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Federico Valverde of Real Madrid CF in action during the Spanish League, LaLiga EA Sports, football match played between Real Madrid and Malaga CF at Bernabeu stadium on August 30, 2026, in Madrid, Spain.

Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press
30/8/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN

Fede Valverde, en acción durante el partido frente al MálagaAFP7 vía Europa Press

La transformación de Valverde: deja el perfil de gregario para convertirse en el brazo comunicante de Mourinho

El cuartel general de Valdebebas le considera un canterano. Fue fichado siendo menor de edad. El Real Madrid pagó cinco millones al Peñarol y lo dejó en el conjunto aurinegro hasta que cumplió los 18. Inmediatamente viajó a Madrid. Militó en el Castilla y fue cedido al Deportivo, donde las lumbreras de Riazor lo dejaron en la suplencia. No podía ser verdad, pero lo fue. El Real Madrid lo recuperó para formar parte del primer equipo hace justamente ocho años. Y 'El Pajarito' se convirtió en 'El Halcón'.

Ganador de dos Champions, suma 375 partidos y 41 goles con la camisola blanca y ahora le toca cambiar el chip. Durante ocho temporadas tuvo la consideración de un «meritorio» que corría por todos los delanteros, que no defendían. Durante ocho campañas ha sido realmente un canterano, un muchacho por el que solo pagaron cinco millones. No tenía cartel de caché. Su regularidad en el tiempo le transformó en titular indiscutible. El Liverpool ofreció 140 millones por él. Ahora le toca dar un cambio radical a su vida. Deja el perfil de gregario. Se transforma en el portavoz de la plantilla. Primer capitán. Lo deseaba. Es hora de demostrar que vale para ello. Ya es la extensión de Mourinho en el césped.

Es cierto que a lo largo de estos años soñaba con ser el primer capitán. Ansiaba convertirse en el máximo responsable del grupo. Quería emular a Carvajal, a Nacho, a Lucas Vázquez, a Sergio Ramos. Los cuatro han sido sus referentes, tres de ellos criados en La Fábrica. Hay que tener personalidad para ser el vaso comunicante de todo el plantel. «Se acabaron las tonterías», dicen en los mentideros de Valdebebas. «Se acabó el patio de colegio». Sus peleas con Tchouaméni ya están olvidadas. El francés aplaudía desde la grada hace unos días la precisa asistencia de Valverde que Mbappé tradujo en un golazo. Aquellas peleas de colegio son cuitas menores ante el reto que le han puesto a Federico y que él se ha impuesto. ¿Quería ser primer capitán? Aquí tiene el nombramiento. Ahora, a trabajar para ser respetado por sus compañeros.

En la cocina blanca definen el cambio de esta forma: «Ya no es un meritorio, ya no es un canterano, sabe que ahora le toca ser mayor». Está bien definida la situación. Ya ejerce de mayor. Es el matrix de Mourinho en el campo. El míster cree en él como enlace de su idea táctica. Ahora debe ser también el enlace de la opinión de la plantilla ante el entrenador, ante Khedira y ante la dirección.

Menos sanguíneo, más ponderado

Ser el representante del equipo es una «gran responsabilidad». Así lo reconoce Valverde. Su enfrentamiento con Tchouaméni fue una situación perjudicial en esa aspiración jerárquica. En aquellos momentos ya sabía que debía ser primer capitán en cuanto Carvajal se marchara en junio y el incidente supuso un análisis profundo en ese traspaso de poderes. ¿Era Valverde el futbolista idóneo para tomar el testigo de Carvajal? Hubo charlas pausadas para razonar las cosas y exigir cambios de actitud.

El uruguayo escuchó. Para ser primer capitán tenía que reconvertir su comportamiento. Ya no era solo un jugador. Pasaba a ser el representante de todos ante la directiva. El portavoz de Tchouaméni y de Mbappé ante el entrenador. Se acabaron las explosiones sanguíneas. A partir de ahora debía ser mesurado, ponderado, medir sus actuaciones y movimientos. Ser un termómetro de la plantilla y no calentarlo él.

