Caída del Muro de Berlín en 1989
'La linterna mágica', de Timothy Garton Ash. Cuando la Revolución se escribe a pie de calle
Un ensayo memorialístico que narra la búsqueda de la libertad de los países comunistas de la Europa del este, narrado desde dentro
Los grandes movimientos político-sociales siempre tienen quien los escriba: escritores, periodistas, historiadores, ciudadanos de a pie… Todos ellos, con sus luces y sus sombras, aportan su granito de arena para iluminarnos sobre las circunstancias que provocaron la explosión y el posterior desarrollo de estos hechos. En este aspecto, suelo conceder un plus de excelencia —sin desmerecer al resto, por supuesto— a quienes narraron los grandes acontecimientos desde dentro, desde las trincheras, si se me permite la expresión.

traducción de Álvaro Marcos. Taurus (2025). 240 páginas
La linterna mágica
Hablo de personas que divulgaron sucesos de orden mundial en pleno fragor de la batalla. Periodistas como Ryszard Kapuściński, que nos ilustraron sobre las continuas convulsiones del continente africano, u Oriana Fallaci, que entrevistó a grandes personalidades para aportar contexto sobre la guerra de Vietnam o la Revolución iraní; o Anna Politkóvskaya, periodista rusa que fue asesinada en 2006, en Moscú, por denunciar abusos de derechos humanos, torturas y corrupción del Kremlin en la guerra de Chechenia; o escritores como George Orwell, quien, tras combatir en la guerra civil española, nos dejó para la posterioridad Homenaje a Cataluña; o Ernest Hemingway, que fue corresponsal en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial, y cuyas vivencias reflejará en crónicas periodísticas y en varias novelas. Y no haciendo uso de la palabra, sino de la imagen, el fotoperiodista James Natchtwey, herido por una granada en Bagdad mientras acompañaba a una patrulla del ejército estadounidense, se erige como un ejemplo inapelable de por qué contar lo que uno ve in situ debería ser tenido en cuenta como un valor extra.
Todos los citados, y muchos que se han quedado fuera del listado, comparten una misma cualidad: el ferviente deseo de mirar de frente estos acontecimientos que cambiaron el mundo, pese a que sería más prudente y cómodo hacerlo desde un despacho enmoquetado, entre sorbo y sorbo al humeante café.
Ese tono de cercanía hace de estas crónicas documentos irremplazables, pues sus autores nos explican no solo lo que ocurrió, sino cómo lo vivieron ellos, física y emocionalmente.
Aquí encaja a la perfección La linterna mágica. Las revoluciones del 89 en Varsovia, Budapest, Berlín y Praga, ensayo memorialístico del historiador y periodista británico Timothy Garton Ash, uno de los grandes divulgadores de la historia de Europa durante las últimas décadas. Y por la luz que arroja sobre este tema, me voy a permitir reproducir un fragmento del libro (pp. 25 y 26) que pone el dedo en la llaga, con encomiable honestidad.
«No describo los acontecimientos de Bulgaria y Rumanía porque no estuve allí. Sí estuve presente, en momentos importantes, en los demás países, pero incluso en estos casos [se refiere a Bulgaria y Rumanía] el relato lo he elaborado desde el interior de los movimientos de oposición y desde la perspectiva de la llamada «gente corriente». Bebe de la experiencia en las calles y sobre todo, como indica el subtítulo del libro, en las calles de las capitales. El capítulo sobre Praga es con mucho el más extenso porque mi posición como testigo en ese caso era única. La desventaja del testigo participante frente al historiador es la parcialidad en lo que respecta al espacio, el tiempo y el juicio; el testigo solo puede estar en un lugar en un momento dado y tiende a conceder una importancia excesiva a lo que vio u oyó personalmente. El historiador puede recopilar todos los relatos de los diferentes testigos y, por lo general, no se deja influir por esa experiencia de primera mano. El historiador suele tener asimismo más información sobre lo que ocurrió después, por la sencilla razón de que escribe desde una época posterior. Por último, existe también parcialidad en el juicio».
Las páginas de La linterna mágica transmiten esa mezcla de vértigo y esperanza que se había adueñado de la Europa del este en 1989. El rigor académico y su presencia en las calles hacen de Garton Ash un documentalista excepcional, un testigo de la Historia de la caída del régimen comunista en Varsovia (con la subida de Solidaridad, sindicato más tarde constituido en partido político), Budapest (donde se narra el entierro simbólico del presidente de Hungría Imre Nagya ¡treinta y un año después de su fallecimiento!), un Berlín que observa entre sorprendido y esperanzado el derrumbe del Muro, o la ciudad de Praga, de donde toma del teatro «La linterna mágica» el título para su libro.
El autor acuñó el neologismo «refolución» (mezcla de «reforma» y «revolución») para describir lo que vieron sus ojos, valga el pleonasmo, cuando gran parte de Europa trataba de sacudirse el fantasma pegajoso del comunismo al que habían estado sometidos durante cuatro décadas.
No es este un ensayo de lectura ligera, pero no tengo la menor duda de que puede ser de gran provecho para lectores cultos interesados en nuestro pasado más reciente, personas curiosas que agradecerán la visión humanista y el análisis geopolítico que destilan sus páginas. Todo ello se ve oportunamente edulcorado con algunas anécdotas de Garton Ash con ilustres personajes, como el primer presidente de la Polonia democrática Lech Wałęsa, el primer ministro no comunista de Polonia Tadeusz Mazowiecki o el presidente de la República Checa Václav Havel, pero también con ciudadanos de a pie (estudiantes, obreros y actores anónimos) que, al igual que él, miraron desde muy cerca a los ojos de la refolución. Unos ojos cansados, pero llenos de esperanza.