Alejandro Duque Amusco
‘Un unico cuore’, Lo eterno es la medida de lo bello
La plenitud del sentir y la palabra: un viaje a la belleza que reconcilia vida y poesía
La publicación, en 2022, del poemario Un único corazón en la editorial Pre-Textos generó numerosas reseñas en las revistas culturales españolas: en aquel libro ofrecía una nueva y sugerente entrega un poeta del pensamiento, con tendencia minimalista sin caer en el silencio, creador de haikus y tankas antes de que la moda desde los años ochenta los banalizara. Entre los autores de aquellas críticas destacó, por su perspicaz acercamiento, Pino Menzio, encargado de esta edición bilingüe.
Edizioni dell’Orso (2025) XLVIII-152 páginas
Un unico cuore/Un único corazón
«Sur», «Servidumbre de amor», «Para una reina de corazón gitano», «Memento» y «Zona crítica» constituyen las partes de esta obra que se presenta a modo de sedimento de una trayectoria largamente sentida y meditada. La poesía de Duque Amusco en Un unico cuore adquiere resonancias diferentes merced a la diversa fonética, si bien la configuración rítmica y silábica italiana ha procurado acomodarse, con bastante éxito, a los aparentes versículos del original, que esconden generalmente su ritmo de endecasílabo en versos cortados según el tempo requerido por el recitado, y no por su medida.
«Sur» parece apuntar a la geografía sevillana de la infancia, rememorada y de nuevo latida, para presentar las huellas del vivir descargadas de lo anecdótico o en las que lo anecdótico se usa de símbolo y trampolín, no como fin en sí mismo: el poeta mira el pasado como «lluvia de luz y de cenizas» «Il tempo è una pioggia di luce e di cenere» (pp. 10-11), hermoseada la remembranza, cualquiera que fuese, por efecto de trascenderse; asiste al presente «despunte de pétalos» (p. 12) mirando al mañana y sabiendo su final (p. 22). Recupera el ambiente o el paisaje externo como expresión de la vida interna, como los románticos, como Juan Ramón Jiménez o como Antonio Machado. Sobre todo, proyecta la esperanza en su contemplación, como reconociendo que recordar en presencia de las realidades vividas es experimentarlas por partida doble.
«Servidumbre de amor» señala el tiempo prolongado desde la juventud, en que el erotismo irrumpe y se sobrepone a sus expresiones en falacias librescas, para acabar confesando el apoyo de estas para nombrarlo, con sus juegos retóricos, sus paradojas y sus oxímoron: «los cuerpos son los libros donde las almas leen», de John Donne, justifica «godere […] il calligramma aperto delle sue membra», aunque las pruebas del amor son iletradas, «Le probe dell’amore sono illetterate», y el yo poético inste a dejar los libros, por no saber leer, «Abbandona i libri. Io non so leggere» (pp. 30-33). Propercio sale al paso para no demorar el encuentro amoroso, Elena Martín Vivaldi para instar a convertirse en presencia, Catulo para superar el rechazo y el yo poético parece identificarse con Holofernes o le presta una actitud inusitada que da un giro a la historia bíblica. El escepticismo de la joven Cintia genera juegos conceptuales de la tradición áurea y la fusión de los auténticamente enamorados se enuncia con imágenes físicas que evocan a Salinas: «Il mio cuore ha il battito del tuo polso / e uno stesso sangue ci percorre dentro. / La gente, che errore!, crede che siamo lontani, separati / io vedo nell’invisibile e tu mi vai al fianco nell’invisibile» (p. 55). Las instancias de la pasión dejan rastros concomitantes con los gustos decadentes en ese alejandrino de fuerte aliteración, «Nunca estuve más cerca de Dios y del pecado», convertido en un verso con el ritmo habitual del endecasílabo, aunque sin regularidad «Mai sono stato così vicino a Dio e al peccato» (pp. 34-35).
No faltan reflexiones expresadas con sencillez léxica y fuerza rítmica, como en el poema «Fidelidad», que concluye con dos alejandrinos disimulados, un colorido vocálico cerrado y un potente endecasílabo sáfico en descubierto: «De todo sufrimiento, el menos redimible, es aquel que infligimos, acaso sin saberlo / a quien perdió por el amor su vida». En italiano, el ritmo de los dos primeros versos se disuelve y la contundencia se traslada a la aliteración en el último, convertido, además, en dodecasílabo.
«Para una reina de corazón gitano» recupera la métrica de las soleares y se hermana con las remembranzas sevillanas para manifestar lo caduco del sentimiento amoroso.
«Memento» trae la conclusión de que la vida es «la sombra de un sueño, y eso basta» (p. 70), pero la poesía «crea otra realidad más poderosa» «y el poeta es el minero de la tierra honda / donde la palabra duerme en sus vetas de oro» (p. 72). Lo implacable de la muerte, en el carrusel de la existencia que puede pararse en cualquier instante (pp. 84-85), se desliza entre los amigos ya difuntos, entre los vivos en la memoria, devora a la joven alumna Jania, avanza hacia el planeta tierra con la galaxia Andrómeda, pero, paradójicamente, es un «rifugio sicuro» (p. 89).
«Zona crítica» se resume en el verso «El arte es un amor callado» (p. 130) y sus conclusiones en «Il bello è la misura dell’eterno» y «L’eterno è la misura del bello» (pp. 132-133). Aborda Duque Amusco, en esta parte la lucha en el trabajo poético, la percepción artística de la interpretación musical, de una obra pictórica, de símbolos personales de otros poetas, de la historia conservada en la arquitectura, el momento inolvidable de estrechar por vez primera la mano de Vicente Aleixandre, la revisión precaria de los deseos y esfuerzos incumplidos o mal amortizados, el juicio de la vida, la mirada implacable de los otros.
Un objetivo del libro, marcado por el propio poeta, estriba en animar al lector a reconciliarse con la vida, con su belleza y su sufrimiento. Pero se halla también un ajuar de prendas con las que reflexionar, con las que cambiar el ángulo de la mirada, bajar el volumen de los dramas sin minimizarlos, aflojar los nudos del pensamiento y dejar a la mente explayarse.