Vinicius, la vergüenza nacional llegó a Lisboa
La de Lisboa fue la última, habrá más. Pese a que incluso mucho fariseo, y no me tienten que doy nombres, dice por fin que esto no se puede aguantar
Ocho años lleva Vinicius en España. Con 17 lo recibimos mordiéndole la cabeza en un derbi de filiales madrileño. Fue la primera. Poco después empezó la cacería, que es lo que ha vivido.
Más de veinte incidentes racistas bien recogidos y documentados por montones de campos de España. Padres con niños, niños solos, padres lo mismo, jóvenes y jóvenas, abuelos incluso. Insultando. Veinte mil los artículos y similares echándole la culpa al jugador. Toda, muchas veces. En parte, la mayoría.
La de Lisboa fue la última, habrá más. Pese a que incluso mucho fariseo, y no me tienten que doy nombres, dice por fin que esto no se puede aguantar. En efecto. No se puede aguantar también lo que habéis ayudado a crear. Que un argentinito de medio pelo, el rubio del Benfica, le llame mono a este semejante tan peculiar.
Su entrenador no le cambió hasta muy al final y luego le protegió. La grada aprovechó para aplaudir su retirada. ¡Qué mierda todo! El último episodio de la asquerosa barra libre que el fútbol español ha permitido con este futbolista.
Todo se lió después de lo mejor del partido, el golazo del mejor futbolista sobre el terreno, Vinicius. Celebró. No hizo nada anormal. El árbitro le mostró la tarjeta amarilla: un bobo. Fue la chispa que acabó de encender la hoguera. El tal Prestianni aprovechó para insultarle y ver si le descolocaba y se ganaba la segunda. Fue eso. Un cobarde que se tapaba la boca con la camiseta.
Todo en un partido muy limpio, nueve faltas entre los dos. El central rubio del Madrid no hizo ninguna, si Benito levantara la cabeza… Partido que dominó el Real, tras el 0-1 pintaba a que iba a ponerse para el 0-2, y lo frenó la barbarie.
El Madrid ganó, no encajó gol, no tuvo nada que ver con aquel alma en pena que cerró en Da Luz la fase de grupos. No hablamos de un Madrid brillante todavía, sí de un Madrid serio, bien puesto, sabedor de que si curra tiene talento para ir navegando.
De momento, líder en la Liga y con un pie en octavos de la Champions. Tchouaméni se salió, por cierto. Y M’Bappé ante los micrófonos: no se puede hablar mejor de la vida. Tan miserable tantísimas veces. Jugamos con fuego: nos quemamos. ¡Qué vergüenza!