Fundado en 1910

Imagen de la pantalla de compra de entradas a Madring

Lujo y glamour en la F-1

Reventa, precios dinámicos, prohibido la comida externa y abandonar el recinto: los riesgos a los que se enfrenta Madring

En la reventa las entradas pueden duplicar y triplicar los precios de taquilla, unas entradas que han costado entre 200 euros las más baratas y 7.000 las más caras

Hay una cosa que resulta especialmente peligrosa cuando se organiza un acontecimiento deportivo de la magnitud de un Gran Premio, que es dar por sentado que el público va a estar siempre dispuesto a pagar lo que sea por asistir.

Madrid ha conseguido algo extraordinario antes incluso de que el semáforo se ponga en verde. Se trata sin duda de la carrera que mas expectación ha despertado este año en el calendario, pero conviene no ser triunfalista, porque el espectador tan pronto te abraza como te da la espalda si la experiencia no resulta satisfactoria. Es mucho dinero el que se invierte como para que las decepciones sean una opción.

Es mucho dinero

Alrededor de la venta de entradas se ha instalado la polémica de lo que algunos llaman reventa y otros precios dinámicos. La industria del entretenimiento lleva años perfeccionando un sistema que siempre ha sido éticamente reprobable cuando no ilegal. Hoy día las plataformas de venta de entradas han propiciado una terminología de cupos limitados, colas virtuales o lo que en Estados Unidos llaman el ticket anxiety. Lo vemos cada día en los principales acontecimientos deportivos y musicales.

La experiencia debe ser global para los aficionados

Pero hay que tener mucho cuidado. Un artista puede venir una vez a un macroconcierto a la ciudad y no volver a aparecer más, pero la Fórmula 1 en Madrid tiene vocación de permanencia. Lo que se haga mal un año, impacta de forma directa a los siguientes y uno de los puntos mas sensibles puede venir por la sensación de fraude que pueda tener un espectador cuando entiende que se ha jugado con su ilusión. Entradas a precios muy superiores a los originales o paginas que se colapsan por la demanda y, cuando consigue acceder, lo disponible minutos antes ha desaparecido o es mucho más caro.

Ticket 'anxiety'

Madring se ha subido un poco a la parra en materia de precios. Si la experiencia está luego a la altura, pues no habrá problema, pero a medida que las tarifas son mas caras los riesgos y exigencias también suben.

Ya solo quedan entradas más caras

Las tarifas oficiales de Madrid actualmente están para las entradas de tres días desde 625 euros y determinadas tribunas por 1.030, 1.135 o incluso 1.540 euros. En el extremo opuesto de la hospitalidad premium, algunas experiencias superan los 4.000 euros. Aquí no cuenta el paddock club oficial de la Fórmula con precios alrededor de los 7.000 euros porque ese es un negocio que no controla Ifema sino la propia Fórmula 1. La comparación con otros Grandes Premios es inevitable: Las Vegas ofrece actualmente entradas de tres días desde unos 696 euros, mientras que Bakú parte de poco más de 80 euros y Singapur de unos 221 en la tienda oficial de Fórmula 1.

Más caro que Singapur y Bakú

Madrid es un producto diferente con mucho que ofrecer y será el mercado el que determine si el precio está ajustado a lo que se espera. Por ello, es muy delicado jugar con esa ansiedad del consumidor que temió quedarse sin entrada. Viene bien recordar la polémica reciente que estalló con la gira de Oasis. La autoridad británica de la competencia investigó la comercialización de Ticketmaster después de las quejas de los aficionados y terminó exigiendo mayor transparencia sobre precios, categorías y condiciones de venta. Y ojo, Ticketmaster no es una empresa cualquier, sino que está en el embrión mismo de Liberty Media, el promotor actual de la Fórmula 1.

Liberty Media se escindió oficialmente de Live Nation hace un año, pero su origen empresarial es el mismo y los vínculos actuales son mas que estrechos. Live Nation es uno de los gigantes mundiales de los conciertos musicales en directo y Ticketmaster su gran plataforma de venta.

No hace falta ser un lince, para entender que esa frontera tan difusa entre los precios dinámicos y la reventa la dominan perfectamente. Y también que las autoridades empiezan a mirar con mucha más atención ese terreno.

Pero las entradas son sólo una parte del problema. Hay otras decisiones aparentemente menores que pueden terminar teniendo una importancia enorme para la percepción del aficionado como es la prohibición de introducir comida o bebida en el recinto.

Ni comida ni bebida

Parece ser también, que quién abandona el recinto ya no puede volver. Es decir, una vez dentro el espectador queda prácticamente cautivo. Cuando alguien ha pagado cientos de euros por acudir a un gran premio, no está comprando únicamente dos horas de Fórmula 1, está comprando un fin de semana. Y la diferencia entre sentirse invitado o sentirse exprimido puede ser decisiva.

Aquí aparece el precedente de Valencia. El primer gran premio urbano fue un éxito espectacular de público pero la experiencia del espectador estuvo muy lejos de ser perfecta. Aunque a nivel técnico y organizativo el circuito funcionó a la percepción, la gestión comercial fue manifiestamente mejorable. Las cifras de asistencia del primer año fueron extraordinarias, pero muchos aficionados salieron decepcionados y no volvieron nunca más. La novedad que llena las tribunas el primer año no consigue necesariamente fidelizar al cliente para los siguientes.

Madrid tiene ahora exactamente ese riesgo. El estreno va a ser un acontecimiento histórico y probablemente un taquillazo. Pero quedan nueve años de contrato con Liberty Media y Barcelona seguirá formando parte del calendario de forma alterna.

Por eso la pregunta importante no es cuántas entradas se han vendido para 2026. La pregunta será cuántos de quienes entren este fin de semana estarán deseando comprar otra para 2027 si la experiencia está a la altura o por el contrario se sienten defraudados.