José Mourinho, en una imagen de archivo
El otro secreto de Mourinho: una preparación física colosal y una fe inquebrantable en su idea
El portugués esperaba una progresión física que ya exhibe como base de una estrategia grupal que exige defender a todos y Diomande es el espejo angular
Mourinho pone firme al Real Madrid: se acabó el festejo del Camp Nou, ahora toca Santander
el «viejo» está muy joven. El «anticuado» ha modernizado el fútbol en el Camp Nou. El «trasnochado» dejó sin dormir al Barcelona y a la afición azulgrana. El «pasado de moda» ha revolucionado la moda por segunda vez en el Real Madrid. El «caduco» ha renovado el carné de entrenador de primer nivel. El «acabado» acabó con el relato enjabonado del juego de Flick. Se llama José Mourinho, volvió al Real Madrid para revolucionar el gran angular del club y fe a lo que está consiguiendo.
Su ideario comienza a consolidarse justo cuando él lo presagiaba, al cabo de cuatro meses de trabajo. Las victorias frente al Villarreal, la Roma, el Sevilla y el Leipzig vivieron una apertura anoréxica decidida por un amigo de la casa, Javier Tebas. Hoy, en Santander, Mourinho quiere reafirmar un proyecto que se basa en una condición física colosal y en una creencia total en su sistema de presión total, responsabilidad individual, robo y contragolpe. Estas dos claves definen el secreto mejor guardado del portugués.
Mourinho esperaba esto. Auguraba este salto adelante en octubre, pasados los 100 días de trabajo en el Real Madrid. Tácticamente faltan cosas por pulir. Esa labor será continua y nunca se acabará, porque habrá que acoplar a una veintena de futbolistas en las dos estrategias de «ataque más defensa» y eso solo se conjuga bien en competición, frente a un rival. El aspecto diferencial es que ejecutar con éxito los dos sistemas, «el ofensivo y el destructivo», exige tener unas prestaciones físicas colosales para ganar cada partido. El empate es una derrota dulce en el Real Madrid. El técnico esperaba el salto adelante en este capítulo, el aeróbico. Esta evolución haría brillar su ideario táctico. Así ha sido.
El Real Madrid ha alcanzado un nivel biológico magnífico y esta es la madre del cordero. Villarreal, Roma, Sevilla, Leipzig y Barcelona han comprobado en sus carnes ese estado físico superior del equipo blanco. Los goles en el último tercio de estos encuentros han sumado los puntos de esa progresión. En este fútbol profesional tan crudo, tan exigente y tan duro siempre se buscan culpables en la derrota. El Real Madrid ha encontrado muchos culpables en estos cinco triunfos consecutivos que Mourinho desea convertir en ocho al cabo de una semana para consolidar el rubicón.
Dias, Pintus y Carriço son los culpables
Los culpables son los ayudantes de Mourinho. Los primeros, los preparadores físicos. Son los responsables de un éxito en el estado de forma general que nadie logró en el último bienio. Estos tres hombres han planificad una preparación que ha evitado las decenas y decenas de lesiones musculares que el Real Madrid sufrió en los últimos dos años. Estos culpables del crecimiento biológico son Antonio Dias, Antonio Pintus y Sandro Carriço, especialista en ciencia del deporte.
El segundo grupo de culpables son los hombres que trabajan en la armonía táctica, en la estrategia y en los cambios certeros en los partidos. Son los ayudantes que trabajan con Mourinho para decidir los movimientos del esquema en cada fase del encuentro, sobre la base física previa que han sembrado los otros tres culpables. Los responsables técnicos son Joao Tralhao, segundo entrenador, y Pedro Machado y Sami Khedira, asistentes técnicos. En paralelo, Nuno Santos trabaja para que Courtois y Lunin sean los números uno. Y el remate lo pone Roberto Merella, el analista jefe, el controlador de los datos de la plantilla. Es el espía interno y es como el algodón, no engaña, porque informa de los resultados técnicos conseguidos por cada jugador en cada partido. Todos ellos son ejecutores de un programa que Mourinho dirige para alcanzar una altura física que permita hacer brillar todo el trabajo puramente futbolístico ensayado y planificado en el césped. Esta labor comienza a dar resultados. Santander es un examen de perfil bajo. Tiene un peligro muy alto.
José Mourinho protesta una acción rodeado de su staff en el clásico del Camp Nou
El positivismo es otro factor que Mourinho trabaja en los futbolistas para alcanzar los resultados. El portugués defiende el lema: quien quiere, puede. El entrenador presenta a todo el plantel cuatro ejemplos dispares de superación. Diomande es el primero. El chaval, mayor de edad desde hace un año, ha superado toda la presión mediática y se ha encaramado a la titularidad en un margen de dos meses, dejando a Vinicius en un segundo plano. El africano es un ejemplo de entrega y de sacrificio. Excelente en ataque y con un trabajo defensivo que pocos igualan. Si quieres, puedes.
Otro espejo para los jóvenes es Camavinga, un futbolista que estuvo en el mercado y que adujo que se quedaba para volver a ser. Ha vuelto a ser. Sabía que Mourinho era el mejor entrenador para un reto de superación. Se lo dijo al míster y se lo está demostrando. El portugués es el jefe perfecto para Eduardo, porque si trabajas te concede oportunidades. El pase de gol en el clásico después de una incursión portentosa enmarca su esfuerzo por evolucionar.
Hay otros dos ejemplos de lucha, resistencia y fe en sus posibilidades que viven situaciones muy distintas. Dos muchachos, Espí y Endrick, que saben que tendrán difícil el protagonismo pero que pelean por obtener minutos con una fuerza de voluntad que mueve montañas. Espí tiene asumido que debe estar en perfecto estado de revista para salir y decidir partidos en doce minutos. Endrick ya ha demostrado en el poco tiempo que ha jugado que es una bala imparable por la banda derecha, con velocidad, regate, pase de la muerte y remate. Decisivo en Roma, el brasileño fraguó este golpe sobre la mesa del Real Madrid. Los dos van a jugar más. Se lo merecen.
Bernardo es el quinto jinete, el último referente de este ascenso general. Veterano en mil batallas, tardó más tiempo en adquirir la forma física ideal, pero desde que le han dado oportunidades ha cogido la batuta y se ha erigido en el director de fútbol del Real Madrid. Todos ellos definen el cambio del conjunto blanco. Un paso adelante basado en el espíritu de no rendirse nunca que Mourinho subraya como lema y que necesitaba apoyarse en una condición física perfecta para plasmar un esquema táctico muy sacrificado que exige defender a todos. El Sardinero, que vio explotar a Gento, examina la evolución del Real Madrid. De Gento a Diomande.