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Cubierta de 'El rey Juan Carlos I'Galaxia Gutenberg

Grandeza y miseria del gran embajador de España

Un libro indispensable para calibrar la brillante aportación de Juan Carlos I a la normalización y prestigio exterior de nuestro país

Durante mucho tiempo la Transición española fue un espejo en el que podían mirarse aquellos países en el trance de abandonar dictaduras. Samuel P. Huntington colocó al nuestro al frente de la tercera ola de democratización por forjar un modelo inédito en el que primaba la transformación frente al reemplazo, sin vindicaciones del pasado y con muy limitadas dosis de violencia. El cambio historiográfico que, con el nuevo siglo y la influencia nefasta de la llamada «memoria histórica», replanteó la interpretación académica de aquella etapa (tesis lampedusiana, nostalgia por la ruptura y reivindicación de la Historia «desde abajo»), siguió insistiendo en la naturaleza doméstica del proceso. Aparentemente, el resto del mundo se había fijado en España, entre la desconfianza inicial y la sorpresa posterior, pero siempre más como espectador. Tampoco se abordaba de forma sistemática la búsqueda de apoyos internacionales por parte de los protagonistas españoles para la construcción y fortalecimiento de nuestro sistema de libertades.

Galaxia Gutenberg (2026). 638 páginas

El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España

Charles Powell

Este libro vuelve a instalar a su autor en la atalaya referencial del estudio de nuestra Transición y consolidación democráticas. Desde que leyera su tesis doctoral en la Universidad de Oxford y poco después definiese a D. Juan Carlos como «el piloto del cambio», el profesor Powell estaba abocado a culminar esta monografía. La meta se presentaba bien clara: si la singularidad del proceso constituyente español radicaba en un pacto entre élites (post-franquistas y de la oposición democrática) basado en la transacción y el consenso, lo lógico resultaba atender la figura de quien inició el proceso «desde arriba» y desencadenó los cambios en cascada. Efectivamente, el en principio «sucesor a título de Rey» de Franco fue el hombre que, cambiando la correlación de fuerzas de la dictadura que heredaba, introdujo en España la Monarquía Parlamentaria sin quiebras, al menos formales, de la legalidad ni especial alteración de la estabilidad de la sociedad española. No es solo que D. Juan Carlos ocupara una posición estratégica a efectos internos, como militar al que el generalato transfería la lealtad prestada al dictador y como jefe del Estado que marcaba el terreno de juego para la clase política. También, en tanto que personaje de estirpe regia, disfrutaba de una red de contactos y amistades entre las casas reales de sobresaliente oportunidad. En ello radica la originalidad de la obra: no plantea una biografía al uso de D. Juan Carlos, ya abordada por Powell en el pasado, sino un análisis de su desempeño en la forja de una «marca país» y de su papel como «embajador» de excepción.

Consciente del cambio de paradigma interpretativo sobre la Transición, Powell se previene desde el principio contra las posibles acusaciones de inclinación cortesana o excesiva afinidad electiva hacia el personaje. Lo cierto es que, sin deslizarse por el regodeo morboso, no evita referir los comportamientos menos edificantes de D. Juan Carlos, siempre y cuando hayan tenido influencia en su dimensión pública y su rol como más alto funcionario de la democracia española. De ahí que las desavenencias conyugales con Doña Sofía se atengan a explicar los cortocircuitos institucionales causados por el monarca o que las acusaciones de enriquecimiento económico, con medido escepticismo en cuanto a la precisión de las cifras que se han manejado, se relacionen más bien con el descrédito causado ante la opinión pública. Cuestión distinta parecen las indiscreciones del hoy Rey Emérito ante otras cancillerías y concretos personajes extranjeros. El autor las contextualiza bien, pero quizá sigan indisponiendo incluso a los más fervientes defensores de la Monarquía Parlamentaria. En este caso los militares no parecen tanto el freno involucionista con que el monarca pretextaba ante sus interlocutores foráneos la españolidad de las plazas de Ceuta y Melilla (o su escaso interés por Gibraltar), cuanto el estricto garante constitucional de la integridad del territorio soberano. Quizá pueda llamar algo la atención el tratamiento casi sumario de la Marcha Verde en el libro.

Al rigor y ponderación habituales en el historiador, así como a su experto conocimiento de las relaciones internacionales, une ahora Powell la decisiva consulta a los documentos diplomáticos, en especial de las cancillerías anglosajonas, y el privilegiado acceso a testimonios personales, facilitado sin duda por su participación en uno de los think tanks de mayor prestigio. Así, la obra descansa también en declaraciones de los distintos ministros de Asuntos Exteriores, presidentes del Gobierno (indiscretas quizá en Rodríguez Zapatero) y del propio rey Juan Carlos I, al que el autor ha visitado en su exilio de Abu Dabi en dos ocasiones.

Precedidos de dos epígrafes dedicados a los años formativos del Borbón y su acelerado aprendizaje como Príncipe de España, los capítulos arrancan en realidad con el primer Gobierno de la Monarquía y, desde ahí, vienen a coincidir con las distintas Presidencias. Powell, acreditado conocedor de nuestra historia reciente, esclarece con detalle las tentaciones «terceristas» de Suárez (curiosamente celoso de sus prerrogativas constitucionales frente a un monarca que en ocasiones se extralimitaba) o el relevante «interregno» del monárquico Calvo Sotelo (bien estudiado también por los historiadores Pelaz y Pérez), en los que se resolvieron los objetivos fundamentales diseñados para la política exterior, salvo el relativo al ingreso en el Mercado Común.

La dilatada ejecutoria del socialista Felipe González (1982-1996) supone, según Powell, el punto álgido del prestigio internacional de la España democrática con un tándem bien compenetrado al frente. Dicha sintonía no se mantuvo con Aznar, decidido a un giro estratégico en el papel exterior de España y más preocupado de poner coto a la hasta entonces consentida independencia del monarca. Sorprende finalmente el entendimiento regio con el controvertido Rodriguez Zapatero, en un contexto de crisis con los Estados Unidos que D. Juan Carlos se aplicó a restañar, y no tanto una etapa Rajoy determinada por el deterioro irreversible de su imagen y la abdicación final.

Powell atribuye, en suma, a su biografiado una «excepcional aportación personal –y la de la monarquía como institución- a la proyección y el prestigio internacional de España tras muchas décadas, si no siglos, de aislamiento e irrelevancia». La suya, su aportación al conocimiento histórico, no resulta menor.