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Los jugadores del Real Madrid en el Mundial de ClubesEFE

La Superliga es el Mundial: Xabi Alonso ante Luis Enrique, Al-Khelaifi vs Florentino y Real Madrid - PSG

  • Enemigos dentro y fuera del campo, con Mbappé y la Superliga como capítulos de un antagonismo personal y visceral, Madrid y París juegan una final anticipada

  • La guerra Real Madrid - Liga no cesa

El Mundial de Clubes es un éxito. Es la verdadera Superliga, transformada en una competición que aúna a los campeones de los cinco continentes. Los duelos del Real Madrid frente a la Juventus y el Borussia Dortmund han acaparado un interés por el torneo que alcanzó su punto fuerte en el magnífico partido entre el PSG y el Bayern de Múnich. Jugaron mejor los bávaros y se clasificó el cuadro de Luis Enrique, que fue letal en el área. Ahora, el duelo entre el Real Madrid y el Paris Saint-Germain es realmente una final anticipada de la Champions, de la pretendida Superliga y del Mundial de Clubes.

Infantino y la FIFA han ganado esta guerra porque han organizado un verdadero Mundial de equipos que ha venido a quedarse para siempre, como la Copa del Mundo de selecciones empezó en Uruguay hace cien años y hoy es la competición que sigue todo el mundo. El Mundial de Clubes es un éxito y lo será más en la siguiente edición, ya instaurado.

El duelo entre el Real Madrid y el PSG será la coronación de este éxito. Toda una final de la Champions que nunca se ha producido se va a vivir en Estados Unidos. Realmente, será una final de la Superliga, esa Superliga que rechaza Al-Khelaifi, y que se vivirá en Nueva York. La semifinal entre Madrid y París es una confrontación por el dominio mundial. Se miden en las semifinales porque el sorteo lo ha querido así.

Mbappé frente a Al-Khelaifi

El duelo de sables entre el Real Madrid y el PSG parece un combate de revancha. Revancha de Nasser Al-Khelaifi frente a Kylian Mbappé, el futbolista que se atrevió a marcharse del club francés con la oposición de un presidente que hizo cosas legales e ilegales con tal de detenerle. En su soberbia, qatarí se negó a traspasar al delantero al conjunto español, que estaba dispuesto a pagar 180 millones por el jugador hace dos años, en agosto. El dirigente árabe se negó y mantuvo a la estrella en su plantilla hasta el pasado verano, dejándole marcharse gratis en julio, hace justamente doce meses, una vez acabado su contrato.

Mbappé protagoniza su primera temporada en el Real Madrid y ha visto cómo el PSG de Luis Enrique ganaba la Champions por primera vez en su historia después de perseguirla durante siete años con él como figura. Kylian se fue al Real Madrid y ha conquistado la Bota de Oro.

Kylian Mbappé hace gol ante el Dortmund con un remate acrobáticoAFP

En esta dualidad, en esta rivalidad, en esta enemistad entre el dirigente qatarí y el futbolista del equipo madrileño, Al-Khelaifi y Luis Enrique se ven por primera vez las caras con Mbappé como adversario. El francés se marchó a la casa blanca y ha presentado una demanda al PSG para cobrar 55 millones que no le han pagado ¿Alguien da más? Pues hay mucho más. Porque una cosa son las inquinas personales de Nasser Al-Khelaifi y otras las amistades fraguadas a lo largo de los años. Kylian es buen amigo de Achraf, de Donnarumma y de Ousmane Dembélé, a quien ha apoyado dialécticamente para que le concedan ese Balón de Oro que tanto desea Kylian. En esta semifinal también se dirime ese Balón de Oro.

Al-Khelaifi frente a Florentino Pérez

Esta contienda entre el Real Madrid y el PSG es más que un partido. Es un cara a cara entre dos grandes clubes, dos grandes plantillas, dos grandes entrenadores y dos dirigentes enfrentados por los intereses del futuro fútbol mundial. Al-Khelaifi apoyó la creación de la Superliga hace cinco años, unido a Andrea Agnelli y la Juventus. Pero Aleksander Ceferin, máximo responsable de la UEFA, cambió el pensamiento del qatarí. Las televisiones árabes firmaron contratos y emitieron la Copa de Europa. El PSG pasó de pujar por la Superliga a defender como nadie a la UEFA, a Ceferin y a la Champions como la mejor competición posible, rechazando el desarrollo de otro torneo.

