La mediocridad del ganador de Eurovisión refleja lo horrendo de la candidatura española
Suiza ganó con una canción y puesta en escena de ínfima calidad y una interpretación vocal correcta en un Festival que abraza sin solución la fealdad
El ganador de Eurovisión 2024, el cantante Nemo de Suiza
Cabe recordar que a Pedro Sánchez le gustó Zorra. Concretamente dijo: «Es electrónica, ochentera y provocadora. El feminismo es justo, divertido y al final está hablando de cosas que compartimos una amplia mayoría de hombres y mujeres: igualdad. A mí me gusta».
Al presidente le gusta Zorra, lo que lleva a pensar que The Code, la canción ganadora en Eurovisión, interpretada por Nemo, ha debido de parecerle gloriosa. The Code es mejor que Zorra desde el punto de vista musical. Aunque mucho se teme que esto pueda confundir.
En realidad The Code tiene ecos de pesadilla melódica. Esos gritos irritantes y esa melodía desigual, siendo amables. En cuanto a la estética, tan importante en un evento sonoro y, sobre todo, visual, no es que tuviera ecos, sino que es directamente zozobra y desasosiego para el melómano más leve: el Festival del mal gusto desde todos los puntos de vista.
Nemo sabe cantar. Lo cual no es mucho, pero es algo en comparación a lo demás. Tiene una voz aguda y modulada con algunas posibilidades. The Code es ya una de las canciones más escuchadas en el mundo: un desastre de gran magnitud (en el evento que un día dio a conocer a Raphael, ABBA, Céline Dion o Bonnie Tyler), que por lo menos ha tenido la casual deferencia de retratar el horror de su competidor español.
Zorra se quedó por ahí perdida entre lo feo. Nebulossa no canta. Ni baila. Nada de nada. Un absurdo desagradable que palidece hasta la muerte frente a la mediocridad de un cantante competente (aún no se sabe en qué escenarios) disfrazado y jugando en un parque de niños ante el aplauso de un público echado al monte del relativismo musical.
Ni lo ochentero, ni lo electrónico, ni lo provocador, ni el feminismo, ni la igualdad sino mucho más (o mucho menos, según se mire): la vulgaridad sectaria y cutre que le gusta a Pedro Sánchez (como reflejo de todo lo demás), quién ha tenido que disfrutar del ganador de Eurovisión como si fuera el nuevo Elvis. La tragedia es que algunos, y no pocos, deben estar ya convencidos de ello.