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La soprano Anna Netrebko, que actuará en dos ocasiones

La soprano Anna Netrebko, que actuará en dos ocasionesEFE

El Real recordará a la Generación del 27 y gira hacia el repertorio más popular

La temporada 26/27 del coliseo madrileño recupera hasta ocho de las óperas más conocidas, de Mozart a Puccini, y estrenará una nueva versión de Bodas de sangre

Aunque no se reconozca del todo, en la ópera de nuestros días lo que sigue tirando del público es eso que algunos denominan con cierto desdén como repertorio, las grandes obras de los compositores que han logrado sortear con acierto el paso del tiempo, hasta convertirse en favoritas perennes de la afición en todas las épocas.

El Met de Nueva York, que vive una crisis económica sin precedentes por el descenso de la audiencia, encargó, no hace mucho, un informe a una consultora bostoniana para obtener las claves que le permitieran volver a conectar con el público. Tras pagar por el consejo, la empresa les dijo algo muy simple: «Programen muchas veces La Traviata».

En el Real madrileño notan cada vez que se salen del guion habitual cómo se resienten los ingresos. Aunque no siempre se reconozca, no se precisa ser un lince para notar los evidentes claros en la sala, cuando se apuesta únicamente por la novedad. Pero también, en buena lógica, un teatro público debe ofrecer una programación equilibrada, que atienda a los gustos mayoritarios, y a los de los más exquisitos, en su justa proporción.

Quizá por todo ello, el coliseo de la Plaza de Oriente ha comprendido la lección, y sus últimos dos cursos, el presente y el próximo, se han ido escorando claramente hacia territorios más reconocibles en lugar de privilegiar lo exclusivo, que no deja de obtener su justa representación.

En ese sentido, la temporada 26/27 ofrecerá un buen número de títulos de esos que hacen las delicias del aficionado común, desde la Manon Lescaut de Puccini para la inauguración, que curiosamente no se programaba aquí desde 1924, hasta el regreso (a falta de otros títulos que se echan en falta del genial compositor italiano) de la comedia más reconocida de Gioacchino Rossini, El Barbero de Sevilla, con el que el teatro se lanza a hacer caja. La nueva producción que sustituye a la muy vistosa de Emilio Sagi ha sido encomendada a Damiano Micheletto (que estos días debutará en el cine) y podrá disfrutarse en julio del año próximo.

Entre estas dos obras maestras del siglo diecinueve italiano, el Real acogerá otras relevantes muestras de lo más apreciado por el público, aunque no en todos los casos representadas, como sería siempre de agradecer en un teatro que se dice de ópera.

Fedora de Giordano y La Gioconda de Ponchielli, que reclaman una acción viva sobre el escenario, se presentarán en menos alentadoras versiones de concierto, eso sí, en ambos casos, con el reclamo de sendas divas de hoy que han ya rodado sus respectivos roles en los principales coliseos internacionales: Sonya Yoncheva protagonizó Fedora en una nueva producción de La Scala, y Anna Netrebko obtuvo un éxito resonante con su reciente encarnación napolitana de «La Gioconda», que en España ya pudo verse en los cines este mismo año.

Mozart no debería faltar nunca en el cartel de todo gran teatro, pues sus títulos constituyen la base del drama musical hasta nuestro tiempo. Ahora se recupera Las bodas de Figaro con un par de repartos aseados sin más, en una nueva producción de Robert Carsen que también firma el Met neoyorquino.

El otro gran pilar del repertorio lírico, Giuseppe Verdi, se salva esta vez de las últimas, insuficientes versiones concertantes para ofrecer una nueva producción de Simon Boccanegra a cargo de un director de escena ya fallecido, Pierre Audi. Ludovic Tezier, con el español Juan Jesús Rodríguez (aquí ausente), uno de los principales barítonos defensores de este título ahora mismo, regresará al Real tras su último Rigoletto.

