Cubierta de 'Pensar social como si Dios existiera'
'Pensar lo social como si Dios existiera': un alegato por una sociología abierta a la trascendencia
Frente a un individualismo que reduce a la persona a un producto más del consumo, un catedrático de Sociología reivindica los vínculos familiares y comunitarios y una moral compartida
En esta ocasión hablamos de un libro breve, solo 89 páginas, pero es una obra deliciosa, de las que no se leen en cualquier sitio; es para gozar de su lectura y que invita a releer. Es un libro con intensidad, buena estructura y en cada relectura uno va descubriendo más ideas y aromas para poder disfrutar de la libertad de este mundo, después de haberlo ganado en la pugna con la modernidad. Es un libro, hecho por un autor veterano, con un buqué prolongado, que deja un buen sabor de boca.
Sekotia (2026). 89 páginas
Pensar lo social como si Dios existiera. Preparando el fin de la posmodernidad
En el tiempo que vivimos se necesitan libros de este estilo; nos gusta leer y citar a Han Byung-Chul, el filósofo surcoreano católico, troquelado por la filosofía alemana, pero al que por su origen exótico la gente le presta más atención, por ser la generación de Karate Kid, y todo oriental maduro debe ser un maestro de la vida. En este caso sirve para que el surcoreano nos rompa el ritmo con su crítica a una modernidad que invade nuestra privacidad de una manera pornográfica y recorta nuestras libertades ante un invisible nuevo totalitarismo. El profesor Pérez Adán surca los mares «duc in altum» en una corriente similar de advertencia a la humanidad. El profesor cartagenero, y valenciano de adopción, catedrático de Sociología de la Universidad de Valencia y rector de la Universidad Libre Internacional de las Américas (ULIA), una experiencia docente de gratuidad online, de entrega máxima a los demás, nos sacude con su verbo, con una obra que resulta ser un concentrado destilado de su pensamiento, marcado por el comunitarismo de Amitai Etzioni. Pérez Adán defiende en su obra la posibilidad de un futuro más libre y próspero al basarse en el reconocimiento y apoyo de los vínculos familiares y comunitarios.
En su apuesta por la sociedad civil, retrata un neoliberalismo que fomenta un individualismo que destruye las relaciones sociales y convierte a la persona en una víctima propicia de la sociedad de consumo, convirtiéndose en un producto más. Sabe contrastar la libertad con la responsabilidad, negar una competitividad falsa y favorecer el perfil social que convierte a la persona en el apoyo, a través de su responsabilidad, de los demás. La pregunta es cómo mejorar, cómo revalorizar y, por tanto, pensar al contrario del corpus doctrinario del liberalismo, vivir como si Dios no existiese, pertenece al interior de la persona, hiciésemos lo contrario, vivir como si Dios existiese, y atenernos a un mundo con una moral, donde el respeto sustituye a la competencia del todo vale. Bajo un lenguaje culto, claro y elegante, se esconde una daga labrada en décadas de docencia e investigación, de un profesor que hiere la conciencia, no para matar, sino para picar y provocar una reacción humana, social, propia de nuestra naturaleza frente a un mundo que evoluciona hacia un nuevo totalitarismo, despojado de libertades y que ya Fritz Lang nos predijo en su obra maestra Metrópolis.