Kylian Mbappé, durante el Real Madrid - Real Oviedo
Mourinho tiene un reto: conseguir que Mbappé tenga al Real Madrid como prioridad y no vaya por libre
En Valdebebas se espera ya al portugués para poner orden en un vestuario roto desde que Vinicius y Valverde se enfrentaron a Xabi Alonso
El origen del conflicto entre Arbeloa y Mbappé: jugar «con esmoquin» y una suplencia que no entendió
Que Mourinho venga ya, por favor. En las esquinas discretas de Valdebebas no se habla de otra cosa. Y en la cocina blanca, donde se lavan los trapos sucios, se sueña con un imposible: que Mou venga hoy mismo para acabar con una guerra civil que explota diariamente por flancos inesperados aunque el presidente haya querido apagar todos los fuegos dando la cara para concentrar en su odiada persona todas las críticas.
Sí, porque Florentino Pérez no solo salió para anunciar las elecciones y para contestar a los que dicen que su salud se resquebraja. Salió para desviar la atención del jaleo de la caseta y centrar los palos en su persona. Pero no ha sido suficiente. El vestuario del Real Madrid, desbocado y sin control, vuelve a la guerra cada semana. Sí, Mourinho es necesario como agua de mayo. En Valdebebas alucinan con todo lo que está sucediendo. Lo que ocurre en la cocina del Real Madrid es insoportable. Si el club pone un circo le crecen los enanos. El ambiente del vestuario es tenso porque se suceden los enfrentamientos, sean físicos o sean dialécticos.
De Valverde a Tchouameni pasando por Rüdiger y Carreras para llegar a esta nueva afrenta inesperada: Mbappé contra Arbeloa. Todos los hechos demuestran una falta de disciplina y de respeto que Mourinho debe atajar y atajará cortando por lo sano de golpe y porrazo. En la casa blanca se augura que a Mourinho no se lo comerán, como han hecho con Xabi Alonso y Álvaro Arbeloa. Los profesionales del club que viven día a día el trabajo del entrenador y los jugadores analizan el ataque de Mbappé a Arbeloa como un combate público sin sentido que solo daña al Real Madrid. Kylian y Álvaro se ajustaron las cuentas.
A la estrella del equipo le molestó no ser titular y le pasó factura al técnico diciendo que con Xabi Alonso había una mejor estructura de equipo, asegurando además que Arbeloa le considera el cuarto delantero de la plantilla. Esta última frase era una crítica falsa. Arbeloa le dijo al francés que después de no jugar en Barcelona por unas molestias en los isquiotibiales no era lógico que fuera titular tres días después, porque había otros futbolistas que estaban físicamente mejor, como Gonzalo, Vinicius y Mastantuono. El entrenador le dijo al Pichichi de la Liga que saldría en el segundo tiempo frente al Oviedo para ser titular este domingo en Sevilla.
Este plan de Arbeloa con Mbappé no lo relató el número '10' a la prensa. Lo tapó intencionadamente. Esta medias verdades demostraron una falta absoluta de elegancia del parisino con un preparador que deja el cargo en siete días. Porque no hablaría así si Arbeloa continuara siendo el responsable del banquillo la temporada próxima. En Valdebebas se subraya que Mourinho es imprescindible para imponer un orden y una disciplina que no existe en el vestuario.
Una falta de respeto al Real Madrid
Muchos profesionales de la entidad consideran que este ataque de Mbappé contra Arbeloa es el colofón de una falta de respeto inadmisible al presidente y al club. Florentino Pérez se ha quemado saliendo a la palestra para tapar comportamientos impresentables de varios futbolistas y la respuesta es esta actitud egoísta de la figura del plantel con el entrenador, abriendo de nuevo una guerra civil que desvela la existencia de una plantilla dividida en dos grupos por el despido de Xabi Alonso.
El destrozo interno que vive el vestuario del Real Madrid confirma la existencia de dos bandos muy marcados en una guerra que comenzó cuando Vinicius y Valverde demostraron su oposición a Xabi Alonso, camino del despido del vasco. Mbappé, Camavinga, Carreras, Asencio y Tchouameni defendían el proyecto futbolístico del guipuzcoano. Vinicius y Valverde por un lado y Mbappé y Tchouameni por el otro. El lector entenderá por qué han pasado cosas tan graves, contadas a la prensa por un futbolista que se marcha y que lidera el tercer frente interno, el de los que no juegan casi nunca.
Mbappé y Arbeloa, en un partido en el Bernabéu
El chivato, el topo, el traidor a la empresa que le paga millones y millones desde hace años, es el otro gran culpable de esta crisis. El mal ambiente se instaló en el vestuario cuando el enfrentamiento de Vinicius con Alonso en el clásico fue el preludio de una muerte anunciada. Xabi se marchó en enero. Mbappé y Tchouameni criticaron el enorme egoísmo de los enemigos de Alonso, que hicieron todo lo posible hasta echarle. Les acusaron de pensar solo en ellos mismos y no pensar en el equipo. De aquellos barros vienen estos lodos. La fractura es total. Lo que ha hecho Mbappé ahora es pasar factura de aquella crisis, pero de manera nada elegante, al rematar a un moribundo deportivo que es Arbeloa.
No demuestra valentía porque esto no lo haría si el salmantino continuara el próximo curso. La factura que la estrella del equipo le pasa al técnico tiene un precio muy caro para Arbeloa. Este antagonismo descarta al salmantino para que sea el hombre del club que trabaje dentro del organigrama de Mourinho. El francés ha hilado muy fino, tirando a dar.
Toda esta temporada desastrosa en el ambiente interior del vestuario significa que Mourinho tiene un gran objetivo: unificar una plantilla rota y conseguir que Mbappé ponga al Real Madrid como prioridad de sus actuaciones. Que piense en el Real Madrid por encima de sí mismo. Que asuma que es la bandera del club y que debe de comportarse como estandarte de la entidad.