13 de agosto de 2022

Leiva, en su concierto en el Wizink Center de Madrid del 1 de junio de 2022

Leiva, en su concierto en el Wizink Center de Madrid del 1 de junio de 2022EFE

Leiva se desconfina llenando el Wizink Center

El músico madrileño realizó uno de sus primeros conciertos de gran formato de su gira Cuando te muerdes el labio llenando el Palacio de los Deportes de Madrid

Dicen que cuando un saltador de trampolín tiene un percance en la piscina, lo primero que le recomiendan es volver a intentarlo en cuanto pueda: para borrar el mal recuerdo y el respeto contraído con un salto exitoso. No es que Leiva (Madrid, 1980) guardase mal recuerdo de su última visita al Wizink Center, de hecho la grabó y vendió discos con ella, pero sí fue su último concierto de gran formato –como dicen los que saben– antes de que la pandemia le apartase de la carretera. Aprensivo confeso como es él, metió 15.000 personas sin mascarilla en el recinto madrileño y convenció.
Volvían Leiva y su banda al Palacio de los Deportes para presentar la gira Cuando te muerdes el labio, nombre que lleva su último disco y que es portador de un sonido distinto, menos rockero y en compañía de voces femeninas.
En junio de 2014 –cómo pasa el tiempo y cómo cambia la feria– Leiva actuaba como telonero de los Rolling Stones en el Santiago Bernabéu. Hoy, ocho años después, no hay problema por tocar en la misma ciudad que ellos y colgar el «no hay billetes» en miércoles y también en domingo. Cada cual en su registro, hizo lo que tenía que hacer.
Abrió el concierto el de Alameda de Osuna con Terriblemente cruel, quizá una de las dos mejores canciones que ha hecho desde que disolvió Pereza. Tiene una parte instrumental muy coral, muy de estadio argentino, y se puede cantar sin necesariamente conocer la letra. Terriblemente cruel fue la primera sorpresa, porque casi siempre figuraba en el rush final de sus conciertos, y por eso pilló al público un tanto frío, como si en la boda empiezas el menú por el sorbete de mojito.
Leiva, en un momento de su concierto en Madrid

Leiva, en un momento de su concierto en MadridEFE

Siguió con La lluvia en los zapatos, canción de entrada de su gira anterior, y después intercaló temas añejos (como Animales) con creaciones de su nuevo disco (Infinitos). Hay artistas veteranos (entre ellos su admirado Sabina) que tienden a empaquetar las canciones nuevas al comienzo de los conciertos para dejar las viejas –que suelen ser las mejores– para el final. Le pasa a muchos, como si el repertorio nuevo les estorbase y lo tocasen por justificar la gira, pero a Leiva todavía no le ocurre. Sus canciones nuevas las toca con orgullo y hasta las baila, como hizo con Flecha, la más original y distinta de su último disco.
De ese último trabajo tocó únicamente cinco canciones, lo que invita a pensar que o no le convencen o no se adaptan fácil al directo por la propia naturaleza del disco. El concierto constó de 20 temas y se quedaron fuera algunos momentos álgidos de eventos anteriores como Vis a vis o Electricidad, pero entenderán que abrochar un repertorio es como hacer hueco en el armario. Lo importante es que no pase el tiempo y acabes mezclando los pitillos de mañana con la americana de la confirmación.
Hay que reconocerle a Leiva –que ni lee las crónicas ni me retirará la acreditación porque uno procura no ir a los sitios de gorra– su interés por probar nuevos sonidos, melodías y voces. Es esa inquietud la que seguramente le mantendrá joven e interesante al público por muchos años. Si sus nuevas creaciones no pasan desapercibidas en los conciertos, Leiva nos enterrará a todos.
A día de hoy, con pandemia o sin ella, le sigue una multitud envidiable que devora cada tema nuevo porque intuye que con Leiva no hay tres canciones iguales, lo cual tiene mucho mérito cuando acumulas más de 20 años en el oficio y casi un centenar de letras a tu nombre.
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