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Cubierta de 'El último secreto', de Dan Brown.Planeta

‘El último secreto’: ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Dan Brown?

Lo nuevo de Dan Brown, 'El último secreto' (Planeta), sin duda entusiasmará a los fans acérrimos de su literatura

Con El último secreto (Planeta) vuelve Dan Brown. Vuelven las sociedades secretas, las conspiraciones seculares, las frenéticas carreras a contrarreloj y los asesinos psicópatas obsesionados con antiguas leyendas y maldiciones.

El último secreto ofrece lo que ofrecieron todas las novelas de Dan Brown desde que decidió sacar a Robert Langdon, su alter ego, a pasear por los principales destinos turísticos de Europa a la búsqueda de secretos milenarios con insidiosas implicaciones en el mundo actual.

Lo nuevo de Dan Brown encantará a los amantes de sus novelas, mientras que sus detractores, lo detestarán. Aquí no hay medias tintas, porque Dan Brown busca ese maniqueísmo y basa en él, y en la polémica consecuente, gran parte de su éxito.

Con todo, es evidente que Dan Brown, pese a sus problemas de documentación y verisimilitud, domina el oficio de la escritura literaria.

Planeta (2025). 828 págINAS

El último secreto

Dan Brown

Inventa unas complicadas tramas, sabe dónde introducir los necesarios giros argumentales que enreden cada vez más la conspiración, pongan a sus protagonistas en situaciones límite irresolubles y empujen al lector a devorar las páginas de 100 en 100 hasta completar las más de 800 del volumen con una inevitable sensación de vacío.

Hay que reconocer que El último secreto, como las otras novelas de Dan Brown, es muy entretenida. Son fuegos artificiales que dejan al lector embobado preguntándose qué lucecitas saldrán del próximo cohete que explotará en medio de la noche.

Es divertida, pese a lo absurdo de la trama. El lector se lo cree lo que lee, se mete en la historia, empatiza con los personajes y digiere la verborrea pseudohistórica y pseudocientífica de Dan Brown como si estuviera escrita en piedra en lo alto de las pirámides de Guiza.

El último secreto, al igual que toda la obra de Dan Brown, es pura ficción, y no pretende ser otra cosa.

El problema son los lectores que se creen esas inventivas como si fueran historia real y no pura ficción demencial y que finalizan la encendida lectura de El código Da Vinci convencidos de que bajo la pirámide de cristal del Museo del Louvre se oculta la tumba de María Magdalena.

Una vez más aparece aquí, en El último secreto, ese Robert Langdon que aburrió soberanamente a Tom Hanks en la versión cinematográfica del Código da Vinci y de Ángeles y demonios.

Con El código da Vinci (controvertida novela donde se presenta a la Iglesia como una organización criminal y donde la documentación brilla por su ausencia) Dan Brown se convirtió en el escritor más exitoso a nivel mundial.

No fue su primera novela. Antes había probado la fórmula en otra historia muy similar, Ángeles y demonios.

Desde entonces, cada lanzamiento literario de Dan Brown es una réplica de esas dos novelas: repite fórmulas, estructuras, personajes, giros argumentales y resoluciones.

Aquí Dan Brown rebaja la carga contra la Iglesia de algunas de sus novelas precedentes. La Iglesia no es la mala, aunque no pierde ocasión de soltar puyitas por aquí y por allá contra el Vaticano y la doctrina católica. Pero no es el centro de la trama.

Una trama que se traslada, esta vez, a la capital checa, donde tiene lugar una peligrosa conspiración que tiene como eje vertebrador un ensayo sobre neurociencia donde se propone una nueva teoría sobre la conciencia y su naturaleza no local.

Sin embargo, como sucedía con Roma en Ángeles y demonios, con París en El código da Vinci o con Florencia en Inferno, la elección de Praga no es más que una excusa para convertir la novela en una suerte de guía de turismo que lleve al lector, libro en mano, a recorrer los escenarios de la capital checa donde transcurre la trama.

Sin duda, El último secreto, será uno de los pelotazos editoriales del curso. Pero si no se es un fan acérrimo de Dan Brown es mejor pasar las horas con otra opción. Con Thomas Pynchon, por ejemplo, que también saca novela.