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Carlos Alcaraz podría igualar otro registro de Rafa Nadal en Roland GarrosAFP

El dato histórico que podría calcar Alcaraz (y que tiene que ver con Nadal) si vuelve a ganar en Roland Garros

Veintidós años, un mes y tres días. París como escenario. Carlos Alcaraz podría escribir este domingo una página idéntica a la que Rafael Nadal firmó en 2008. La historia, a veces, no necesita reinventarse para volver a emocionar. Basta con que rime.

Si Alcaraz gana la final de Roland Garros 2025, no solo conquistará su segundo título en París y el quinto 'grande' de su carrera. Lo hará exactamente con la misma edad con la que Nadal levantó su quinto Grand Slam en Wimbledon el 6 de julio de 2008: 22 años, un mes y tres días. La coincidencia es tan precisa que parece trazada por un guionista obsesionado con los ciclos, los legados y los símbolos.

Nadal nació el 3 de junio de 1986 y ganó su quinto grande en Wimbledon el 6 de julio de 2008. Alcaraz, nacido el 5 de mayo de 2003, también podría llegar a su quinto major el 8 de junio... pero de 2025. La edad y el número de títulos coinciden. La línea del tiempo parece haberse doblado sobre sí misma, creando una escena en la que el pasado y el presente se dan la mano sobre la tierra batida de la Philippe Chatrier.

Más allá del dato curioso, la coincidencia tiene una carga simbólica indiscutible. Roland Garros fue el escenario donde Nadal cimentó su leyenda, y puede ser también el lugar en el que Alcaraz se consolide como el heredero natural del trono del tenis español.

Caminos distintos, mismas alturas

Ambos conquistaron sus primeros Grand Slams a una edad precoz, aunque sus trayectorias no son del todo paralelas. Nadal irrumpió como un ciclón ganando su primer 'grande' en Roland Garros 2005 venciendo al argentino Mariano Puerta en la final, mientras que Alcaraz lo hizo en el US Open de 2022, convirtiéndose entonces en el número uno más joven de la historia.

Mientras Nadal construyó su reinado desde la regularidad, el físico y una mentalidad de acero, Alcaraz ha seducido al mundo con una propuesta más variada y ofensiva, combinando potencia, creatividad y valentía. Su estilo recuerda al Federer más agresivo que al Nadal más rocoso, pero su hambre de gloria, su capacidad de competir y su instinto de campeón remiten, inevitablemente, al balear.

Para el tenis español, Roland Garros no es solo un torneo: es un santuario. Fue la casa de Nadal durante casi dos décadas, con 14 títulos que parecen inalcanzables. Y ahora, puede ser también el lugar donde Alcaraz dé un paso definitivo hacia su propia leyenda.

En 2024, el de El Palmar ya supo lo que significaba levantar la Copa de los Mosqueteros, tras una inolvidable victoria ante Alexander Zverev en cinco sets. Pero hacerlo ahora, en este 2025, no solo reforzaría su palmarés: alimentaría una narrativa que lleva tiempo construyéndose, casi sin quererlo. La del relevo. La del heredero. La del chico de El Palmar que creció soñando con emular a su ídolo y que, poco a poco, empieza a escribir su propio capítulo en la historia del tenis.

Eso sí, no es fácil jugar con la sombra de un mito tan grande como Nadal. Pero Alcaraz no parece sentir esa presión como un peso, sino como un impulso. A menudo dice que no quiere ser el 'nuevo Rafa' y que quiere escribir su propia historia (a su manera, como dice en el documental de Netflix que estrenó el pasado mes de abril). Sin embargo, cuando el calendario y los números se alinean así, es inevitable sentir que la historia está hablando.

«Nosotros luchamos por estar en este tipo de situaciones y rondas, por jugar finales de Grand Slam, sin darlo por hecho. Por haberlo conseguido cinco veces con 22 años, no quiere decir que en los próximos años sea igual. Intentamos darle valor como si fuera la primera, viviendo el momento y dándole el aprecio que tiene estar en un partido así», admitió Alcaraz tras vencer a Musetti en las semifinales.

Veintidós años. El polvo de ladrillo de París. Si Alcaraz gana su segundo Roland Garros, no sólo igualará a Nadal en un dato anecdótico. Confirmará que el futuro ha llegado... y que, a veces, el destino tiene buena memoria además de ser caprichoso.