Fundado en 1910
Cubierta de 'Quisiera crear un jardín'

Cubierta de 'Quisiera crear un jardín'Espasa

‘Quisiera crear un jardín (y verlo crecer)’: back to the land bajo el sol de Valencia

Vicente Todolí cambia los museos artísticos por los cítricos en un viaje al origen, demostrando que cultivar la tierra es otra forma de hacer arte

Tenía esposa, hijos y un trabajo estable en una empresa financiera. Era respetado y llevaba la vida burguesa que muchos deseaban. Pero un día, cansado de la sofisticada urbe y de las exigentes normas preestablecidas que asfixiaban su libertad, decidió abandonarlo todo y huir de la civilización occidental, primero a Bretaña, luego a Tahití y finalmente a las Islas Marquesas.

Cubierta de 'Quisiera crear un jardín'

Espasa (2025), 248 páginas

Quisiera crear un jardín (y verlo crecer)

Vicente Todolí

De esta forma tan disruptiva, nuestro hombre cortaba con una existencia encorsetada y artificial, abriéndose así a las mieles de un arte más puro que lo haría mundialmente famoso. Su nombre era Paul Gauguin, considerado uno de los pintores más importantes del pasado siglo.

Magistralmente retratado por Somerset Maugham en su novela The Moon and Sixpence (traducida al castellano unas veces como La luna y los seis peniques y otras como Soberbia), Gauguin es el paradigma de artista que lo abandona todo para recuperar su esencia más primitiva. Pero, aun siendo su caso uno de los más radicales, no es ni mucho menos el único. El regreso a las raíces también está en Frida Kahlo, que tenía establecido su pequeño paraíso en Coyoacán; o en Lorca, que tras hacer las Américas encontraba aire sano en Andalucía; o en el poeta Wendell Berry, que abandonó Nueva York para trabajar la tierra en Kentucky. Por no hablar de Henry David Thoreau, que narra en Walden cómo su alter ego construyó una cabaña en los bosques de Massachusetts y, alejado del mundanal ruido, se centró en la escritura y en la observación de la naturaleza. Walden es una obra literaria mitológica que acabaría por influir con notable fuerza en la película Hacia rutas salvajes, dirigida por Sean Penn.

En fin, no insistamos más. El patrón es evidente: ese back to the land atraviesa la historia del arte. Y no es de extrañar: la gran urbe, pese a sus fastos y sus promesas de universalidad y modernidad, o quizá debido a ellos, acaba por tensar a muchos creadores necesitados de recuperar el silencio y trabajar la tierra con sus propias manos, como hicieran nuestros antepasados.

Ese impulso de regresar a la tierra no pertenece solo al pasado ni a los grandes nombres de la historia del arte. También late en trayectorias contemporáneas, léase Vicente Todolí, que ha ostentado la dirección artística de algunos de los mejores museos del mundo y que con el paso de los años ha encontrado su edén en el cultivo de limones en unas tierras de su propiedad en su pueblo natal, Palmera, a pocos kilómetros de Gandía.

Y, como tantos creadores antes que él, Todolí descubre que la tierra no es un refugio, sino un método.

El prólogo de Juan Lagardera, que hace también la labor de editor, nos invita a conocer mejor a Vicente Todolí y su circunstancia, y lo hace partiendo de ese jardín aludido en el título (Todolí Citrus es su nombre), un espacio agrícola que sirve como contrapeso del a veces asfixiante mundillo artístico. Todolí se toma así un respiro del ajetreo de gestionar los museos del ancho mundo para sumergirse en su particular «museo de cítricos» bajo el sol de Valencia, donde cultiva centenares de variedades de limones.

Este libro, publicado por Espasa en marzo de 2025, le sirve a Todolí de ejercicio memorialístico con el que repasar la que ha sido su vida como miembro de una quinta generación de especialistas en cítricos, por un lado, y, por otra, de su desempeño profesional como director artístico en museos. La pasión por el arte que se apoderó de él siendo muy joven –narrada en la primera parte del libro– le ha llevado a residir en ciudades como Valencia, Yale, Nueva York, Londres, Milán, Oporto, etc. Lugares en los que se ha formado o ha desarrollado su trabajo como director artístico, del IVAM, Instituto Valenciano de Arte Moderno (1988-1996), y de la Tate Modern (2003-2010), entre otros.

Quisiera crear un jardín (y verlo crecer) es un repaso de las experiencias, los conocimientos y las ideas de su autor sobre el arte y sobre la vida. Aquí conoceremos sus puntos de vista acerca de cómo gestionar los museos (qué deben ser y qué no deben ser), su relación con fotógrafos y otros creadores artísticos, su rechazo a la –por así llamarlo– gestión política y a determinado tipo de arquitectura que acaba por convertir los museos en algo muy diferente a lo que estaban predestinados. Y conocemos también a un Vicente niño que creció en un entorno rural que no parecía tener conexión con esas salas museísticas donde años después desarrollaría con tanto éxito su profesión, ese ámbito rural que acoge el jardín promisorio en el que crear y ver crecer centenares de variedades de limones.

Limones y galerías de arte, libros, las grandes urbes y el regreso a las raíces… Esta ha sido, a grandes rasgos, la vida de Vicente Todolí, un hombre que ha investigado los cítricos con la misma pasión con la que ha estudiado los movimientos artísticos y la obra de los mejores artistas.

Quisiera crear un jardín (y verlo crecer) supone el enésimo ejemplo de ese regreso a los orígenes que tantos artistas –él no se considera como tal, aunque reconoce que podría haberlo sido– ansían para poder encontrarse a sí mismos, ya sea en Tahití, Andalucía, en una región de México, lo mismo da.

El espíritu de Walden nos asalta antes o después a muchos, aunque no tengamos la oportunidad o la valentía de huir a un jardín o a un bosque para dar voz a nuestro yo más primitivo.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas