Cena de periodistas, entre ellos, el veterano corresponsal Vicente Talón
'Memorias de un corresponsal de guerra': el terrible siglo XX
Vicente Talón cuenta en este trepidante libro su experiencia en los lugares más distantes y peligrosos del planeta
Más que unas memorias al uso, son una recolección de sugestivos reportajes y crónicas de este enviado especial que hizo sus primeras armas como periodista en El Correo Español y El Pueblo Vasco para llegar al diario Pueblo y fundar, finalmente, la revista Defensa con Arturo Pérez Reverte y de la que quien esto escribe fue un tiempo redactor jefe.

Ediciones Fides (2024). 432 páginas
Memorias de un corresponsal de guerra
Vicente Talón hace un recorrido turbador por su existencia profesional. Desde las bombas atómicas de Palomares en 1961 hasta Alemania Oriental en los años 90 y Cerdeña en 1981, el periodista recorre los principales escenarios feroces del siglo XX, la mayor parte de ellos bajo el signo de la violencia.
Escribiendo sobre la «honorable sociedad» en Sicilia, dice: «Frente a la mafia. No valen los métodos habituales de represión. Es como querer aplicar el Código Penal a la teoría de la relatividad. O al pretérito de subjuntivo». Y recoge historias truculentas de esos criminales. En Corleone, antes de que la película El Padrino pusiera ese pueblo en el mapamundi, escribe durante unas elecciones en las que se presentaron muchas personas mostrando un certificado médico de ceguera, lo que les facultaba para entrar en las cabinas de votación con un acompañante cuya misión en realidad no era otra que la de comprobar que votaban a quienes tenían que votar. Un político de la Democracia Cristiana se opuso a la Mano Negra, Pascuale Amérigo. La mafia hizo una pintada con una mano negra precisamente condenándole a muerte. Su madre ya vestía de luto desde el aviso. Y sus amigos le dejaron de hablar. Cuando, acompañado de su hermano, regresaba a su casa una noche. Las luces del pueblo se apagaron. De las tinieblas surgieron unas llamaradas. Un crepitar de disparos. Su cuerpo yacía en el suelo con 104 balas de subfusil y 7 de pistola. En otra ocasión un padre votó a favor de la muerte de su hijo porque tenía la lengua suelta.
El periodista cambia de escenario y recala en Santo Domingo donde denuncia que decenas de miles de personas solo se alimentan de yuca. El 50% de los campesinos padecen tuberculosis. El 10% de los recién nacidos no llegan a cumplir un año de edad durante la guerra civil que siguió a la muerte de Trujillo.
Los linotipistas, cuenta Talón, teclean con las metralletas al costado. Los muchachos duermen con las armas a mano. Un hombre negro le quiere contar su caso. Mataron de un cañonazo a su mujer y a sus tres hijos en la cabaña que habitaban al lado del puente Duarte. Otro le habla de unos soldados que registraron la casa de María Eusebia de Hernández, que se disponía a amamantar a su hijita. Después de haberlo revuelto todo, buscando armas que no estaban. Sonó un disparo, la niña de 6 meses resultó muerta en el acto. Y la mujer se quedó con el seno y un brazo destrozados.
El periodista se desplaza a Colombia. Allí, a un niño de solo 5 años le obligan a ir cavando una fosa con una pala. Cuando es lo suficientemente grande para dar albergue al cuerpo del chaval, en ese instante, uno de los hombres que le miran le pega gratuitamente un tiro en la cabeza a la desgraciada criatura. Luego, con el pie, le empuja a la improvisada sepultura. El asesino se llama William Aranguren, alias «Desquite». Como él, hay centenares en todo el país haciendo cosas similares por pura crueldad. No les mueve sólo la avaricia y la soberbia. Escribe Talón que Colombia es la arteria rota de América. En palabras de Juan XXIII, «el escándalo de la Cristiandad».
Cambio de tercio, el periodista vuela ahora con el 605 comando aéreo, cuyo lema dice en español, «cualquier hora, cualquier lugar». Talón cambia de continente, pero no de escenario. En el Congo encuentra una unidad de voluntarios españoles, alguno aún vive aún hoy, con una pizca de hispanoamericanos y filipinos. En ese país se mueven entre los mercenarios algunos de los míticos, como el teniente coronel Bob Denard francés, el coronel Wauthier y el comandante español Martínez de Velasco.
De allí el autor pasa a Sudán donde los musulmanes del norte reprimieron a los cristianos del sur financiados por las petromonarquías del Golfo Pérsico, una manía que aún perdura.
En Hong Kong, el periodista descubre lo que bautiza como la pequeña CIA de los jesuitas españoles, que han hecho un agujero informativo en el Telón de Bambú y se informan e informan a su cúpula a través de él.
En Adén, ocupado por los británicos y en rebelión contra el ocupante, el periodista conoce la historia de Alfonso de Albuquerque, conquistador y navegante portugués que quiso secuestrar los restos de Mahoma para cambiarlos a los musulmanes por los Santos lugares de la cristiandad en Palestina.
También están presentes en estas memorias el conflicto árabe-israelí, una conflagración desconocida en el corazón de Europa, la del Alto Adigio, la guerra de Biafra, el encuentro con el coronel Gadafi de Libia, estancias en Vietnam, Camboya, el Ulster irlandés, con los kurdos, entre los chinos, los soviéticos, un repaso por el siglo XX, en siglo de las guerras a través de la experiencia directa y la pluma de Vicente Talón, periodista entonces y hoy también doctor en Historia.