Obra cumbre del Renacimiento italiano, máxima expresión de la pintura de Miguel Ángel, tesoro más preciado de los Museos Vaticanos. La Capilla Sixtina y, en particular, los frescos del Juicio Final son, seguramente, el mayor tesoro del patrimonio de la humanidad. Y, aunque cueste creer, no gustó nada cuando se presentó ante el Papa Pablo III en 1541. Para la Curia vaticana, aquellos cuerpos desnudos, retorcidos, demasiado realistas… Jesucristo representado sin respetar la iconografía tradicional, musculado, lampiño, muy joven, además de enfadado, levantando la mano como si fuera a soltar un bofetón. Y por si todo ello fuera poco, algún cardenal se reconoció retratado entre los condenados en el infierno.