Grabado de Johannes Althusius de Jean-Jacques Boissard
Repensar la soberanía: ¿Soberanismos?
Entre teología política y democracia: pensar la soberanía más allá del Estado
Es posible que la idea de soberanía sea hoy no solo uno de los conceptos políticos más complejos a los que un pensador pueda enfrentarse, sino también el problema medular de la filosofía política postmoderna. Soberanía nacional, popular, monárquica, social, externa…: todas remiten a la cuestión de la fundamentación, el origen y los límites del poder político y a su correlato con el crecimiento del Estado. La idea de soberanía constituye el paradigma de un concepto político-jurídico con profundos estratos teológicos e inserto en la historia con toda su problematicidad. Esta perspectiva llevó a don Nicolás Ramiro Rico a considerar que la cuestión de la soberanía era más un asunto de teología política que de teoría política. Y muestra, con claridad meridiana, que los conceptos políticos son, en realidad, conceptos teológicos secularizados, como afirmaba el pensador alemán Carl Schmitt. El profesor Domingo González asume toda esta complejidad y problematicidad, y nos propone una obra rigurosa e indispensable para pensar y abordar la cuestión de la soberanía.

Ceu Ediciones (2025). 152 páginas
Soberanismos
En conjunto, las obras recientes sobre soberanía muestran un desplazamiento hacia enfoques críticos con la concepción clásica-estatal, fruto de la confluencia de Bodino con el autor del Leviathan. Es el caso, también, de esta obra, en la medida en que denuncia la atomización del individuo, que deja de ser ciudadano para convertirse en una mera pieza del engranaje estatal. Un giro más radical puede encontrarse en la obra de Alan Cranston, The Sovereignty Revolution, en la que defiende una transformación de la soberanía hacia formas de poder globalistas. Frente a ello, la obra del profesor Domingo González apuesta por otra concepción de soberanía: una soberanía entendida como expresión de independencia y participación política, que no sea un atributo exclusivo del Estado ni de ninguna instancia supraestatal, sino una propiedad de la relación entre mando y obediencia, dividida y dispersa en el cuerpo social, enfatizando la pluralidad (soberanismos) de asociaciones y corporaciones locales inspirada en la teoría política de Johannes Althusius.
¿Son trasladables las ideas de Althusius al siglo XXI? Con límites, es posible que sí; en su integridad, con toda seguridad no, pues se trata de un autor rodeado de un halo religioso, con citas constantes y numerosas de la Biblia, defensor de un Estado confesional y, al igual que Bodino, con un pensamiento enmarcado en un derecho natural superior, muy alejado de la realidad secularizada y positivista actual. Al reivindicar a Althusius, el profesor Domingo González reivindica indirectamente a toda la neoescolástica tardía española. Las ideas de Domingo de Soto, Suárez, Vitoria, Diego de Covarrubias o Vázquez de Menchaca son anteriores a las obras de Bodino y de Althusius. El profesor Sánchez Agesta estudió a estos teóricos españoles defendiendo su preeminencia y considerando que «los más originales pensadores políticos del siglo inmediato, como Grocio o Althusius, creyeron un deber citarlos y tenerlos en cuenta; y, sobre todo, este último, en muchos aspectos, se limita a desenvolver y glosar su pensamiento».
El libro recorre los orígenes sacro-religiosos de la soberanía antigua, vinculados a ritos de violencia, sacrificio y cohesión social, interpretando el surgimiento de lo político a partir de la conflictividad humana y de la necesidad de orden. A través de autores como René Girard o Vernant, se explica cómo la soberanía antigua nace de un poder ritual, ligado al mando y la obediencia, que más tarde será racionalizado y secularizado gracias a la filosofía griega y al influjo del cristianismo. La obra muestra después el tránsito hacia la soberanía moderna, especialmente desde Bodino hasta Hobbes, subrayando cómo la secularización (cuestión que el autor enuncia, pero no desarrolla) y el contrato social construyen una soberanía estatal centralizada, indivisible y teóricamente neutra. En suma, absoluta. El autor insiste en que esta forma moderna no cancela sus raíces arcaicas, sino que las transforma en una estructura jurídica y política que aún preserva elementos simbólicos y antropológicos de lo sagrado. «La historia de la soberanía no puede desentenderse –afirma el autor– de los orígenes sangrientos de la humanidad».
La obra constituye verdaderamente una invitación a pensar y a plantearse grandes interrogantes. ¿Podemos hablar, verdaderamente, de soberanismos en plural? ¿Por qué no hablar simplemente de poder político (potestas) y reservar el concepto de soberanía para aquel surgido en la modernidad, con el nacimiento del orden estatal, la desaparición de la hegemonía imperial y la liquidación de la auctoritas de la Iglesia? Es un libro valioso para quien quiera comprender la crisis contemporánea de la democracia, la desafección política, la legitimidad del poder político o las tensiones entre globalización, identidades políticas, populismos y nuevas formas de poder.