Fotograma de la película El Golem de Paul Wegener (1920)
'El Golem': cuando lo fantástico transmuta en advertencia
Una novela hipnótica, de febril ensoñación de Praga, con un ser destructivo creado por el hombre a su semejanza, como metáfora del destino humano ante sus actos
Al pasar la última página de este libro, es fácil preguntarse qué es lo que hace que esta gran novela roce la excelencia y, tenga plena vigencia tras pasar más de un siglo de su publicación.
Estamos en 1915, en los albores de la Primera Guerra Mundial. Un escritor austrohúngaro publica El Golem, su primera novela. Su inteligencia es prodigiosa.

Traducción: Rafael Lupini. Alianza (2026). 344 páginas
El Golem
Él tiene ya 47 años y se hace llamar Gustav Meyrink. Mil vidas vividas en una sola, que le han roto el alma. Conoce la antesala de la muerte por un intento de suicidio. Conoce la bastardía, la riqueza y la pobreza; conoce la cárcel y a fondo la naturaleza humana. Ve más lejos que nadie; es un visionario dotado de una exquisita sensibilidad y una curiosidad insaciable.
El Golem es para algunos novela gótica, para otros novela expresionista, fantástica o filosófica que se convierte en un éxito desde el momento de su publicación. 200.000 ejemplares en el primer año. Hasta los soldados leen la obra en las trincheras; se ruedan tres películas diferentes en cinco años. La última en 1920.
La novela presenta a un narrador anónimo, quien tiene un sueño visionario y, de alguna manera, narrar la vida del protagonista, un joyero y residente en el gueto judío de Praga.
Es Athanasius Pernath, que recibe la visita de un extraño visitante y le encarga la reparación del Ibbur, el tratado cabalístico sobre la fecundación del alma.
Al tratar de recordar su rostro, descubre que su memoria de ha borrado del todo y, a partir de ese momento, el sueño y la realidad se funden y confunden, hasta que el mismo Athanasius Pernath sea dos personas separadas por treinta años. Y las leyendas del gueto judío reviven.
El Golem, un coloso de barro, cuya vida fue insuflada por un rabino, permanece encerrado en una celda del gueto y cada 33 años sale para sembrar la destrucción; la narración avanza entre asesinatos sórdidos, casualidades inexplicables y, pasiones prohibidas que arrastran a Athanasius Pernath hacia un camino secreto del despertar espiritual, hasta llegar a descubrir quién realmente es, y que fuerzas ocultas mueven su destino.
Del final, solo le digo aquello de serum est cavendi tempus in mediis malis, o «demasiado tarde se prevé cuando se está en medio del desastre», que nos recordara Séneca.
El autor, Gustav Meyrink (1868-1932), fue un estudioso de la teosofía, el esoterismo, las ciencias ocultas y misticismo. Ejerció de banquero junto con su sobrino el poeta Morgenstern y tras ser acusado de fraude terminó en prisión. Traductor de Dickens y Kippling, ambos fueron una gran influencia en su obra. Finalmente consiguió vivir de una literatura marcada por las leyendas populares.
En el caso de el Golem, el punto de partida lo encontró en la leyenda medieval del gran rabino Loewe creador del Golem como figura de barro con vida por obra de la cábala, para defender a los judíos de Praga. La lectura de la novela es agradable, los capítulos se suceden haciendo fácil una trama enrevesada. Pero las cuestiones de forma no hacen excelente una novela. Esta llega por el fondo conceptual de la obra.
Una virtud de las grandes novelas es tener un cordón invisible que une a otras obras de grandes autores y, nos invitan a lecturas posteriores. El Golem de Meyrink se conecta con Jorge Luis Borges y su homónimo de 1920 «El Golem»; en opinión de Bioy Casares, el mejor poema del porteño universal.
El hilo de este ovillo nos descubre a Mary Shelley, autora de Frankenstein o El moderno Prometeo, y plantea otra versión y visión a las consecuencias que conllevan tras conseguir dar vida a un ser de apariencia humana.
Da igual que sea Frankenstein o HAL 9000; el súper ordenador de 2001, una odisea del espacio de Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, esa máquina creada por el hombre que supera al cerebro de su creador humano, y lo extermina en el espacio para mutar en algo nuevo. Todas son en conjunto y en definitiva, historias de ficción que, nos advierten de nuestra realidad.
Ahora, otro Golem creado por el hombre, la inteligencia artificial, como artefacto de control y poder es ya algo que ya tenemos encima. Baste recordar al Papa León XIV y la primera encíclica de su pontificado, Magnifica Humanitas.
Decía Ayn Rand que podemos ignorar la realidad, pero no las consecuencias de ignorar la realidad. Cuando el ser humano trata de emular la obra de Dios, siempre termina mal. Pero si el hombre trata de crear una deidad, terminará aún peor. El resultado será un pandemónium.
Es peligroso andar jugando a abrir esa caja de Pandora, que contiene todas las desgracias de la humanidad y, una vez abierta solo nos deja el fatum fatis ego perea, o «hágase el destino, aunque yo perezca». Novelas como El golem nos advierten y recuerdan que siempre, siempre, la desmesura humana desemboca en el derrumbe. Y esta es una de las muchas causas de la actualidad de la obra.
Además, es una novela deliciosa para sumergirse en su atmósfera fría, crepuscular y alucinógena, en especial durante la luminosidad de los calores veraniegos. Disfrute de la lectura.