La oportunidad, que no dejarán pasar, para que la selección española no vuelva a Cataluña
El objetivo del nacionalismo catalán, en el que el socialismo es colaborador necesario y activo, es eliminar todo vestigio de España en Cataluña, que todo lo español parezca extranjero y ajeno
Imagen del once de España ante Egipto, con el estadio lleno de banderas españolas
Los canticos en el España - Egipto sobre los musulmanes son inaceptables. Incluso es posible que con el protocolo antirracista en la mano se hubiera debido interrumpir el partido. Pero realizada la denuncia, sin matices ni justificación, vayamos a lo que realmente importa al statu quo y al independentismo catalán, que en esencia coinciden en casi todo.
Seamos igual de claros en la denuncia del racismo como con todo lo que ha sucedido desde el martes por la noche, desde que terminó el partido: España ha jugado en lo que va de siglo solo en tres ocasiones en Barcelona, en 2004, en 2022 y hace dos días.
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Para el nacionalismo político catalán que España juegue en Cataluña es una ofensa, es intolerable y es inaceptable. De hecho, de los tres partidos, dos se han celebrado en el estadio del Espanyol y el otro en el estadio olímpico, cuando era sede del Espanyol. En este siglo España nunca ha jugado en el campo del Barcelona porque simplemente no es bienvenida. Solo hay que ver qué pasa cuando el FC Barcelona llega a una final de la copa del Rey, qué banderas llevan los aficionados, qué cánticos hay y qué pasa cuando se interpreta el himno nacional.
Desde que sonó el silbato final del partido contra Egipto ha caído sobre los asistentes un ataque dual. Por un lado, desde el Gobierno de Sánchez –que también se llevó la dedicatoria de una parte de los cánticos– se acusa a los asistentes de ultraderechistas. Olvidan aquellos que han tenido, desde el Gobierno, el dedo fácil para escribir en X que el estadio que albergó el encuentro está en Cornellà –ciudad gobernada por el PSC– con una amplia mayoría y que el evento contó con el apoyo de los muy ¿ultraderechistas? Ayuntamiento de Barcelona y Generalitat de Cataluña. Los que acudieron al partido, para lástima de Sánchez y su troupe, no son votantes de Ayuso ni de Abascal, por estadística y geografía: son mayoritariamente sus votantes.
Por otro lado, los ataques más feroces al público han venido del independentismo, desde Puigdemont hasta su último cargo electo o aspirante a paniaguado no han dejado de afirmar que en el estadio se vio la verdadera faz de los españoles.
Olvidan todos ellos que lo que más se oía hablar en el estadio era catalán y que los asistentes no eran de Almendralejo ni de Sigüenza, sino de Cornellà, Santa Coloma, L’Hospitalet, Manresa, Tarragona, Reus, Barcelona, Sant Cugat, Terrassa, Badalona o Mataró, todas ellas ciudades catalanísimas. Seamos sinceros, para el independentismo ver un estadio, en Cataluña, lleno a rebosar de catalanes con banderas de España y vibrando con el himno nacional es más de lo que pueden soportar… y comprender. ¡Hay que evitar que eso vuelva a suceder y ahora tienen su oportunidad¡
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El objetivo del nacionalismo catalán, en el que el socialismo es colaborador necesario y activo, es eliminar todo vestigio de España en Cataluña, que todo lo español parezca extranjero y ajeno. Es bueno preguntarse: ¿Algún medio de comunicación de los de más audiencia en Cataluña retransmitía el partido? No. ¿Algún medio de comunicación catalán habla habitualmente de la selección española? No, excepto para comentar el desempeño de los jugadores azulgranas... Y ahora, en cambio, para presentar a los asistentes al partido como una especie de facinerosos, inadaptados y para afirmar que no son catalanes. Esos mismos medios que tratan a la selección española como algo ajeno y no noticiable la llevan a portada y a abrir informativos.
Los socialistas de la Moncloa y los separatistas de Barcelona no solo coinciden en su interés en apoyarse mutuamente para mantenerse en el poder, también comparten la molestia que les generan los catalanes que, para fastidio suyo, agotan el billetaje para ir a un partido de la selección en solo 72 horas. Son un tipo de gente que quizás no es mayoría social en Cataluña, pero son muchos, parecen ser cada vez más y el poder no comprende de dónde salen ni porque no solo resisten sino que aumentan.
Los muy desafortunados gritos son una oportunidad de oro para que España tarde otras dos décadas en volver a Cataluña. Eso es lo que desean con todas sus fuerzas aquellos que no quieren a España y por ese motivo el próximo partido de España en Cataluña debería ser cuanto antes.
Ningún medio catalán abre informativos con los pitos al Rey y al himno cuando juega el Barcelona la final de Copa, y si lo hacen es para mostrar la desafección de los catalanes a España y para justificar esos silbidos. Son, cuando eso sucede, síntoma de desafección y protesta democrática… Pero si pasa algo parecido cuando juega España en Cataluña, lejos de ser síntoma de nada analizable, es muestra de intolerancia racista. Doble vara de medir, pero que nadie se llame a engaño: menos España en Cataluña es más intolerancia y menos libertad.