Fundado en 1910
Reto lectura HONOR Magic V5

Un hombre lee en su teléfono móvil

Las redes alientan el peligro de la «lectura competitiva»: gente que acumula libros en lugar de disfrutarlos

Cada vez es más habitual que los lectores exhiban en Instagram o Goodreads el número de libros leídos, una práctica ligada a la búsqueda de aprobación social en el entorno digital

Leer ha sido visto históricamente como un acto de reflexión, aprendizaje y enriquecimiento cultural, pero la era tecnológica se ha convertido en un rival de esa ética al favorecer el consumo excesivo de libros por el simple reconocimiento social. Al mismo tiempo, la lectura en soporte digital se ha consolidado como una forma habitual de ocio.

En 2012, solo el 11,7 % de la población leía en formato digital al menos una vez al trimestre. En 2025, uno de cada tres lectores lo hacía a través de una pantalla, según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España. La cifra se elevó hasta el 33 %, tras un estancamiento prolongado de siete años.

La lectura en línea también puede fomentar una dinámica competitiva: las redes sociales y la gamificación de distintos ámbitos de la vida han impulsado plataformas en las que leer «más» se comparte en TikTok o Instagram. En esta última red, la comunidad conocida como BookTok ha convertido las recomendaciones, los rankings y los retos lectores en un fenómeno masivo que influye incluso en las listas de ventas.

Los expertos identifican la lectura en línea como un dinamizador de esa competitividad. Goodreads, lanzada en 2006, es hoy la red social de lectura más grande del mundo. Entre sus herramientas destaca el reading challenge, un reto anual que establece metas que fomentan la competitividad, aunque puede generar estrés en quienes no alcanzan los objetivos fijados. Plataformas como StoryGraph —principal rival de Goodreads— surgieron como respuesta consciente a esa tendencia, con un enfoque más centrado en la experiencia que en la acumulación.

Consejos para leer mejor

En una entrevista con The Guardian, Ayesha Chaudhry, codirectora de la cuenta de Instagram @between2books, describió la experiencia como alienante. «Solía fijarme metas enormes: 70 o 100 libros al año, anotados en mi agenda. Luego llegaba diciembre, me sentía culpable y me quedaba mirando todos esos espacios vacíos en la página», señaló.

Esa sensación la llevó a reducir drásticamente su ritmo: en 2025 leyó solo 10 libros, la menor cantidad desde su infancia. Para Chaudhry, los efectos fueron reveladores: sintió que había vivido uno de sus mejores años de lectura. “Se convirtieron en experiencias sociales en lugar de cosas para marcar", explicó.

La influencer identifica otros beneficios: la mayoría de los libros surgieron de conversaciones con conocidos o de recomendaciones de personas que irrumpieron en su vida, es decir, de conocer a gente nueva. Ese modelo le permitió escapar de los sistemas de puntuación para explorar nuevos géneros, recuperar títulos antiguos y dedicar más tiempo a pensar lo leído.

El slow reading surge como una forma de resistencia, con la intención de releer párrafos, saborear historias y comprender el sentido profundo de los textos. Clive Staples Lewis lo expresó con claridad: «Si un libro no vale la pena leerlo dos veces, no vale la pena leerlo ni una vez». Para la filósofa C. Thi Nguyen, autora de The Score, el problema reside en cuantificar una actividad que nace del placer y de la experiencia estética. «La cifra se convierte en una especie de moneda social, aunque no registre lo que realmente importa», afirma.

El dilema no reside en leer más libros, sino en la motivación que impulsa ese gesto. Si el tiempo lo permite y las páginas reposan en el pensamiento, la cantidad puede ampliar horizontes. Si el objetivo es el reconocimiento en redes y el rédito público, el riesgo de no disfrutar plenamente de la lectura es alto.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas