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Cubierta de 'Los ojos de Gaza'

Cubierta de 'Los ojos de Gaza'Debate

'Los ojos de Gaza', un íntimo y conmovedor relato de los horrores de la guerra

La joven periodista Plestia Alaqad describe en su diario cómo se vivió desde dentro la destrucción de Gaza

En apenas unos meses, Plestia Alaqad, una joven gazatí de 22 años, pasó de ser una recién graduada en Periodismo absolutamente anónima a convertirse en uno de los rostros más reconocibles de Gaza. El motivo: la grabación y posterior viralización de una serie de vídeos en los que la joven reportera fue plasmando la paulatina destrucción de Gaza durante los bombardeos israelíes.

Cubierta de 'Los ojos de Gaza'

Debate (2025). 192 páginas

Los ojos de Gaza

Plestia Alaqad

Ahora, Alaqad acaba de publicar Los ojos de Gaza, un diario en el que muestra cómo vivió esa situación, desde los inicios hasta noviembre de 2024, cuando pudo salir de Gaza junto a su familia, si bien el relato se prolonga hasta el alto el fuego de enero de 2025, cuando la autora ya vivía en Australia, donde sigue residiendo.

A través de un relato bellamente escrito, en el que se intercalan poemas de una conmovedora dureza, la joven periodista traslada al lector al epicentro de Gaza durante el momento álgido de los bombardeos, y le hace ponerse en la piel de los hombres y mujeres que lucharon (y, en gran medida, siguen luchando) por mantenerse a salvo y por rehacer sus vidas tras ser expulsados de sus hogares y tras ser privados, literalmente, de toda su vida anterior.

Desde esa perspectiva, haciendo gala de una sobrecogedora empatía, Alaqad nos muestra «la desesperación de un padre que no encuentra alimento ni agua para su familia, la sensación de culpa de una madre cuyos brazos ya no sirven de refugio a sus hijos, la resignación de un niño que conoce lo que es morir de hambre, la inocencia de un bebé que encuentra la muerte antes que la vida».

Una de las conclusiones que se pueden extraer del relato de Alaqad es la increíble resiliencia de los habitantes de Gaza. Acostumbrados a sufrir restricciones y privaciones constantes, podría llegar a parecer que los gazatíes han incorporado la escasez e incluso la violencia recibida con una estremecedora naturalidad. Sin embargo, como señala la autora, hay un nivel de sufrimiento al que ninguna persona puede llegar a acostumbrarse, pues «la mente humana no está hecha para entender, y mucho menos asumir, la idea de que un minuto estés viva y al siguiente puedes estar herida, quemada o muerta. A eso es imposible acostumbrarse».

Ciertamente, habrá lectores que echen en falta alguna referencia al sufrimiento de los israelíes como consecuencia de los terribles ataques del 7 de octubre, que fueron los que en última instancia provocaron la violenta reacción de Israel. En efecto, en el relato de Alaqad no se menciona el dolor padecido desde el lado israelí, así como tampoco encontramos crítica alguna a los actos de Hamás, e incluso la autora se muestra partidaria de que Palestina ocupe «desde el río hasta el mar», algo que solo podría producirse mediante la destrucción de Israel. Sin embargo, debe entenderse que Alaqad no escribe un ensayo con voluntad de ser objetivo, sino un diario en el que muestra cómo vivió en primera persona la destrucción de Gaza. Por ello, lo que la autora plasma es su punto de vista, un punto de vista, por otro lado, bastante comprensible si se tiene en cuenta la magnitud del sufrimiento padecido tanto por ella como por sus familiares y amigos.

Sea como fuere, en un momento en el que a diario leemos acerca de los bombardeos que se están produciendo en Irán, en el Líbano y en otras tantas partes del mundo, resulta más necesario que nunca leer este tipo de relatos, que nos hacen entender cómo se vive esta violencia desde dentro. A la hora de hablar de los conflictos actuales, a menudo nos centramos en las consideraciones geopolíticas y económicas, unas facetas que, sin duda, son de gran relevancia, pero eso puede llevarnos a olvidar que lo más importante es, o debería ser, el desgarrador sufrimiento que conllevan en las poblaciones que sufren directamente esa violencia. En ese sentido, el relato de Plestia Alaqad supone un necesario golpe de realidad, pues nos confronta con la cara más humana de los conflictos: la de las víctimas que los padecen.

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