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Subir el SMI ahora y dentro de tres meses es una medida ideológica, estima el principal representante de los autónomos.

Lorenzo Amor, responsable de los autónomos en España desde 2004

Entrevista

Lorenzo Amor, presidente de ATA: «La Administración española no ha soportado la crisis: lo han hecho las empresas y los autónomos»

Lorenzo Amor se ha enfrentado a dos grandes crisis desde que fue nombrado presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) en 2004. La primera ocurrió en 2008: un millón de autónomos se quedó sin crédito por la crisis financiera y tuvo que cerrar su negocio de la noche a la mañana. La segunda ha sido en 2020: la pandemia envió a los autónomos a su casa de un día para otro y les dejó sin poder ir a trabajar. Un año después del estallido del coronavirus, muchos autónomos han cerrado y otros (226.000) siguen recibiendo la prestación por cese de actividad. «Las cosas han sido muy complicadas y siguen siéndolo», admite.

–¿Cómo está la situación ahora?

–Nuestro último barómetro señala que solo un 30 % de autónomos se ha recuperado. Dos tercios prevén una recuperación gradual y más lenta. Un 33 % estima que se recuperará a final de 2021.

–¿Les han ayudado las medidas puestas en marcha por el Gobierno?

–Unas han salido muy bien y otras han sido un fiasco. Los ERTES o las ayudas por cese de actividad han sido muy efectivas, pero hemos sido el país que menos ayudas directas ha destinado a los autónomos. En marzo se publicó el Decreto de Ayudas Directas y el 90 % de los autónomos no se había acogido a ellas a pesar de que su actividad les había caído notablemente.

–¿En otros países se les ha tratado mejor?

–Por cada 100 euros perdidos por los autónomos en estos meses de pandemia, la Administración española (nacional y regional) les ha destinado 20 euros; en Alemania les han destinado 70, en Francia 55, en Reino Unido 48 y en Italia 37. La Administración española no ha soportado la crisis: lo han hecho las empresas y los autónomos.

–¿A qué se ha debido?

–La Administración desconoce cómo funciona nuestro tejido empresarial. España es un país de micropymes, de autónomos. Cuando surgió el decreto de ayudas directas, se pedía el requisito de presentar gastos para poder acceder a ellas. Entre los autónomos hay un perfil muy heterogéneo. Los guías turísticos habían perdido el 95 % de su facturación en 2020, pero no podían acogerse a las ayudas porque no tenían gastos. No habían tenido actividad. Lo mismo ocurría con los fotógrafos, que no tenían bodas, bautizos ni comuniones, y con los periodistas freelance, los traductores, los intérpretes, los taxistas, los fisioterapeutas… Hay un desconocimiento tal que se permite justificar las deudas con los bancos o los proveedores pero no se permite que ese dinero se utilice para pagar aplazamientos de Hacienda o de Seguridad Social. Fíjate qué fácil: sale dinero público, quitas deuda empresarial y el dinero vuelve nuevamente al Estado. No significa que figures como moroso: hay un aplazamiento, te lo conceden y vas pagando con los intereses incluidos.

–¿Notan que estamos saliendo de la crisis?

–Estamos mejor que el año pasado, pero por hacer un símil con los pantanos, durante muchos meses hemos estado perdiendo agua, y nos quedamos secos. Ahora ha empezado a llover y veremos cuándo llega el pantano a estar como en 2019. Hasta que recuperemos, para muchos va a ser complicado.

–¿Qué medidas les vendrían bien?

–En este tránsito, todas aquellas que contribuyan a dar estabilidad en la línea económica y social. En segundo lugar, no tomar medidas equivocadas: subir impuestos o las cotizaciones sociales y los costes laborales sería un lastre. Los autónomos ya están sufriendo la subida de los precios energéticos: luz, carburante, gas… A partir de ahí, quitar flexibilidad interna a las empresas también les haría daño a la hora de mantener empleo y volver a crearlo, que es lo importante.

–¿Ve algún brote verde?

–El 40 % de los autónomos ya ha recuperado su actividad. En estos meses ha habido una explosión importante del consumo que estaba embalsamado. Se hacen previsiones de crecimiento, pero hay que ir viendo cómo llega a la economía real, a los autónomos. Una empresa de eventos que lleva meses sin organizar eventos va a tardar en recuperarse.

Tenemos demasiadas ganas de que llegue la recuperación. Todavía nos separan casi siete puntos de PIB. Vamos a ver. Hemos caído tanto que vamos a tener un rebote importante, pero a ver cuándo recuperamos el PIB prepandemia. Y a ver cómo va evolucionando el empleo. Hablar de contrarreforma laboral, de subida de cotizaciones sociales o de subida de impuestos desalienta al que tiene que crear empleo.

–La subida del salario mínimo interprofesional no favorece a la creación de empleo ni a que aumente el tamaño de las empresas españolas. De esta segunda rémora hace tiempo que se habla.

–Eso está muy bien. También se ha hablado mucho de cambiar nuestro modelo productivo, y lo que pienso es que hay que hacer nuestro modelo productivo. Nos guste más o menos, nuestro clima seguirá permitiendo que tengamos un turismo importante. Somos un país donde el sector servicios tiene su peso. A todos nos gustaría tener el tamaño de las empresas alemanas, pero ellos no tienen nuestro tamaño específico. Alrededor de nuestro sector turístico hay agencias de viajes, empresas de transporte, hostelería… La realidad es que nuestro número de empresas de más de 1.000 trabajadores es el mismo desde el año 2015.

–¿A qué autónomos ha afectado más la subida del SMI?

–El problema con el salario mínimo no se concentra en las grandes empresas, sino en las pequeñas y en determinados territorios. La afiliación al servicio doméstico va bajando cada año, conforme se aumenta el salario mínimo. Nosotros no nos negamos a que suba el SMI, pero tiene que hacerlo de un modo acompasado. Quienes recogen la basura en los 8.000 municipios de España no son ACS ni Acciona ni Urbaser. Suelen ser autónomos con una empresa pequeña de dos o tres trabajadores. No son grandes empresas de jardinería ni de limpieza, y trabajan también en las instalaciones de los ayuntamientos. Estos autónomos han visto cómo han tenido que incrementar los salarios a sus trabajadores en los tres últimos años en un 31 %, pero los ayuntamientos no han subido los contratos de prestación de servicios a esos autónomos en ese mismo porcentaje. Ahí se produce un daño terrible.

–Parece que hay un amplio consenso en que no era el momento de subir el SMI.

–En España ahora las medidas se toman por ideología. La única razón para subir el SMI ahora y dentro de tres meses es la ideología. Es un compromiso político que alcanzaron los dos partidos políticos que sustentan el Gobierno. Cuando el fin está marcado, poco tenemos que decir. El objetivo es que el SMI llegue al 60 % del salario medio, y ya hay doce comunidades autónomas que lo han conseguido.

–A veces da la impresión de que se toman decisiones que les afectan sin tenerles demasiado en cuenta. ¿Hasta qué punto es cierto?

–Cuando tenemos que hablar, hablamos con el Gobierno. Recientemente se han celebrado reuniones de la Seguridad Social, de los ERTE, estuve con la vicepresidenta económica en Sevilla… Hay quien ve a las empresas y a los autónomos como una pieza fundamental del crecimiento económico y el empleo en este país y quien ve a los empresarios como adinerados y maltratadores de sus trabajadores. Lo que puedo decir es que en España hay 3,3 millones de autónomos y empresarios. El colectivo es tan amplio que en él puede haber de todo, pero el 95 % trabaja codo con codo con sus trabajadores, con el mono puesto, y no es de puro y sombrero.

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