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Crónica musicalMario de las Heras

Duran Duran arrasa en Madrid con un concierto de otro tiempo para envidia de este

La banda británica liderada por Simon Le Bon cerró su gira europea en España décadas después más allá de la nostalgia irremediable y con alguna sorpresa apoteósica

Duran Duran durante su concierto en MadridEFE

Cuanto le hubiera gustado a Morrissey, de la misma generación, aunque de otro tipo (de música y casi de todo) tener la entrada de Duran Duran. Claro que el exlíder de Los Smiths actuó en agosto con Madrid de vacaciones.

A este noviembre de Duran Duran todavía le queda diciembre y a juzgar por la forma y el tono, incluso algún año más con la nostalgia como motor. Pero nada como esta nostalgia de 2026, décadas después de su último concierto en España.

Como de su segunda época tras la de los ochenta y los posters de la Súper Pop. La de Ordinary World y su vuelta al candelero, hasta como amigos de Pavarotti. De las hombreras y los cardados al pelo corto y a las chaquetas sin forro, livianas. Las de Armani que no eran armaduras, sino que se ajustaban al cuerpo.

Los de Simon Le Bon, estrella ochentera y marido de Yasmin Le Bon, supermodelo, pareja de revista, han vuelto y con ellos el público que no fue exactamente el de uno, pero casi. Sí el de la prima mayor que tenía en una puerta del armario a Duran Duran y en la otra a Spandau Ballet.

John Taylor y Simon Le Bon durante el concierto de Duran Duran en MadridEFE

Un poco más de uno los confunde, como más de uno también confunde a Robert de Niro con Al Pacino. El caso es que eran, son, música de chicas mayores y mola (hay que decir mola) porque es la música que pasaba cuando eras niño o casi adolescente y suena igual, transportándote, cuarenta años después y reproducidos por Lichtenstein en las pantallas.

Como si todo hubiera vuelto y ellos no se hubieran ido y el tiempo no hubiera pasado y ya por fin sabes, porque te has hecho mayor, que son Duran Duran y no Spandau Ballet. Lo sabes cuando suena el exitazo The Wild Boys. Y les ves a ellos, a Simon y a John Taylor allí mismo y al público, sobre todo a ellas, a las primas mayores volviendo a ser chicas con hombreras y el pelo cardado oliendo a chicle Cheiw.

La magdalena de Proust

No hay posibilidad de asimilación a 2026, ni falta que hace. La atmósfera es suya. El sonido es suyo, el de siempre, el timbre amanerado e inconfundible e infinito de Simon, secreto irrepetible de corazones rotos, quien se puso a aullar a capela volviendo a producir el efecto antes de la batería típica, la que sus golpes suenan como un estallido sideral entre los coros y el soniquete de los teclados: ¡la magdalena de Proust hecha pop!

Sin descanso, la nostalgia estridente que muestra que son más que el recuerdo de aquel imberbe que trataba de imitarles, a ver si había suerte. Coro de dos mujeres incluidas y la sensación de estar en una película juvenil de Patrick Dempsey. Una sensación agradable. Otra vez, como una sucesión de canciones de anuncio, de chucherías como si fuera una montaña rusa flúor.

Simon Le Bon y John TaylorEFE

Y toda clase de productos, como The Reflex, melodía inolvidable, adolescente y cinematográfica. Poderío total de Duran Duran donde hay percusión y ¡saxofón! Por momentos gloria en el tiempo. Las primas mayores bailaban con Simon, un poco chillón, como siempre.

La voz que brilla más acompañando al éxito que dirigiéndolo. Luego habló de que era el último concierto de su gira europea y tarareó un pasodoble para la «beautiful» España y la «amazing» Madrid y pidió ¿democracia en USA? antes de Ordinary World, «viejoven» gran éxito de los británicos que pese a lo esperable bajó la efervescencia pubescente de la noche.

Apoteosis ochentera

Y Come Undone: «Who do you need, who do you love...» el estribillo inolvidable hasta que llega Notorious y su «No, no notoorious» que desata la locura en una sucesión de éxitos perdidos y resucitados que no para: New Moon On Monday, Free To Love y Planet Earth, la primera, el inicio de todo, la apoteosis ochentera.

Ellas bailan y ellos recuerdan, sin bailar, cavilosos. Y Le Bon dice: «Play the fucking bass jam», dirigido a John Taylor, en el centro y arriba del escenario, y entonces empieza esa versión espectacular del White Lines «hiphopero» de Grand Masterflash. Simon Le Bon convertido en Johnny Rotten en 2026. Simplemente tremendo.

Duran Duran en MadridEFE

Y nada decrece a pesar de la altura alcanzada: Reach Up te Sunrise, Girls On Film, himnos donde meten (para luego continuar) de forma delirante y brillante Psycho Killer de Talking Heads.

Simon pide las luces de los teléfonos para Save the Prayer y coge la guitarra. Dice que sabe que todo el mundo se sabe la letra. Y es cierto. Coros de todo el Movistar Arena a rebosar (salvo la parte más alta). Rio es un digno final con su estribillo de final de película feliz. De los ochenta y de la música que resuena guitarrera y dice adiós dulcemente entre saltos de alegría de regreso al futuro.