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Vercingétorix arroja sus armas a los pies de Julio CésarLionel Royer, 1899

Grecia, Roma y los bárbaros: enemigo a las puertas

En este volumen colectivo se presenta una serie de encuentros hostiles entre grecorromanos y sus némesis que han moldeado la historia de la humanidad y nuestra concepción de la civilización

¿Qué habría sido de griegos y romanos sin unos «otros» con los que confrontarse? ¿Hubiera habido alteridad, un «nosotros» y un «ellos»? Seguramente sí, hubiera habido un nosotros y un ellos con o sin «ellos», valga la expresión, aun dentro de las propias comunidades. La cohesión social nunca ha sido ni es total. Ni siquiera la soñada por los judíos para la época de los macabeos, cuando una helenizada comunidad se encontraba irreconciliablemente dividida entre los judíos «renegados […] que se unieron a los paganos y se entregaron a toda clase de maldades» (1 Mac 1, 11-15) y los seguidores de los hijos de Matatías, los judíos «amantes de la justicia y el derecho» (1 Mac 2, 29). Siempre se necesita un otro (o varios). Mucho antes de que aparecieran los persas en el horizonte, los griegos habían experimentado en el seno de las poleis devastadoras stáseis (conflictos civiles) que, en muchos casos, desembocaban en la salida de parte de la ciudadanía del seno de la comunidad y la fundación de apoikiai (colonias). Y qué decir de los romanos, cuyo mito fundacional es el enfrentamiento entre dos gemelos, y cuyos principales enemigos a lo largo del siglo I a.C. fueron, sin duda, ellos mismos. Para César, tanto galos como partos eran una solución ideal contra el derramamiento de sangre entre sus conciudadanos. Y precisamente esa cuestión, la de Grecia, Roma y los otros, con sus encuentros hostiles, es la que nuclea el libro al que dedicaremos las siguientes líneas.

Guillermo Escolar Editor (2025). 276 páginas

Enemigo a las puertas

David Hernández de la Fuente y Nuria Vallina Fernández-Montes (eds.)

Enemigo a las puertas. Encuentros hostiles en Grecia y Roma (Guillermo Escolar, 2025) parte de la premisa de que «Grecia y Roma protagonizaron una serie inacabable de encuentros de hostilidad con rivales arquetípicos. En ellos, la idea de la otredad se encarnaba a veces en las costumbres, otras en la lengua o la fisionomía, y acababan perfilando a uno y otro pueblo como una suerte de oposición a la idea de clasicismo grecorromano». El volumen, editado por David Hernández de la Fuente y Nuria Vallina Fernández-Montes, y nacido como consecuencia del XXXI Ciclo de Conferencias de la Delegación de Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC), que tuvo lugar entre octubre y diciembre de 2023, pretende arrojar una visión sintética y certera de dichos enfrentamientos, si bien el resultado final de las aportaciones es sumamente desigual.

