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Cubierta de 'Los últimos de la lista'Tusquets

‘Los últimos de la lista’ : supervivencia y resistencia frente al exterminio nazi

El infierno de Buchenwald 1944: historia de una evasión legendaria

Grégory Cingal es bibliotecario, archivero y traductor, un apasionado de la investigación histórica y literaria cuya trayectoria se ha centrado en el estudio de escritores comprometidos del siglo XX. Antes de publicar su primera novela histórica, exploró la memoria colectiva y su propia vida a través de dos relatos autobiográficos, Ma nuit entre tes cils (2016) y Le revers de mes rêves (2017), así como varios ensayos críticos sobre autores que abordaron la resistencia, la guerra y la conciencia moral. Su escritura combina rigor documental y sensibilidad literaria, transportando al lector al pasado con autenticidad y emoción.

Traducción de Patricia Orts
Tusquets (2025). 304 páginas

Los últimos de la lista

Grégory Cingal

Su primera novela histórica, Los últimos de la lista (Les derniers sur la liste, 2024) sitúa al lector en el verano de 1944, en el campo de concentración de Buchenwald, durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. La obra narra la fuga de tres oficiales de inteligencia aliados: Forest Yeo-Thomas, Harry Peulevé y Stéphane Hessel. Frente a la ejecución inminente, los protagonistas logran organizar su escape gracias a la complicidad de prisioneros y, de manera sorprendente, de ciertos miembros del personal nazi dispuestos a cooperar bajo condiciones muy particulares.

Lo que distingue a Cingal es su capacidad de conjugar documentación histórica con la tensión narrativa de un thriller. Cada capítulo, compuesto por fragmentos breves, alterna perspectivas que permiten seguir la planificación de la fuga y la vida cotidiana del campo. La estructura refleja la complejidad logística de la evasión, las intrigas políticas, las redes clandestinas de solidaridad y las jerarquías internas de los prisioneros.

La descripción de los Bloques 46 y 50, donde se realizaban experimentos médicos con cobayas humanas, es escalofriante. Cingal detalla los planes del médico Ding-Schuler para desarrollar una vacuna contra el tifus, y cómo estas atrocidades se convierten irónicamente en una vía de escape. La novela no es complaciente: los personajes muestran coraje, astucia, miedo y dilemas morales. La tensión ética alcanza su punto máximo cuando Yeo debe decidir a quién salvar, consciente de que cada vida preservada podría costar la de otros.

El autor amplía el relato con figuras históricas que compartieron el infierno de Buchenwald: la espía Violette Szabo, Jorge Semprún, el poeta Armel Guerne, Stefan Jerzy Zweig, el futuro Nobel Imre Kertész y la siniestra Ilse Koch. Estos encuentros refuerzan la veracidad y dramatismo del relato, subrayando la complejidad de la vida en los campos de concentración, donde el peligro era constante y la solidaridad, escasa pero decisiva.

Cingal también muestra la organización interna de Buchenwald: los comunistas alemanes gestionaban espacios de resistencia, establecían alianzas estratégicas y actuaban con inteligencia para salvar vidas. Los prisioneros estaban categorizados por triángulos de colores –rojos para políticos, verdes para delincuentes comunes, rosas para homosexuales– y debían navegar un delicado equilibrio de poder, lealtad y supervivencia.

A pesar de la intensidad de los hechos, la narrativa incluye momentos de ironía y humor negro que alivian la tensión sin restar dramatismo. La novela alterna el horror absoluto con destellos de humanidad: gestos solidarios, ingenio inesperado o conversaciones que revelan la resistencia espiritual de los prisioneros.

El estilo sobrio de Cingal potencia el impacto de los acontecimientos. La lectura es absorbente y emocionalmente intensa; el lector no solo observa, sino que vive la historia. La parte final, que narra la reintegración de los fugitivos a la vida civil, conmueve profundamente: Peulevé muere solo y desgastado, Yeo lucha por recuperar su vida afectiva y profesional, mientras Hessel se reconstruye y mantiene su pasión por la vida y la literatura, símbolo de resiliencia y esperanza.

Los últimos de la lista no es solo una novela histórica: es un homenaje a la valentía, la solidaridad y la humanidad en los momentos más oscuros. Cingal logra equilibrar rigor documental, tensión narrativa y profundidad emocional, ofreciendo una obra que instruye, conmueve y hace reflexionar sobre la fragilidad y fortaleza humanas. La fuga de Buchenwald, narrada con detalle, veracidad y sensibilidad, se convierte en una epopeya de supervivencia y coraje, donde cada personaje deja una huella imborrable en la memoria del lector.

Con esta primera novela, Grégory Cingal se afirma como un autor capaz de unir investigación histórica y narrativa literaria, logrando que el pasado hable con fuerza en el presente. Los últimos de la lista es imprescindible para quienes buscan comprender el horror de los campos de concentración y la capacidad humana de resistir y superar la adversidad.