Aficionados al tenis acampados para comprar una entrada de Wimbledon
¿Esencia o tradición arcaica? La famosa cola de Wimbledon que obliga a acampar por una entrada
Un año más los aficionados que deseen conseguir entrar en el All England Club deberán acudir de madrugada y confiar en hacerse con un ticket
Los siguientes pasos en la recuperación de Alcaraz tras haber logrado entrenar con normalidad
Todos los años pares Wimbledon se celebra en fechas complicadas al coincidir con la Eurocopa o con el Mundial, cita con la que comparte fechas en este 2026. Eso puede hacer que dé la sensación de que pasa algo desapercibido para el aficionado a todos los deportes, pero la realidad es que sigue congregando temporada tras temporada a miles de aficionados. Unos fans que además no pueden hacerse con una entrada como en el resto de torneos.
A día de hoy, cualquier evento tenístico –como prácticamente todos los grandes espectáculos– pone sus entradas a la venta de manera online. Así lo hacen los otros tres Grand Slam (Open de Australia, Roland Garros y US Open) y el resto de torneos del circuito. Hablamos del Mutua Madrid Open, Conde de Godó o cualquier otro torneo que se os ocurra. En cambio Wimbledon funciona diferente y solo saca una pequeña parte por internet a la que se accede mediante un sorteo en el que es muy complicado salir agraciado.
Esa misma fórmula, la del sorteo, también la utiliza Roland Garros, pero este es mucho más fácil que a uno le toque. Y es que mientras el Grand Slam francés pone en ese sorteo más del 90 % de los tickets, el torneo británico únicamente pone unas pocas entradas para premiar a quien más se esfuerce en ir y no perder su histórica tradición de la 'Queue'.
Hablamos de la mítica experiencia de Wimbledon por la que hay que acampar en un parque a un kilómetro del All England Lawn Tennis Club y hacer noche hasta que llegue tu turno para comprar una entrada. No hay atajos como tener dinero o ganar un sorteo. Hay que llegar, esperar, respetar el orden y tener paciencia, pues es posible que cuando sea tu turno ya no queden entradas y tengas que irte a casa para volver a intentarlo al día siguiente.
La Queue Card de Wimbledon del primer día de esta edición
Esta tradición comenzó en 1922 y en 2026 se mantiene vigente por mucha tecnología que haya. Es la manera que tiene Wimbledon de evitar que bots compren las entradas y luego se forren con la reventa. De esta forma ofrecen 1.500 entradas para las canchas principales y miles de tickets del Ground Pass con el que cualquier aficionado puede moverse libremente por todas las pistas exteriores del complejo.
Así pues, la mecánica es sencilla. La organización cita a quienes quieran ver la jornada el día anterior no antes de las 14:00 horas, no se puede llegar antes. Después, una vez dentro de Wimbledon Park, cada persona recibe una Queue Card, numerada y fechada, que marca su lugar en la espera y que debe conservar hasta el momento de comprar la entrada.
Se trata de un sistema arcaico y que ha generado todo tipo de quejas, pues durante la espera al aficionado no le queda más remedio que acampar durante casi un día y esperar al raso. No hay para cargar los móviles ni para ducharse y apenas hay unos pocos baños para cientos y cientos de aficionados que desean entrar al All England Lawn Tennis Club. Además, insistimos, hacer todo esto no garantiza la entrada y, durante la espera, hay unas normas que empiezan por ser despertados a las 5:30-6:00 para comenzar a hacer fila, reservar sitio para otras personas, hacer parrilladas e incluso fumar. Esto es Wimbledon y todo tiene su épica.
Los precios de las entradas
Terminada la noche y si los tickets llegan hasta el número que tienes asignado, es momento de comprar entradas. Las entradas para la pista central están entre £80 y £115 (entre 90 y 130 euros), según la ubicación; la Pista 1 empieza en £70 (80 euros) y el Grounds Pass cuesta £33 (40 euros). Además, quienes no consiguen entradas y deciden aguantar tienen una segunda oportunidad llamada Ticket Resale en la que se liberan entradas devueltas de las pistas principales y además son de lo más económica.
Sea como sea, esta forma de comprar entradas gusta y mucho a los más clásicos, pero también tiene numerosos detractores, sobre todo en tiempos de tecnología. Y es que muchos de los que llegan a ver tenis lo hacen sucios, con sueño y habiendo perdido un día entero sin hacer nada más que esperar.