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Cubierta de 'El mundo helenístico'

Cubierta de 'El mundo helenístico'Gredos

El mundo helenístico de Walbank, un libro esperado

Se edita la obra emblemática sobre el período helenístico (323-146 a.C.) de uno de sus mayores especialistas, Frank W. Walbank, y la traducción deja mucho que desear

El mes recién concluido ha visto una auténtica explosión de publicaciones en el campo del ensayo histórico. Y lo cierto es que esto juega en favor de los críticos de libros, pues lo que no reseña uno, lo reseña otro, y así el público no especializado puede contar con una muestra completa de opiniones de las que fiarse (o no) antes de invertir unos euros y un muy preciado espacio en su librería. Muchos de estos ensayos abordan temas contingentes que pasarán sin mayor resonancia. Otros, sin embargo, no. El presente ensayo es de los que no son contingentes, de los que están llamados a permanecer en el acerbo cultural e histórico general. Lástima que la traducción presentada haya echado por tierra la apuesta. Un caballo potente cuyo desatinado jockey tira de las riendas antes de dejar el cajón de salida.

Cubierta de 'El mundo helenístico'

Gredos (2026). 304 páginas

El mundo helenístico

Frank W. Walbank

El mundo helenístico, de Frank William Walbank (1909-2008), es uno de esos libros de referencia, bien conocido por cualquier especialista en el período posterior a Alejandro Magno, como es también el caso de El mundo helenístico de Claire Préaux (1904-1979), es decir, obras en las gigantes de la investigación sobre el tema concentraron sus saberes de décadas en obras destinadas a un público general culto. Trabajos como los de Préaux y Walbank inspiraron trabajos posteriores, también importantes, como el de Graham Shipley, El mundo griego después de Alejandro, 323-30 a.C., en cuyo prefacio el autor reconocía la deuda contraída con Préaux y Walbank. Otros muchos han adquirido también esa deuda, lo hayan reconocido en sus trabajos o no. Por ello, la simple visión de la reedición de la obra de Walbank alegró a muchos. Pero atención: no todo es miel sobre hojuelas.

El libro de Walbank, The Hellenistic World, concentra en menos de 300 páginas –proeza donde las haya– todo lo que cualquiera debe conocer desde el ascenso al trono de Macedonia de Alejandro Magno, en el 336 a.C., hasta la destrucción y saqueo de las ciudades de Cartago y Corinto por los romanos, el 146 a.C., así como, en palabras del griego Pausanias, el momento en el que «se impuso tributo a Grecia» por el Senado y el Pueblo de Roma. Trece capítulos que ofrecen una visión completísima del período, pero que en sus 34 años de vida carece de los últimos avances historiográficos y, especialmente, descubrimientos arqueológicos. El primer capítulo lo dedicó Walbank a las fuentes, prestando atención a las literarias y arqueológicas. El segundo a la impronta dejada por Alejandro y sus hombres en todo Oriente y el concepto de «helenístico». En el tercero le llega el turno a una cuestión liosa pero importante: la formación de los reinos post-alejandrinos, de manos de los generales de Alejandro, los llamados διάδοχοι (diádocos), o «sucesores», y posteriormente los Ἐπίγονοι (epígonos), o los «nacidos después», sucesores a su vez de los sucesores.

En el cuarto capítulo, Walbank vio muy acertadamente el momento adecuado para abordar la debatida cuestión de la homogeneidad de la cultura helenística, creada por los griegos en los territorios de Asia y Egipto. Para Walbank «cuando hablamos de la unidad y de la homogeneidad de la cultura helenística, en rigor estamos hablando de esa clase greco-macedonia, una minoría en cada uno de los Estados, constituida por hombres provenientes de distintos lugares del mundo griego» (p. 67), unido especialmente a través el griego koiné y el gimnasio. Del capítulo quinto al séptimo se exponen los principales vástagos helenísticos: Macedonia-Grecia, Egipto ptolemaico y el Oriente seléucida, haciéndose énfasis, precisamente, en las diferencias entre las élites greco-macedonias y los distintos pueblos de Asia y Egipto. Del capítulo octavo al duodécimo Walbank presenta importantes aspectos de la vida del mundo helenístico, como las relaciones interestatales (cap. 8), la sociedad y la economía (cap. 9), la filosofía, ciencia y tecnología (cap. 10), las fronteras geográficas del mundo helenística (cap. 11) y, por supuesto, el ámbito religioso y sus principales cambios (cap. 12). En el último capítulo, el decimotercero, llega la coda: «nos volvemos hacia Roma, la destructora y al mismo tiempo la heredera de esta época feraz de la civilización griega: a través de Roma gran parte de ese legado se ha transmitido a la Europa occidental y a sus vástagos y, de una forma no menos potente e incluso más directa, el mundo bizantino y ortodoxo de la Europa oriental».

Dicho lo cual, hemos de recomendar su lectura en el original inglés, pues la labor de traducción es deficiente, y tiene como consecuencia la interrupción constante de la lectura, como en todas las ocasiones en que se comienzan párrafos con «En esta oportunidad…» en lugar de «En esta ocasión…» o aquellas en las que se utiliza el conector «por desdicha…» en lugar de la más propia «por desgracia…». Pero estas imprecisiones a la hora de trasladar expresiones al castellano palidecen en comparación con el imperdonable «bastardo subnormal» de la p. 49, en referencia al hijo natural de Filipo II, Filipo Arrideo, a quien el autor describe más adecuadamente como «feeble-minded bastard», o la extraña «avenida repentina de títulos reales» para la expresión original «sudden spate of royal titles». En fin, es necesario que las editoriales apuesten por buenos traductores y correctores, no sólo por títulos y autores, especialmente si se trata de la editorial Gredos, que siempre fue una referencia en ese campo. Walbank es una magnífica apuesta, pero sin una buena traducción y corrección seguiremos recurriendo al original inglés.

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