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Cubierta de 'Esconderé mi rostro'

Cubierta de 'Esconderé mi rostro'Roca

'Esconderé mi rostro': cuando la crueldad y la tristeza te parte en dos

Guillermo Borao plantea la necesidad de profundizar en los conflictos internos y en la dualidad a través de su protagonista que se declara inocente y culpable a la vez de cuatro asesinatos

«Es la primera vez que alguien confiesa un crimen y, en la misma frase, jura por lo más sagrado su inocencia, y en ambas declaraciones, por raro que parezca, sé que dice la verdad». Así comienza Esconderé mi rostro (Roca Editorial), segunda novela, tras su debut con La sastrería de Scaramuzzelli, de Guillermo Borao.

Cubierta de 'Esconderé mi rostro'

Roca Editorial (2025). 272 páginas

Esconderé mi rostro

Guillermo Borao

Un día Borao leyó una cita de Thomas Wolfe, «no puedes escapar de lo autobiográfico cuando quieres escribir algo que tenga un valor real o duradero», que dio sentido a aquello que le rondaba por la cabeza y que hoy ya es realidad sobre el papel con Esconderé mi rostro. Precisamente, reconstruye la vida de Rytas Delmen desde que nace hasta que la vida y sus circunstancias le llevan a un acontecimiento terrible: «yo no puedo escribir otra cosa que no sea una reflexión o una crítica social, aunque lo enmascare de muchas formas», me confesaba el autor.

Rytas Delmen, el protagonista de la novela, está pendiente de una sentencia por el asesinato de sus cuatro compañeros de piso. El lector asistirá, pues, a dos miradas: una centrada en la preocupación de saber qué es real y qué no, si existe el destino y podemos franquearlo, y otra profundiza en lo circunstancial, en lo que nos ha tocado sufrir o disfrutar. Surge entonces la necesidad de profundizar en los conflictos internos, en la dualidad y la locura de cada personaje. Entendemos que Borao jamás habría sido escritor si no hubiese leído a Shakespeare, a Hermann Hesse o a Kafka… «Reconozco más influencias en mi obsesión por ciertos temas que en el propio estilo».

El escritor, por más que busca respuestas, tropieza con más preguntas. ¿Y el lector? ¿Perdonaría a alguien que ha perdido los estribos a consecuencia del sufrimiento que vivió desde que era un niño?: abusos psicológicos, bullying, abuso verbal… Todo deja una marca en la personalidad. Entre otras secuelas: no controlar la ira o los impulsos, inseguridad en las relaciones personales y temor a revivir la burla y el aislamiento. Una parte en su interior seguirá siendo vulnerable. Rytas no ha olvidado su dramática infancia: el abandono de su madre tras el parto, los maltratos físicos y psicológicos –desde una mala mirada al aislamiento, de la humillación a la saña para denigrarlo…–. Todos ellos alimentaron al monstruo. Cuántos seres, incluso sin ‘heridas’ psicológicas, llevados al extremo se fracturan en dos... ¿Qué tendría que haber sufrido Rytas para que aprueben lo que hizo?

El lector se enfrenta a una historia intensa. Bien estructurada, pese a la alternancia de voces narrativas. Afortunadamente, esas alternancias no distraen de la lectura y harán sentir al lector que es uno más en la investigación –al comienzo interpela directamente al lector para seguidamente llevar la narración en primera persona, hasta llegar al final, en tercera, de la mano del amigo de Rytas, que nos narra los secretos de su confesión y las razones a su sinrazón–. Una trama compleja en la que se entrecruzan datos biográficos, flashbacks, viajes, sangre, sudor y lágrimas, acción y la fatal sorpresa estrechamente relacionada en torno a los asesinatos. Entre sus ingredientes: violencia, amistad, amor, crueldad, atracción, sexo... En cuanto a los personajes: bien construidos gracias a los detalles y referencias que los van definiendo. Han presentado la novela como thriller, ¿y si añadimos noir psicológico? Será el lector el que irá descubriendo qué pasó y, finalmente, quien juzgue o emita su propio veredicto. Finalmente, el desenlace llegará más que atormentado. Por cierto, muchos se reconocerán en un Madrid como escenario. Y también como ciudad salvífica para Rytas. Ese lugar donde el viento se calma al llegar con la esperanza de lograr una sonrisa de aquel que quisiera conocerle de verdad. Atentos a un final que se precipita en cascada y donde el lector comenzará a sacar sus conclusiones

En definitiva, Esconderé mi rostro es un grito a favor de la reflexión. La educación. A valorar a los demás. A respetar. Un grito a descubrir mundos imposibles y a dejarse la piel en el intento. Y mucha critica a la falta de civismo que nos rodea. A la crueldad inexplicable de aquellos que hacen la vida imposible a los demás. En Corazón tan blanco, Marías dice que «la propia vida no depende de los propios hechos, de lo que uno hace, sino de lo que de uno se sabe, de lo que se sabe que ha hecho».

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