Los otros dos títulos con mayor proyección serán la Norma de Bellini y Tannhäuser, una de las grandes óperas de ese gran admirador del compositor italiano que era Richard Wagner. Sorprende en la pieza belcantista la preferencia por la soprano Lisette Oropesa, protagonista del reparto principal, ya que este rol suele confiarse a voces de mayor peso dramático. En el Wagner, por el contrario, destacan las presencias de conocidos intérpretes de este repertorio, como los tenores Clay Hilley y Andreas Schager o el bajo Georg Zeppenfeld.

El compositor Richard Wagner

El compositor Richard Wagner

El omnipresente en las temporadas madrileñas (ahora también en la de la Zarzuela) Christof Loy tendrá su estreno de rigor, con una nueva producción de la Katia Kabanová de Janaceck confiada a la batuta del responsable musical de esta casa, Gustavo Gimeno. Y hablando de este director valenciano, resulta curioso que tras El castillo de barbazul que acaba de dirigir aquí, como quien dice, la ópera de Bartok vaya a regresar de nuevo ahora, pero sin escena, confiada a la insípida batuta de Henri Nánási. El as bajo la manga que justificaría la operación es la presencia de Anna Netrebko en el rol de Judith.

El tarro de las exquisiteces se decanta otra vez por el repertorio barroco, mediante la reprobable práctica de acumular versiones de concierto. El especialista Paul Agnew dirigirá a la nueva estrella de contratenores, Jakub Josef Orlinski, en el Riccardo, primo Re d’Inghilterra, una pieza menor de Händel.

El tenor Michael Spyres será el principal reclamo del Mitridate de Porpora, con la participación de Il Pomo D’Oro. El conjunto italiano regresará luego para rescatar el oratorio de Stradella San Giovanni Battista, de nuevo con Orlinski como protagonista esencial.

Ni la ópera contemporánea ni el repertorio histórico español destacan demasiado, esta vez, en la programación de un Real que, este año, por ejemplo, no se ocupa de Falla en sus aniversarios. Pero el próximo se propone celebrar el centenario de la Generación del 27 con una obra de encargo, una nueva versión lírica de Bodas de sangre confiada al compositor andaluz Manuel Busto con puesta en escena de Bárbara Lluch y Marina Monzó como la Novia.

Manuel Busto

Manuel Busto

Habrá además un pasticcio, encargado al director de escena Rafael R. Villalobos, sobre obras de los británicos Britten, Purcell y Dowland. Y en el capítulo de conciertos se anuncia la presencia de la Orquesta del Festival de Bayreuth, de gira por España, con Heras-Casado; además de los tradicionales programas de arias con los tenores Xabier Anduaga y Benjamin Bernheim y las sopranos Veronique Gens y Ermonela Jaho.

Como novedad, el Real acogerá por Navidad El mesías de Händel con el fantástico RIAS Kammerchor. Y en el capítulo de ballet, recibirá las visitas del Alvin Ailyey Dancd Theater, la Compañía Nacional de Danza y el Theater Wuppertal Pina Bausch.

Otra temporada más se observa la ausencia de batutas de auténtico renombre en la programación del teatro madrileño. No es ya que por el foso madrileño no comparezcan los Muti, Barenboim, Petrenko, Dudamel, Thielemann, Bychkov, Luisi, Chailly, … , tampoco ninguno de los ascendentes de hoy, como Mäkela, Lynn-Wilson, Viotti o incluso el español Ramón Tebar, que dirigirá en el Metropolitan pero no ha debutado aun aquí.

Aunque del ciclo de La Filarmónica se rescata, como una puntual colaboración entre ambas instituciones, La pasión según san Mateo de Bach que dirigirá, con sus propios conjuntos, Utopia, el gran Teodor Currtetzis. Hubiese sido un detalle tenerlo además encargándose de una ópera, en el foso, como hará este mismo verano en Salzburgo. Otra vez será.

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