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Jose Mourinho, durante el partido de LaLiga entre Espanyol y Real Madrid

Jose Mourinho, durante el partido de LaLiga entre Espanyol y Real MadridEFE

Mourinho tiene fe ciega en el potencial del equipo y cree que solo falta fondo físico para brillar

Seguridad y confianza en el sistema de juego y en el trabajo. Fe en los jugadores. La ilusión se palpa en ellos y esa es la antesala para triunfar. Tranquilos, esto no ha hecho más que empezar y lo importante es ganar mientras el equipo se conjunta y los mundialistas adquieren el nivel físico necesario. José Mourinho está más calmado, sí, y lo evidencia con una confianza en el potencial del equipo que transmite al exterior y que inyecta desde el interior de la cocina.

El entrenador del Real Madrid está seguro porque los sus pupilos le demuestran que están preparados para ser titulares. No tiene once fijos, cuenta con veinte hombres capaces de formar el once inicial. En Barcelona participaron dieciséis y los cinco cambios del segundo periodo fueron clave para rematar los tres puntos. A estos jugadores hay que sumar a Brahim, Tchouaméni, Rüdiger y Endrick, que son otros protagonistas importantes que no estuvieron en el estreno liguero. El técnico blanco tiene el bendito problema. Bueno para el Real Madrid.

Cuando todos sus hombres obtengan la condición física veremos al verdadero Real Madrid. Es el mensaje del responsable de la plantilla. Ahora le toca ensamblar a Bernardo junto a Valverde, a Bernardo con Tchouaméni, y conseguir que el sistema de dos pivotes cuaje. Para ello necesita que todos defiendan desde el momento que el balón es del contrario. Diomande y Bellingham acaban de llegar y presionan de manera magnífica, porque lo llevan incrustado de serie. Esa labor hay que extenderla al resto, a todos los mediocampistas y delanteros.

Vinicius debe sumarse a ese trabajo, aunque le duela la espalda por sufrir patadas sin balón con el árbitro mirando Netflix. Sucedió nada más empezar y lo que pudo ser una expulsión se quedó en nada. Ni reprimenda al agresor. Esta es una historia que Mourinho incluye en el sistema estratégico, porque la dureza y las artimañas para frenar como sea al brasileño perjudican ostensiblemente el despliegue ofensivo de su esquema.

Nadie es imprescindible

Mourinho desea el bendito problema, sí. Le encanta. Es lo que ha provocado con la sabiduría del viejo diablo. El luso tiene un exceso de oferta para los diez puestos de campo. Es lo que pretende. Por eso subraya que lo más importante es que quienes no son titulares en el once inicial asimilen mentalmente que también lo son, porque van a jugar y mucho. El fútbol ha cambiado enormemente. Es muy diferente. Ya no hay once titulares y once reservas. Hoy en día no hay fijos.

El portugués imprime psicológicamente en sus pupilos la idea de la doble titularidad. Quienes entran en los segundos tiempos son igual de importantes y son fundamentales, como se vio en la primera jornada de Liga. Incluso pueden ser más determinantes que los elegidos en la alineación inicial como demostró Carlos Espí. Autor del gol decisivo. Estuvo unos minutos en el césped para ser la clave y rubricar el trabajo de los teóricos titulares con un golpe de magia en el momento fundamental del éxito. Así se escribe la historia.

Carlos Espí celebra el gol de la victoria contra el Espanyol

Carlos Espí celebra el gol de la victoria contra el EspanyolAFP

Mourinho sonríe porque sufre el bendito problema. Todos están con hambre, como él. Para el técnico sería fácil hacer alineaciones si varios futbolistas se hundieran mentalmente por no ser titulares. Trabaja con ellos para que ninguno se rinda, porque si entrenas bien jugarás. Si eres competitivo tendrás minutos. Y ahora mismo observa a veinte hombres preparados. Hemos hablado de Bernardo como eje, pero el lisboeta no podrá jugar siempre y Güler cogerá su testigo en rotación. Tchouaméni también estará en ese doble pivote. Y Mourinho dice que cuando estén Camavinga o Tchouaméni en esa línea, Valverde podrá subir y disparar. Habla de los tres en esa ocasión y no cita ni a Bernardo ni a Güler. Para que vean que hay cinco nombres para dos posiciones.

Güler y Bernardo también pueden jugar por la derecha y serán el relevo de Bellingham en la media punta. Bendito problema. Mourinho piensa que para eso le pagan, para elegir. Ha hablado claramente con el grupo y ha dicho que cuenta con todos si se entregan. Espí y Brahim, que no debutó en Barcelona, son buenos ejemplos de esa ilusión por jugar en el Real Madrid.

De Diomande a Cucurella

El entrenador señala que veremos mejor su sistema cuando los mundialistas adquieran la forma. Su idea es realizar una presión general desde arriba con emparejamientos individuales de los que cada uno es responsable. El mantra táctico es que si no dejas sacar el balón jugado al rival no sufres en defensa y juegas siempre en campo contrario. Diomande, Bellingham y Cucurella, un hombre por línea que trazan una diagonal de derecha a izquierda y de arriba abajo, son importantes en esta labor de zapa. Los tres defienden muy bien y serán baluartes en la presión y en el ataque.

Dobles pulmones de tres portentos biológicos. Los mundialistas se encuentran físicamente al ochenta por ciento y el objetivo es ir ganando partidos mientras se acercan al máximo nivel aeróbico. El reto es vencer a la Real Sociedad y al Málaga en el Bernabéu para acudir al Villamarín con nueve puntos y en una condición superior. Cinco días después del duelo frente al Betis comienza la Champions.

El claro objeto de deseo de Mourinho, Mbappé, Diomande, Cucurella, Bernardo, Konaté, Dumfries y Espí, cada uno por distintas razones pero todos con un argumento: conquistar la Copa de Europa con el Real Madrid. Con el club que la hizo grande y viceversa. Pero ahora le toca vencer a la Real Sociedad y al Málaga en la presentación de Mourinho y de los seis fichajes en el Bernabéu.

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