Qatarí que te viTomás Guasch

Argentina no puede ganar. Eso dicen…

Bienvenido castigar al que engaña, claro. ¿A todos? Por supuesto que no

Lo primero. El culpable del lío en el Argentina-Suiza es Embolo, expulsado nada más empatar su equipo a uno y ponérsele el partido de cara.

Pecó. Fingió y el VAR salió al galope. El gusto por rearbitrar de estos caballeros es impresionante. Han ido creciéndose y su influencia en el juego es decisiva.

El VAR no es inocente, lo que sí fue Embolo. Es un muchacho de 29 años, está pues en lo que llaman plena juventud adulta. Anoche fue más joven que adulto. ¿Cómo se le ocurrió tentar al diablo? Se tiró en una acción con un argentino, el insensato. Abrió la puerta…

Bienvenido castigar al que engaña, claro. ¿A todos? Por supuesto que no. Esta expulsión se justificó por una confusión de identidad, la primera en la historia. ¡Confusión de identidad! ¿En qué han convertido el fútbol estos tipos?

Dijeron eso como pudieron haber contado otra cosa. Y todo este lío fue posible porque el árbitro amonestó previamente al argentino Paredes. Sin eso ni Trump hubiese podido sancionar a Embolo por tirarse. Lo grande no es que sea así, es que lo mantienen. E influye en unos cuartos de final de un Mundial.

Un delirio más. Recuerden que el pisotón por detrás no se sancionó durante la primera fase, cuando más partidos se juegan, pero sí en la segunda. La tarjeta aplazada al delantero yanqui y tal.

En el Inglaterra-Noruega, el segundo gol de Bellingham, el del triunfo, tuvo colaboración aérea. La pelota chocó contra uno de los cables de la spidercam. Los noruegos rajaron, el VAR no intervino porque esa situación no está prevista en sus obligaciones.

¡El gol que decide un partido no les afecta, qué estafa! La FIFA comentó que nada, que el sensor de la pelota no se manifestó. OK. Un Mundial chapucero. Quizá falta lo más gordo.

Total, que tras deshacerse de Austria, Argelia, Jordania, Cabo Verde, Egipto y Suiza, la selección argentina se dispone a enfrentarse a Inglaterra en una de las semifinales del torneo.

Los ingleses sueñan con ser campeones 60 años después, los argentinos con un doblete tremendo. Y por lo que vengo leyendo y escuchando lo normal es que no estén en la final. El resumen es que Argentina no puede ganar el Mundial.

¿Por qué? Pues porque la cátedra y alrededores lo ve imposible, punto final. La cátedra de aquí y la de medio mundo, es un clamor. De pronto es un equipo cansado, caído en fútbol e ideas, Messi sólo no puede, es inferior a Francia y España y mucho.

Pues si Inglaterra es la de su partido con Noruega, su segunda parte especialmente, Argentina estará cerca de la finalísima. Argentina, la superviviente. A querer no le gana nadie. Sí, claro, sólo con eso no basta, pero es una de sus virtudes.

Un partido con un misterio a resolver, sin duda que decisivo. Del lado inglés se trata de saber cuántos acompañarán a Jude en la pelea. Cinco o seis sería una buena cifra.

Ah, golazo de Julián decisivo, el 2-1 en la prórroga. Ya deben ser 160 los millones. Debió levantarse la camiseta y que apareciera una del Atleti.

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