Florentino Pérez siempre mantuvo la misma postura y no fue veleta. Se erigió en el gran defensor de la instauración de la Superliga, secundado por el Barcelona de Joan Laporta. Ceferin, Al-Khelaifi y Miguel Ángel Gil, responsable del Atlético, se convirtieron en sus enemigos. El antagonismo entre Nasser Al-Khelaifi y Florentino Pérez fue, es, sanguíneo, visceral. El sol y la luna. El qatarí criticó incluso al responsable del Real Madrid por quitarle a Mbappé. No encajó la derrota, hasta el punto de despreciar una propuesta de 180 millones de euros.

Ahora, Pérez y Al-Khelaifi velan armas ante un partido por la conquista del primer gran Mundial de Clubes. Los dos compiten por ser el mejor equipo del mundo tras un campeonato con los mejores conjuntos de todos los continentes, los ganadores de los últimos cuatro años en todo el planeta. El Real Madrid y el PSG se ven las caras por el reinado mundial del fútbol, del balompié.

Luis Enrique frente a Xabi Alonso

El combate entre Madrid y París por la corona mundial es apoteósico y tiene muchas vertientes, personales y futbolísticas. Se miden también Luis Enrique y Xabi Alonso. El asturiano vino a París a conseguir la Copa de Europa para el PSG y por fin lo ha logrado, tras ser semifinalista en su primera intentona. Lo ha hecho, además, después de predecir que su PSG sería mejor sin Mbappé, porque todos harían la labor defensiva que exige. Ahora pretende confirmar el éxito con el triunfo en el Mundial de Clubes.

Xabi Alonso debutó en el Real Madrid hace un mes y su objetivo es recuperar el liderazgo internacional del equipo que históricamente lo ha ostentado. El Mundial de Clubes y la Champions eran los dos grandes retos del Real Madrid al comenzar este curso. Eliminado por el Arsenal en Europa, el objetivo es el torneo organizado por la FIFA. Xabi tomó el testigo de Ancelotti en junio para intentar esta victoria. Luis Enrique y Xabi Alonso se retan a duelo en el campo como referentes directos de esta guerra institucional entre las dos entidades. Ambos saben, para colmo, que hay cuentas pendientes entre los jugadores.

Una herida no curada en el PSG

Xabi Alonso y Luis Enrique vieron por televisión aquella proeza del conjunto blanco frente al Paris Saint-Germain en el Bernabéu. Se produjo el 9 de marzo de 2022, en los octavos de final de la Copa de Europa. Fue la primera de las tres noches épicas que llevaron al Real Madrid a la consecución de 'La Décimocuarta'.

Mbappé era la verdadera estrella de la escuadra francesa, ya por encima de Messi y de Neymar. De hecho, había marcado el gol en el encuentro de ida tres semanas antes. Llegaba el PSG a Chamartín con un tanto de ventaja y todo el favoritismo. Esa condición creció aún más cuando Kylian anotó también el 0-1 en el coliseo madridista en el primer tiempo. Al descanso se llegaba con dos dianas de margen para el equipo parisino. Y en la segunda parte se escribió una de las grandes páginas de la historia de la Champions. De francés a francés y tiro porque me toca.

Los hombres de Ancelotti salieron a por todas, a generar situaciones de gol con la experiencia que solo tiene esta casa en esta competición. Todo empezó con una presión de Benzema sobre Donnarumma, al borde del área pequeña. El delantero creyó en sus posibilidades y se echó encima del guardameta italiano, que perdió el control de la pelota, despejó mal, Vinicius interceptó el esférico y dio el paso de la muerte para que Karim anotara el empate ante un graderío enardecido.

Benzema y Donnarumma, en el partido Real Madrid - PSG de 2022Europa Press

El público llevó en volandas a los suyos desde ese momento. Benzema firmó el 2-1 tras un pase perfecto de Modric. Y nada más sacar de centro el PSG, el Real Madrid robó el balón y una internada de Vinicius acabó en un mal despeje de Marquinhos y en un toque certero de Benzema para rubricar el 3-1. La gesta fue, es, inolvidable.

El hundimiento del PSG fue increíble, aturdido por la secuencia de golpes en diecisiete minutos infernales. Al-Khelaifi bajó a los vestuarios y se fue a por el árbitro, que no tenía culpa de nada. La UEFA, por supuesto, no sancionó al amigo de Ceferin.

Ahora, todas esas cuentan pendientes se ponen sobre el tapete en Nueva York. Donnarumma no puede olvidar su error. Ni Marquinhos su mal partido. Al-Khelaifi quedó traumatizado por aquella remontada de su mayor enemigo. Y Mbappé juega ahora en el otro lado del frente. Todos son ingredientes que hacen de este partido un enfrentamiento único, insuperable, entre dos equipos y dos dirigentes antagónicos, con Luis Enrique y Mbappé enfrente. No se puede pedir más. La cita es por el reinado del fútbol. La cita es Mundial.