Fundado en 1910
Libros

Libros

‘El arte de rechazar manuscritos’: un repaso al mundo de la edición, ayer y hoy

Un ensayo breve, lúcido y nada complaciente que desmonta mitos de la edición y recuerda que, pese a la aparente democratización, el prestigio literario sigue pasando por los editores

Si hay algo que nunca he querido ser es editor de libros. Pocas profesiones me parecen tan duras como esta, en la que hay que bregar con los empleados, los autores, los agentes literarios, la imprenta, las librerías, la prensa, las redes sociales, la correspondencia…, por no hablar de la difusión de las obras (un trabajo en sí mismo) y de la fugacidad de las novedades en los escaparates, si es que tienen la suerte de llegar a ese pequeño Olimpo. Si añadimos que hoy día hay más «escritores» que lectores, el cóctel es perfecto.

Cubierta del libro

Penguin Random House (2026), 120 páginas

El arte de rechazar manuscritos

Constantino Bértolo

Nunca quise ser editor, ya lo he dicho, por mucho que respete la profesión. Y, sin embargo, pocos libros me resultan tan interesantes como los que escriben los propios editores contando su experiencia. Es decir, paradójicamente me resulta fascinante que me cuenten cómo es el ínterin de una profesión cuasi maldita que, en mi opinión, ofrece más quebraderos de cabeza que beneficios…

Antes me sedujeron los testimonios de Siegfried Unseld, Jorge Herralde, Robert Gottlieb y un largo etcétera, y ahora lo hace El arte de rechazar manuscritos, de Constantino Bértolo, que fue director literario de la editorial Debate y del sello Caballo de Troya (Random House).

Es este un libro breve, pero de contenido sustancioso. Publicado en enero de 2026 por Penguin Random House en su colección EnDebate, arranca con un título –elegido no por el autor, sino por la editorial– que se antoja controvertido, dando a entender que ese dolor que hemos sufrido tantos escritores rechazados es fruto de un don artístico que dominan ciertos editores.

Pero no es este, ni mucho menos, un libro creado para herir susceptibilidades, sino una reflexión intelectual sobre el mundo editorial, el de antes y el de ahora, a priori tan confrontados entre sí.

Es sabido que este tipo de libros suelen abundar en la tensa correspondencia entre el editor y sus escritores. (Lo peor no son los autores, de Mario Muchnik, es un buen ejemplo). Pero, más allá de una referencia a un autor que se queja de que no ha recibido una respuesta conclusiva tres meses después de enviar su manuscrito, Bértolo prefiere evitar ese terreno pantanoso para hablar de la edición de una manera más genérica, sin entrar en lo anecdótico, en el chascarrillo, como él mismo explica en el capítulo «El rechazo» (p. 83).

Bértolo abunda en las diferencias entre el libro tradicional y el virtual, el libro literario frente al comercial, la autoedición («la edición sin edición»), «el capital como el verdadero dueño de la escritura y la edición», los comités de lectores, los informes de lectura de la IA… Y distingue entre los manuscritos espontáneos –concepto que a mí me redirige mentalmente a los toreros espontáneos, vaya– de los que –prosigo con la metáfora taurina– vienen con cartel y con apoderado, es decir, con un filtro previo, ya sea la recomendación de algún amigo, un autor de la casa o un agente literario.

Lo más mollar de la tesis de Bértolo es que, pese a la «democratización» de la publicación que campea hoy día, el camino para conseguir el prestigio literario sigue siendo el mismo: de la mano de editoriales tradicionales consolidadas (en papel) que invierten su tiempo, su dinero y su conocimiento en apostar por una obra literaria de calidad.

Si damos por bueno el mensaje de El arte de rechazar manuscritos, hemos de concluir que, recordando a El Gatopardo de Lampedusa, en el mundo de la edición todo ha cambiado mucho para que todo siga igual. Y quizá esa sea la mejor noticia para quienes aún creemos que la literatura necesita editores: no para rechazar manuscritos, sino para acompañar a los que merecen llegar a buen puerto.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas