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Dos personas caminan entre las ruinas de la franja de Gaza

Dos personas caminan entre las ruinas de la franja de GazaAFP

‘Historias de Gaza’, crónica de un territorio donde la paz es el rato que discurre entre dos guerras

Con su maestría habitual, Mikel Ayestaran nos sumerge en la realidad de un territorio abocado desde hace décadas al sufrimiento y la destrucción

Pocos periodistas españoles conocen Oriente Próximo como Mikel Ayestaran. Este experimentado corresponsal de guerra decidió ya hace varias décadas especializarse en esta fascinante y compleja parte del mundo, y desde entonces nos ha regalado una serie de libros en los que, haciendo gala de una profunda humanidad y empatía, nos acerca a la realidad social y política de la región. Un ejemplo de ello es su magnífico ensayo Jerusalén, santa y cautiva, un compendio de sus vivencias en la ciudad en la que residió con su familia durante siete años.

Cubierta de 'Historias de Gaza'

Península (2025). 252 páginas

Historias de Gaza. La vida entre guerras

Mikel Ayestaran

Ahora, Ayestaran completa su abordaje de la realidad de la zona con Historias de Gaza, un territorio que el corresponsal conoce como la palma de su mano, tal y como demuestra en los diferentes relatos que componen el ensayo. Esta es quizá una de las aportaciones más notables de la obra, ya que, debido al bloqueo israelí, son muy pocos los periodistas que conocen de primera mano la Franja. En el caso de Ayestaran, tanto él como su mujer, enfermera de profesión, han trabajado durante numerosas temporadas en Gaza, y ese conocimiento se plasma a través de las páginas del relato, lo que permite al lector adentrarse de manera única en la realidad cotidiana de aquel lugar.

En la primera parte de la obra, el autor resume la historia del territorio. En estas páginas, Gaza se nos presenta como un enclave de especial importancia debido a ocupar un lugar estratégico que marca la unión de África con Asia y del Mediterráneo con Arabia. Ello ha condenado a este territorio a sufrir las invasiones de casi todos los grandes imperios de la historia, desde el egipcio al napoleónico, pasando por el macedonio de Alejandro y por los diferentes califatos que controlaron el territorio hasta el siglo XX.

Posteriormente, Ayestaran se centra en la descripción de la vida en Gaza en los últimos años, concretamente en el periodo transcurrido entre la guerra de 2014 y la actual ofensiva israelí que asola el territorio desde hace meses. En estas páginas, a través de los amigos y conocidos que nos va presentando, el autor pone rostro humano al desastre que padece la Franja, permitiendo al lector sumergirse de lleno en la lucha cotidiana por la supervivencia que se libra en el territorio.

Seguramente debido a esa implicación personal en Gaza, Ayestaran renuncia a dar una visión objetiva de la realidad de la Franja, una apuesta que el propio autor defiende en el prólogo, con el discutible argumento de que la objetividad implica equidistancia. Esta decisión del autor provoca que Historias de Gaza sea un libro centrado exclusivamente en la visión de los gazatíes, donde el papel de los israelíes se reduce al de representar una potencia ocupante y colonizadora.

La decisión de mostrar exclusivamente el punto de vista de los gazatíes lleva al autor a presentar una visión algo sesgada de los hechos que se han producido en los últimos meses. Quizá el mejor ejemplo de ello sean los atentados del 7 de octubre, que Ayestaran presenta simplificadoramente como un episodio más de la larga lista de rebeliones de los gazatíes contra sus sucesivas potencias ocupantes, en vez de como una atroz masacre que se llevó por delante la vida de 1.200 israelíes y que supuso el secuestro de otros 250.

Sin embargo, este hecho no resta valor al libro, que supone un testimonio de excepción para comprender mejor la realidad que se vive en Gaza. Mención especial en ese sentido merecen las valiosas entrevistas logradas por Ayestaran durante estos años, como la realizada en 2014 al número 2 de Hamás, en la que este reconocía sin tapujos que su formación nunca aceptará la solución de los dos Estados porque jamás reconocerán el derecho a existir de Israel en un territorio que consideran como propio.

Once años y casi setenta mil muertos después, la voluntad por parte de ambos bandos de encontrar una solución pacífica al conflicto es más débil que nunca, y el futuro de Gaza se antoja cada vez más sombrío. Confiemos en que, más pronto que tarde, cese la violencia en la Franja y se llegue a una solución que permita a los gazatíes vivir en paz y de manera digna en su tierra.

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