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Cubierta de 'Alí Bey'

Cubierta de 'Alí Bey'Almuzara

‘Alí Bey’, el espía que entró en La Meca

Xavier Sistach describe la fascinante biografía de Alí Bey, un aventurero y espía que logró adentrarse en el corazón del Islam

«Valiente y arrojado como pocos, disimulado, astuto, de carácter emprendedor, amigo de aventuras, hombre de fantasía y verdadero original, de donde la poesía pudiera haber sacado muchos rasgos para sus héroes fabulosos». Con estas palabras describía Manuel de Godoy a Domingo Badía, un oscuro y enigmático personaje al que el ministro plenipotenciario de Carlos IV había encargado viajar a Marruecos como espía para provocar una insurrección en dicha región y lograr atraerla al ámbito de influencia español. Tras fracasar en esa tarea, Badía decidió continuar su periplo por Oriente Medio, llegando incluso a entrar en La Meca.

Cubierta de 'Alí Bey'

Almuzara (2026). 384 páginas

Alí Bey

Xavier Sistach

El argumento suena a ficción, y resulta especialmente interesante en el contexto político actual. Pero, lejos de ser el argumento de una novela, se trata de una historia real que aconteció a inicios del siglo XIX, y que es descrita por Xavier Sistach en Alí Bey. El espía que conquistó el corazón del Islam. El libro, extraordinariamente documentado y enriquecido con numerosas imágenes, narra con gran minuciosidad –excesiva en ocasiones– las andanzas de Domingo Badía, un científico y aventurero catalán que tuvo una vida realmente extraordinaria.

Badía fue un personaje poliédrico, que escapa a cualquier tipo de etiqueta. A lo largo del libro, el lector va descubriendo a una persona de una profunda y constante inquietud intelectual, que le llevó a cultivar prácticamente todos los campos del conocimiento. A esta actividad ilustrada hay que sumar su fascinante faceta de viajero por Oriente Medio, en la que combinó el afán por la aventura con su labor de espía a sueldo del gobierno de Godoy. De todo ello dio testimonio en sus Viajes de Alí Bey, un relato en el que la verdad se entremezcla con la fantasía e incluso con la megalomanía, dejando a los historiadores la nada sencilla tarea de intentar discriminar lo real de lo imaginado.

Uno de los títulos que Domingo Badía, o Alí Bey, como se hizo llamar en su viaje, ostenta con toda justicia es el de haber sido el primer español en adentrarse en La Meca, un territorio vedado a los infieles por mandato del propio Mahoma («jamás el pie del infiel profanará el templo prohibido»). Además, fue el primer europeo en dejar constancia documental concienzuda y fiable de ello. A diferencia de los vagos y poco precisos relatos llevados a cabo por los escasos europeos que le precedieron, el de Badía constituye sin duda la descripción más completa, minuciosa y rigurosa de la ciudad y del santuario sagrado, algo de lo que dan testimonio los numerosos dibujos, mapas y planos que incluyó en su crónica.

Quizá sea precisamente ese el mayor legado de Alí Bey a la posteridad. A inicios del siglo XIX, el conocimiento del norte de África y de Oriente Medio en Occidente era muy limitado. Con sus minuciosas descripciones y con los mapas y dibujos que realizó, Alí Bey no solo enriqueció considerablemente la información geográfica que se tenía sobre esos lugares, sino que también dio noticia de numerosos animales, plantas e incluso de fenómenos astronómicos que eran completamente desconocidos hasta la fecha, y que pasaron a formar parte del acervo cultural de Occidente.

Nos encontramos, por tanto, ante una biografía de gran interés para todo tipo de lectores, que nos permite disfrutar con las peripecias de un extraordinario personaje cuya labor contribuyó a alimentar esa fascinación hacia el mundo oriental que sería una tónica durante todo el siglo XIX, y que con tanta belleza se refleja en la literatura y el arte de la época.

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