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Arbeloa da indicaciones a sus futbolistas durante el partido frente al ValenciaEFE

La estrategia secreta de Arbeloa: recuperar el lema de «ganar por encima de todas las cosas»

  • El técnico ha conseguido que los jugadores se sientan de nuevo importantes y que reivindiquen que el objetivo es «ganar como sea»

  • Los motivos que han llevado a la plantilla del Real Madrid a celebrar una cena de unión

La cúpula del Real Madrid está sorprendida con la gestión de Arbeloa. Ha recuperado todas las esencias históricas del madridismo con una inteligencia inusual. Está claro que es un hombre formado en el Real Madrid desde niño. Entró en el club hace un cuarto de siglo y eso tiene un visado a favor para trabajar en la casa. Pero no se esperaban que fuera tan dúctil para adaptarse camaleónicamente al equipo y gustar a casi todos los futbolistas e intentar convencer a casi todos, porque es obvio que a todos es imposible de agradar, pues no todos pueden jugar los partidos que quieren. No hay minutos suficientes para todos. Lo importante es que el cogollo del Real Madrid está con él.

Dichas las verdades por delante, es muy importante lo que ha hecho el entrenador. Ha cautivado a la mayoría de los jugadores, a 18 al menos, que son los que más juegan. Es listo este tipo. Ha inculcado la idiosincrasia ganadora del club de golpe, en 30 días. Ha reeditado ese gen ganador en la mente de los futbolistas.

Seamos sinceros. En el último año con Ancelotti y durante los seis meses con Xabi Alonso no vimos ese gen ganador en las cabezas de los profesionales. Tras ganar la Champions y la Liga hace año y medio con Carlo, ese ardor por la victoria se había perdido por culpa de la plaga de lesiones y de las derrotas sufridas las pasada temporada.

Los malos resultados, porque ser segundo es un mal resultado en el Real Madrid, habían minado la moral de muchos futbolistas. La Supercopa perdida ante el Barcelona con Xabi Alonso al mando repetía esa situación psicológica, ambiental. El barcelonismo no tenía preocupación con el Real Madrid del guipuzcoano porque jugaba echado atrás y ya está. No había peligro para Laporta y Flick. Demasiados integrantes de la plantilla madridista habían perdido la confianza.

El Real Madrid eligió a Arbeloa para cambiar todos esos sentimientos, todas estas sensaciones, todo este ambiente de no ser líder de nada.

La reacción comenzó con Arbeloa

Arbeloa entró a la dirección y todo empezó a cambiar poquito a poco, pero día a día. Cayó en la Copa nada más entrar, sin ser culpable de nada, y sus reuniones con la plantilla comenzaron a restaurar el aura del equipo. Se ganaban los partidos de Liga, a pesar del público. Pero se perdió en Lisboa. El ganador de 15 Champions quedó fuera del «topocho», ese futbolista que Simeone rechazaba fichar en Turquía.

No estaba entre los ocho primeros de Europa y deberá atacar una eliminatoria clasificatoria contra el mismo Mourinho. La situación se agravó ambientalmente con los silbidos del Bernabéu en dos partidos y a tiempo completo, antes, durante y después de cada encuentro. Los jugadores estaban en el césped con la mirada perdida y se aturullaban ante los pitidos. Pero el trabajo del nuevo técnico se notó con la reacción de los futbolistas. En los intermedios de esos partidos en el Bernabéu se dijeron cositas fuertes en el vestuario y salieron a por todas. Y ganaron jugando contra ochenta mil personas en la grada y once rivales en el campo. Ese fue el comienzo de la remontada total. Deportiva, física y mental.

La revolución interna surgió en momentos concretos que marcan el devenir de un entrenador y de una plantilla. Sitio: el Bernabéu. Contrincante: el Rayo Vallecano. Los hombres de Arbeloa sufrieron muchos silbidos cuando el cuadro franjirrojo empató en Chamartín. Pero los líderes de la plantilla ya habían hablado con el grupo en el vestuario. El técnico les dijo durante muchos días y antes del encuentro estas palabras: «Sois el Real Madrid, vuestra calidad puede ganar a cualquiera, debéis confiar en vosotros mismos, volver a creer en sí mismos».

Eso mismo fue lo que argumentaron los futbolistas en el intermedio del partido ante el Rayo. Y ese paso adelante psicológico se notó en el césped frente a los vallecanos, a pesar de los pitos. Los jugadores reaccionaron y ganaron al límite de lo imposible, como sucedió tantas veces en las remontadas históricas.

La victoria reforzó esa sensación de poder por primera vez en mucho tiempo. Gestos de rabia. Puños cerrados. Un triunfo de coraje y perseverancia. Vimos en el semblante de los futbolistas una frase no escrita: si queremos, podemos. Es uno de los lemas del Real Madrid. Habían recuperado la esencia.

Ganar, es el único del Real Madrid

Arbeloa es el culpable de restablecer ese convencimiento. Y los futbolistas, en la caseta, habían reafirmado esa necesidad de volver a ser el Real Madrid de verdad. Fue el comienzo de un cambio que ahora observamos diariamente. Lo comprobamos en Valencia.

Se otea en el horizonte madridista otro espíritu. El enclave es mantenerlo en el tiempo para confirmar que ha vuelto el Real Madrid. Es listo este Arbeloa. Lo que ha hecho es reeditar la esencia del Bernabéu. Ha convencido a sus hombres que pueden ganar a todos los rivales si no dudan de sí mismos. Lo más importante es que ha hecho resurgir mentalmente en el equipo un mantra inviolable de la idiosincrasia madridista: ganar por encima de todas las cosas.

Los futbolistas lo definen de una manera más cruda: ganar como sea. Y así hay que vencer a la Real Sociedad y al Benfica de Mourinho. Ese mantra resucita en el vestuario porque todos saben que superar la eliminatoria de Champions marcará el devenir de la temporada y del futuro de todos.