Los jugadores del Albacete celebran la victoria al finalizar el partido de octavos de final de la Copa del Rey
Las lágrimas de Jesús Vallejo tras ganar con el Albacete al Real Madrid
El exdefensa madridista no pudo contener las lágrimas tras la victoria del Albacete, pese a no poder jugar por molestias musculares
La Copa del Rey le pega un 'Albacetazo' a un Real Madrid al que no le valió solo con el escudo en el Belmonte
La noche del 'Albacetazo' en el Carlos Belmonte no solo quedará en la memoria del fútbol español por la sorprendente eliminación del Real Madrid en la Copa del Rey. También será recordada por una imagen profundamente humana: Jesús vallejo rompiendo a llorar sobre el césped abrazado a sus compañeros, desbordado por una emoción imposible de contener. En medio de la euforia colectiva del Albacete tras vencer 3-2 al conjunto blanco, las lágrimas del defensa aragonés se convirtieron en el símbolo de una victoria que fue mucho más que un resultado deportivo.
Vallejo vivió el partido desde el banquillo. Unas molestias musculares le impidieron participar en el encuentro, pero eso no le alejó ni un segundo de la tensión del duelo. Cada ocasión, cada ataque del Real Madrid y cada avance del Albacete fueron seguidos por el defensa con una intensidad casi física. Y cuando en el minuto 94 llegó el gol que sellaba la clasificación manchega, Vallejo saltó al campo como uno más. En unos segundos paso de la incredulidad a la euforia, y de ahí a un llanto sincero que reflejaba todo lo que había detrás de ese momento.
La imagen fue potente, un jugador experimentado formado en la élite incapaz de contener las lágrimas tras eliminar al club que marcó una parte crucial de su carrera. Durante años perteneció al Real Madrid, club que apostó por él como uno de los defensas españoles con mayor proyección. Sin embargo, entre cesiones, falta de continuidad y lesiones nunca logró asentarse definitivamente en el primer equipo blanco. Su salida en busca de minutos y estabilidad lo llevó al Albacete donde ha recuperado protagonismo, confianza y sobre todo la sensación de sentirse importante.
Por eso ganar al Real Madrid no fue para el un triunfo más. Fue una especie de revancha silenciosa, no contra personas concretas, sino contra las dudas, las dificultades y los años en lo que su carrera parecía estancada. Sus lágrimas no fueron de rencor, sino de emoción y liberación. De sentir que, al fin, el esfuerzo tenía recompensa. Que su camino, aunque lejos del foco mediático del Bernabéu, también podía conducir a noches grandes.
El contexto del partido hizo aún más especial el momento. El Real Madrid llegaba como claro favorito, con una plantilla plagada de estrellas y con la obligación histórica de avanzar en Copa. Pero el Albacete, empujado por su afición y por una fe inquebrantable, planteó un partido valiente, intenso y sin complejos. Cuando llegó el gol definitivo en el tiempo añadido, el estadio explotó en una celebración que parecía no terminar nunca. Y en medio de ese caos de abrazos, gritos y bengalas emocionales, apareció Vallejo, con los ojos enrojecidos y la voz quebrada, fundiéndose con sus compañeros.
Los jugadores del Albacete celebran el tercer gol durante el partido de octavos de final de la Copa del Rey
Las cámaras no tardaron en captarlo. Las redes sociales se llenaron de vídeos del central llorando y celebrando, y los comentarios no tardaron en multiplicarse. Muchos aficionados destacaron la honestidad de su reacción, la autenticidad de un futbolista que, pese a haber pasado por uno de los clubes más grandes del mundo, no ha perdido la sensibilidad por el juego ni por las segundas oportunidades.
Mientras el Real Madrid asumía una eliminación dolorosa y abría un nuevo frente de críticas internas, el Albacete vivía una de las noches más felices de su historia reciente. Y dentro de esa historia quedará para siempre el rostro de Jesús Vallejo, un jugador que no marcó, no asistió ni disputó minutos, pero que se convirtió en protagonista absoluto de la emoción.