Lo primero que hay que decir es que el lector encontrará el libro dividido en dos partes bien diferenciadas: la primera (pp. 11-98) dedicada al mundo prehelénico y helénico, y la segunda (pp. 99-272) dedicada al mundo romano y tardorromano. En la parte primera encontramos la primera aportación, a cargo de Jaime Alvar Ezquerra y Marcelo José Alesso, sobre los famosos pueblos del mar, con un detallado tratamiento de cada uno de estos pueblos que acercará al lector lego a una de las cuestiones más atractivas y enigmáticas de la Antigüedad. En la segunda aportación, Helena Domínguez del Triunfo se adentra en las relaciones entre la dinastía persa aqueménida y los escitas esteparios, y la importancia de esta en el devenir del Oriente Medio en la Antigüedad. En la tercera aportación, a cargo de Adolfo J. Domínguez Monedero hacen acto de aparición los griegos, esta vez para protagonizar su secular lucha contra los persas en sus dos reyes más famosos: Darío y Jerjes (s. V a.C.). En la cuarta y última aportación se la sección, Pablo Baena presenta una síntesis de los conflictos entre los reinos helenísticos, herederos del Imperio de Alejandro. La parte segunda –Roma– comienza con la aportación de Emilia Fernández de Mier, que hace una síntesis de los conflictos entre Roma y Cartago, sin profundizar demasiado en nada (ss. VI-II a.C.). Tras ella, la segunda aportación a cargo de Javier Negrete presenta un intento de pieza de batalla con el caso de Pidna (168 a.C.), donde las fuerzas macedonias del rey Perseo se enfrentaron a las consulares de Emilio Paulo, padre de Escipión Emiliano, de las que tanto se ha escrito, aunque sólo se queda en eso, en un intento que no fructifica. La tercera aportación de la parte romana, a cargo de Alberto Pérez Rubio, recupera la buena marcha del volumen con los enfrentamientos entre romanos y galos durante la primera mitad del siglo I a.C. La cuarta aportación, de la mano de Berta González Saavedra, se adentra en un tema fundamental para entender la política exterior romana como fueron sus relaciones con el Imperio parto (ss. II a.C. – II d.C.). La quinta aportación, debida a la pulcra narrativa de María Fernández Portaencasa, aborda un ejemplo paradigmático del enfrentamiento romano-bárbaro, como es el caso de la rebelión britana acaudillada por la reina Boudica contra las fuerzas romanas, su terrible final y el interesantísimo desarrollo de la figura de la reina rebelde a lo largo de los siglos. Finalmente, la sexta aportación del libro, de la mano de Juan Signes Codoñer, acerca al lector a un compendio de los más sonados asedios sufridos por la capital del Imperio romano de Oriente, Constantinopla, desde el siglo VII al XV.

Ya enumerado el contenido de los capítulos, y desvelada la identidad de sus autores, hay que señalar que, pese a la valía del resultado final, percibimos un marcado desequilibrio entre unos y otros capítulos, principalmente resaltado por: la profundidad (o falta de ella) en el tratamiento de los temas en cuestión (dentro de que la publicación tiene un carácter sintético) así como el manejo (o no) de fuentes y su inserción en el texto, y la actualización bibliográfica (o no). Las aportaciones dedicadas a los conflictos entre los reinos helenísticos, a la rivalidad romano-púnica y a la batalla de Pidna desentonan con el alto nivel del resto de aportaciones, en los que destacados especialistas hacen gala de un trabajo sólido y depurado. Amén de que dos de los tres casos (el de los reinos helenísticos y la batalla de Pidna) no se alinean muy bien con la tónica general del libro «nosotros y los otros», en palabras de Todorov, teniendo otras aportaciones como las de Domínguez Monedero, Pérez Rubio o Fernández Portaencasa que ejemplifican magníficamente el hilo narrativo del libro. Una serie de puntos a mejorar, como que la aportación sobre los conflictos entre los reinos helenísticos se despache el apartado bibliográfico con el comentario de cuatro referencias, o que el capítulo de los enfrentamientos entre Cartago y Roma contenga –además de «carteles» de información básica que distraen de la lectura– toda una batería de imágenes que se encuentran en Wikipedia (amén de un excesivo apoyo en la Eneida y no mencionar a J. F. Lazenby), o que, exceptuando las fuentes clásicas, el capítulo sobre la batalla de Pidna únicamente cite en el cuerpo del texto la obra de Soldiers and Ghosts de J. E. Lendon, teniendo entre las referencias finales algunas obras capitales como el The Western Way of War de V. D. Hanson o el Greece and Rome at War de P. Connolly hace que el resto de publicaciones refuljan aún más por su calidad y erudición.

Pese a las apreciaciones hechas, los capítulos de los especialistas hacen de este un libro valioso, y hay que reconocer que la publicación de obras dedicadas a estudios sobre la Antigüedad siempre es una buena noticia.