Álvaro Arbeloa, en un partido en el Santiago Bernabéu
El objetivo de Arbeloa está en marcha: recuperar a todas las estrellas y gestionar los egos
Todos lo han pasado mal, todos han sido muy criticados y el entrenador les ha pedido un paso adelante que están dando
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El Real Madrid nunca se relame en las heridas. No es victimista. Asume que tiene muchos enemigos en contra y, cuando pierde, sabe que debe mejorar sus prestaciones, trabajar más, rendir más y saber sacar mejor su talento, porque en bastantes ocasiones el problema es que no aflora su calidad por diversas circunstancias, empezando por las dolencias físicas y acabando por las anímicas, porque para quien no lo sepa el fútbol es un estado de ánimo.
Es el cometido que se impone Álvaro Arbeloa: recuperar anímica y físicamente a un equipo que si se encuentra bien es capaz de todo. El Real Madrid solo puede aspirar a los títulos si sus futbolistas están unidos y sienten confianza y seguridad en sí mismos, porque aúnan mucha calidad para darlo todo. El entrenador sabe muy bien que si sus hombres se encuentran mentalmente al cien por cien pueden pujar por la Champions y la Liga. Los futbolistas del Real Madrid lo han demostrado muchas veces desde que Di Stéfano llegó hace tres cuartos de siglo y han vuelto a ratificarlo durante este siglo con las siete Copas de Europa ganadas con Florentino Pérez al mando.
El nuevo técnico se ha dedicado desde el primer día a explotar lo mejor de cada uno de sus pupilos y se ha centrado especialmente en seis hombres que lo necesitaban: Rodrygo, Vinicius, Bellingham, Huijsen, Camavinga y Mastantuono. Con ellos puede obtenerse todo. Sin ellos es imposible. Se habrá dado cuenta el lector que hablamos de seis profesionales que son titulares o pueden serlo. Frente al Mónaco fueron protagonistas todos menos Rodrygo, ausente por lesión. Arbeloa quiere que los seis retornen a su mejor versión porque afectan a la delantera, el centro del campo y la defensa.
Arbeloa es un tipo inteligente. Es novato en el cargo, pero que nadie les engañe: carga encima con mucho bagaje aprendido, adquirido como canterano, como futbolista del primer equipo y como técnico. Suma veinticinco años en el club con mayor presión del mundo. El salmantino se centra en esos profesionales de su plantilla porque los seis han sufrido demasiado. Los seis han sido muy criticados. Los seis han sido silbados, especialmente Vinicius y Bellingham. Otros, como Rodrygo y Camavinga, se han visto puestos en el mercado durante bastante tiempo. Y los jóvenes como Huijsen y Mastantuono han tenido que escuchar que para qué han venido, que no dan el nivel del Real Madrid.
Es el precio que se paga por pertenecer a este club, una casa en la que no se permiten periodos de transición, no hay compás de espera, no se espera a nadie. Hay que rendir al máximo desde el primer día y si no se consigue rápidamente caen los catorce palos del flamenco. Caen palos por todos los lados, por el fondo norte y por el fondo sur, por el Paseo de la Castellana y por Padre Damián. Es el Real Madrid. Nadie mejor que Arbeloa entiende esto, pues lleva todo este siglo en la casa.
Bellingham: coger la batuta
Arbeloa sabe que Jude Bellingham es rocoso mentalmente. Se le ha pitado por considerarle uno de los culpables del adiós de Xabi Alonso. Como dijo Mbappé, la mayoría de las cosas que se escuchan son mentira. Arbeloa está encima del inglés porque quiere que sea el hombre fuerte del centro del campo. Es un líder de carácter y desea que coja la batuta y lleve al equipo con su personalidad. Lo está consiguiendo. Ha mejorado en estos dos últimos encuentros, los primeros con Álvaro al frente.
Huijsen ha jugado lesionado, dolorido, y ha vuelto. Doloroso es para un joven escuchar toda clase de críticas después de dar un enorme rendimiento. Militar en el Real Madrid es cruel, duro, no hay comprensión. Su flojo rendimiento en Liverpool, donde ningún madridista jugó bien, le llevó a una ristra de críticas que se mantuvieron en el tiempo porque saltó al césped lesionado y dolorido en diversos partidos. Había momentos en los que no podía esprintar porque le dolía.
Que no hubiera jugado, pensará el lector. La plaga de lesiones en la defensa obligaron a hacer muchas cosas. Es pasado. Arbeloa ha cogido el toro por los cuernos y le ha inyectado mucha confianza. Su evolución es elocuente, visible. Ensalza al entrenador por el apoyo que ha sentido, la ayuda que un futbolista necesita y que un jugador joven requiere todavía más. Arbeloa fue cocinero antes que fraile. Ahora Huijsen habla de aspirar a los títulos, cosa que no se pensaba en el vestuario hace diez días. El Real Madrid ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Pintus y Arbeloa han pintado otro paisaje.
Dean Huijsen, en el Real Madrid - AS Monaco
Mastantuono: un máster a los dieciocho años. Lo único bueno de sufrir tantas críticas es que curten a un futbolista muy pronto y sobre todo si tienes 18 años. En una empresa como el Real Madrid o superas este acoso o te hundes. Si pasas este duro examen, maduras de manera ostensible para convertirte en un jugador importante de la entidad. Es el proceso que vive el argentino. Titular en los primeros meses de la temporada, una lesión de pubis le quitó el protagonismo.
Le ha costado reintegrarse, pero Arbeloa cree en él. Franco tiene talento y el entrenador quiere sacarlo y verlo sobre el tapete verde porque el argentino posee condiciones para ser un hombre relevante en el equipo. Arbeloa piensa que puede ser titular como un tercer punta que se transforma en un cuarto centrocampista en defensa. Un jugador que entra en diagonal hacia el área y posee clase para hacer paredes y triangulaciones que rompen las murallas rivales.
Recuperar a Vinicius
El mejor ejemplo de este trabajo de Arbeloa para recuperar lo mejor de sus hombres lo constatamos en Vinicius. Tampoco fue casualidad que el número '7' firmara un gol y diera otros dos en la Champions. Lo primero que hizo el brasileño fue abrazarse al entrenador. Arbeloa ha demostrado todo su saber en esta labor de cuidar al carioca. El preparador ha plasmado sabiduría al tratar personalmente a un futbolista que hace un año era el mejor del mundo y que para volver a serlo necesita mimos, atención. Le ha dado todo su apoyo, en conversaciones particulares.
Eduardo Camavinga ha vivido un proceso distinto a todos. Ha jugado con Ancelotti y con Alonso, pero nunca se ha asentado en ninguna posición. Quizá porque sea un hombre multiusos. Arbeloa cuenta con él como titular. Pretende que sea su interior izquierda. Y le utiliza como lateral izquierdo falso, mediocampista encubierto, cuando hace falta y sabe que el contrario solo presenta uno o dos puntas. El responsable del plantel le ha dejado claro que será protagonista con él y Eduardo está adquiriendo de nuevo confianza.
Por último, Arbeloa se ha propuesto que Rodrygo sea el de La Décimocuarta. El paulista vivió una mala época el año pasado y ahora está recuperando su fulgor. Fue, el suyo, un problema que trascendía lo futbolístico y ya lo ha superado. Xabi Alonso le apoyó siempre y Arbeloa va a continuar esa labor. El salmantino pretende reeditar al mejor Rodrygo, el delantero que marca goles importantes y los da. Está en ese camino de volver a ser el de antes. Los seis futbolistas están en ese proceso. Y en la cocina ya se habla de aspirar a los títulos. Algo se está haciendo bien en Valdebebas.