contigo y puedo decir una butade o una frivolidad, pero eso no quiere decir que, a la vez, no me tome muy en serio. A lo mejor es que soy un marciano, no sé. Un marciano ye-ye. Pero no creo que esté reñida una cosa con otra. Tú puedes sacar ese lado más dionisíaco, pero después el trabajo es muy chivato. Yo estoy muy contento de haber hecho 'Cabaret', porque creo que el trabajo acaba viéndose. Eso lo llevo viendo desde que tengo uso de razón porque, desde que tengo 15 años, he trabajado en todo lo que he querido, y cuando me he quedado sin trabajo me puse a repartir flayers, y no se me ha caído el mundo encima. No está reñida una cosa con la otra. Me puedo reír de mí mismo y de los demás y, al mismo, tiempo tomarme muy en serio. Lo que pasa es que mí siempre me gusta mostrar mi lado más amable, más agradable, porque, si no, lo que produces es alergia.

En 'Cabaret' estoy feliz y, fíjate, con esa tontería del miedo al qué dirán, en un principio dije que no a hacer 'Cabaret' por el que dirían. En el momento en que se anunció mi participación en 'Cabaret' la condenaron al ostracismo sin ni siquiera haberse presentado. A mí eso lo que me demuestra es que la gente es gilipollas, porque tú puedes criticar una cosa cuando la ves, pero sin verla… Entiendo la antipatía que yo te pueda generar, lo entiendo perfectamente, pero si tú ya condenas una cosa sin haberla visto, demuestra el tipo de persona que eres: una absurda. Después, esos mismo, se han tenido que callar la boquita.

Para que veas, desde Alejandro Amenabar, hasta Natalia Berbeke y grandes actores y directores consolidados me han dicho: ‘Mario, qué bien lo haces’. ¿Por qué? Porque el trabajo se refleja, y el público no es tonto.

Tengo esos dos lados, soy muy dual y muy poliédrico, porque no todo es blanco y negro, está la filosofía del gris perla, que es la que también proclama el cardadismo ilustrado, que habrá cosas de un lado que te gusten, que habrá cosas del otro lado que te gusten y ya está. Seguir los dogmas ‘de pe a pa’ te convierte en un ser menos libre.

–En el libro tiene muy presente a Alaska, que fue fundamental para su recuperación. Alaska y usted siguen siendo grandes iconos de la cultura pop española ¿qué destacaría de su trayectoria? ¿Cómo le gustaría que les recordaran?

–En el caso de Alaska, se lo tendrías que preguntar a ella. Yo tampoco me considero un icono de la cultura pop. No me veo así. Me encanta que me lo digas, si me aprecian así, bien. Yo creo que a mí lo que me ha salvado la vida como icono pop es la no pretensión. Yo nunca he pretendido convertirme en una cosa u otra. Me ha venido dado y he hecho en todo momento lo que me ha pedido el cuerpo. Siempre con honestidad.

A mí me gustaría que me recordaran como ‘hablaba como un loro, pero era una buena persona’. Así es como me gustaría que me recordaran. Mi trayectoria ha estado guiada por una intuición. Me han venido dadas muchas cosas, pero también porque he estado abierto de orejas mucho tiempo, y muchas veces hay que saber escuchar, y yo he sabido escuchar tanto a mi interior como a mi exterior. Además, he tenido la suerte de estar en un ambiente donde el respeto siempre ha estado presente.

A mis padres no les hizo ninguna gracia cuando yo con treinta años, después de estar establecido en el mundo del periodismo y de la representación, me pusiera un tacón y me pintara la cara. Pero les dije que yo iba a seguir haciéndolo. No quise imponerles nada, pero sí que quise educarlos a ellos.

Icono pop…, hombre, un poco icono pop sí que soy porque el primer reality que se hizo en España fue 'Alaska y Mario', cuando la gente se tiraba de los pelos diciendo, pero estos qué hacen. No entendían que nosotros venimos de la cultura norteamericana, de la cultura de los reality, y lo hicimos: mostramos nuestra vida tal y como somos sin ninguna pretensión. Solo nos dimos el capricho de hacer una cosa que nos divertía, y luego se convirtió en un fenómeno. De hecho, ahora mismo, y sin haberlo pretendido, soy la reina del TikTok. Así que sí, qué quieres que te diga, sí que soy un icono pop. Ya me he convertido en lo que quería ser de pequeño, que era ser John Travolta. Yo llevaba mi foto de John Travolta pegada en la carpeta y ahora llevan la mía. Pues bienvenido sea, me encanta el pop. Vengo de Andy Warhol, de la filosofía warholiana, que es la filosofía pop, que me define mucho. El cardadismo ilustrado es una filosofía pop ante la vida, porque es la alegría de vivir, y el pop te da eso, la alegría de vivir.