Valverde se ha convertido en el exponente de cualquier problema del plantel. Tiene que dar la cara ante la cúpula o ante el míster para pedir cosas o cambios de cualquier índole. Debe explicar las quejas. Y también debe expresar en el vestuario las posturas de la directiva o del técnico en cualquier asunto. En el césped ya es ese brazo comunicante de Mourinho. Señala a sus compañeros las ideas que transmite el técnico en cada momento. Fuera del campo es diferente. Hay que tener mano izquierda o derecha, según cada caso.

Valverde es el referente de Mourinho en los partidos porque desde su posición de pivote maneja el juego, lo reparte y frena el ataque enemigo. Su campo de visión es perfecto. Esa elección del portugués en favor del uruguayo subraya que Federico se ha hecho mayor. Ya no es un gregario. Ni siquiera de lujo. Ahora es un jefe dentro y fuera del campo.

Mourinho le otorga su importancia

Ancelotti siempre destacó la entrega de Valverde como un ejemplo de club. Kroos adujo que nadie mejor que El Halcón para coger su dorsal número ocho. Ahora, Mourinho le ha otorgado el bastón de mando del control del juego. Con todo este reconocimiento, lo que no se entendió hace cinco meses fue su grave incidente con Tchouaméni. Supuso toda una una sorpresa. Un cortocircuito ¿Qué le ha pasado? Eso se preguntaba el club. Es cierto que el equipo no jugaba bien, que se habían perdido los títulos, que existían filtraciones internas y el ambiente estaba tenso. Valverde acusaba a Tchouaméni de ser el chivato. Y se equivocó. No era él. Pero de todos modos esa agresividad debía acabarse en beneficio del club, del vestuario y de su relación diaria.

La lección fue dura para Valverde en el fuero interno de la casa. Esto no podía repetirse. Había que superar ese listón y moverse en un escalón superior. Se acabaron las peleas tontas de patio. Hay que ganarse la autoridad para ser el portavoz de todo el plantel. El uruguayo aceptó la afrenta. En ello está. La lección está asimilada. El suramericano vive una transmutación total. Estamos viendo a un Valverde diferente. Duro en competición y asentado en su comportamiento externo. Fuerte futbolísticamente y prudente en sus actuaciones fuera del terreno de juego. Ha asumido el lema no escrito del Real Madrid: eficacia y discreción.

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Federico Valverde of Real Madrid CF in action during the Spanish League, LaLiga EA Sports, football match played between Real Madrid and Real Sociedad at Bernabeu stadium on August 26, 2026, in Madrid, Spain.

Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press
26/8/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN

Fede Valverde se ha convertido en primer capitán del Real MadridAFP7 vía Europa Press

El rendimiento de «Fede» ha sido muy bien valorado históricamente por la dirección deportiva. Nunca pidió nada. Callar y jugar. Fue el primer futbolista en ser renovado hasta los 31 años, hasta 2029, tras el triunfo de La Decimocuarta. Seis años de contrato. El balance de su progresión es que hoy lleva 375 partidos vestido de blanco y no se observa límite. Continúa siendo un pulmón y un referente como medio centro defensivo, con el anhelo de subir al ataque y disparar si la ocasión lo permite.

Su eficacia perenne quedó plasmada en la plusmarca mundial que estableció hace dos temporadas. Disputó 65 partidos en nueve meses y medio de competición. Un promedio de casi siete encuentros al mes. Nunca se lesionó y nunca se lesiona. Siempre está a un gran nivel aeróbico. Por eso juegan Valverde y diez más, por mucha figura que haya. Mourinho deberá graduar sus minutos.

A lo largo de ocho temporadas ofrecieron 80, 90 y 140 millones. El Real Madrid siempre dijo que era intransferible. Valverde adujo, en paralelo, que se sentía madridista y que nunca se iría. Mourinho le considera su transistor en el césped, para que el equipo «escuche» el partido que quiere. Valverde se ha transformado también en el transistor del sentimiento de la plantilla ante el club. Quiere hacerlo bien. Está en ello. El Pajarito se está haciendo mayor.

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