Como tantos artistas de antes –hoy también, aunque quizás menos– estaba Picasso el hombre y Picasso el personaje. Al igual que hacía Ernest Hemingway, Camilo José Cela o Salvador Dalí, el genial artista proyectó una imagen pública que poco tenía que ver con cómo era en la vida privada. Brabucón, mujeriego y bizarro (es decir, osado), a Picasso le gustaba que le vieran como un artista excéntrico. En la imagen, con sombrero y cigarro el 1 de enero de 1960.