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La situación de parte del campo valenciano: la fruta perdiéndose, sin recoger

La situación de parte del campo valenciano: la fruta perdiéndose, sin recoger@caquispersimon

Comunidad Valenciana

La peor campaña de la naranja: precios a 6 céntimos el kilo y toneladas de fruta sin recoger

El pequeño agricultor valenciano está viendo cómo su trabajo de un año se queda en el árbol o se vende a precios que no cubren ni los costes de producción

Cuando alguien piensa en naranjas su mente le lleva directamente al campo valenciano, pero la realidad es que, probablemente, los cítricos que estés comprando en el supermercado no sean producto nacional. Seguramente provienen de Sudáfrica o Egipto, actuales principales mercados de cítricos en nuestro país. 

La naranja y mandarina valenciana no está siendo apenas comprada por las grandes distribuidoras. No les sale rentable, puesto que el precio, aun siendo bajo –una media de 24 céntimos el kilo en inicio– sigue siendo más alto que el que ofrecen otros mercados de naranja importada –a 10 céntimos el kilo–. Desde el sindicato Unió de Llauradors explican que esta diferencia de precios se da porque los productores extranjeros no se ajustan a los estándares medioambientales y sociales que sí exigen a la fruta nacional y, por tanto, producen de forma más económica.

El campo valenciano lo tiene complicado. Y más, desde que en 2016 la Unión Europea amplió la fecha de importación de cítricos extranjeros hasta el 30 de noviembre (antes hasta el 15 de octubre). Una ampliación que está provocando una competencia sumamente desleal con los cítricos valencianos, cuya campaña comienza en septiembre y ambas producciones juntas durante meses suponen demasiada oferta para un mercado que no tiene tanta demanda. 

«El resultado es que nuestra naranja o mandarina, que es de mayor calidad que la extranjera, se está quedando en el árbol en toneladas», lamenta un agricultor cuya parcela de cinco anegadas se ha quedado este año sin recoger. Y como él, muchos otros. «El comercio que me compra la naranja se ha echado para atrás porque tenían excedente. El trabajo de un año, al suelo», apunta. Una situación que no sólo le va a repercutir en pérdidas económicas para este año sino que también le afectará de cara al próximo. «El año que viene no voy a tener cosecha. El árbol no va a trabajar porque como éste no se ha desprendido de la fruta, no se prepara para volver a hacerla», indica. 

Por ello, muchos pequeños agricultores valencianos han lanzado iniciativas de donación de bolsas de mandarinas y naranjas con las que evitar que se pierda la fruta y lograr, además, que los árboles sigan con su curso normal de producción. 

Recogida «tarde y mal»

La confluencia de la importación de la naranja extranjera con el inicio de la campaña valenciana hace que las grandes distribuidoras retrasen la recogida del cítrico valenciano hasta diciembre. Esto provoca que el fruto se sobremadure en el árbol y se exponga a inclemencias meteorológicas, como lluvia o granizo, que después harán que la fruta castigada no se compre. 

Pero es que además de la recogida tardía, esta se realiza en muchas ocasiones incompleta. Las grandes distribuidoras que envían a jornaleros a recoger la naranja no pagan por horas trabajadas sino por cajones recogidos, a 1,20 euros el cajón. «Esto hace que los que vienen a coger busquen ser rápidos y llenar cuantos más cajones posibles con lo que solo recogen las naranjas más accesibles y no vacían los árboles. Se quedan las que están dentro del naranjo, o muy arriba de la rama o muy abajo», lamenta un agricultor afectado. 

La segunda parte de esta problemática tiene peores repercusiones económicas. «La fruta que se ha quedado en el árbol tiene salida para zumo y por ella están pagando a 0,06 euros el kilo. Y en este caso la tienes que recoger tú del árbol, con envases que tienes que traer tú y trasportarla a uno de los almacenes que compre cítricos para zumo, que puede estar a 20 o 50 kilómetros de tu campo. Todo el coste de recogida supone perder dinero frente a esos precios de venta». 

Nulo relevo generacional

Desde la Unió de Llauradors aseguran que es una evidencia clara el nulo futuro del relevo generacional. «Cada vez el campo está más envejecido. Es lógico. La juventud si no ve que exista un equilibrio entre los costes y las ganancias y que incluso algún año puedes quedarte sin ingresos pues decide no apostar por el campo. El modelo de pequeños agricultores en cooperativas está desapareciendo. Cada vez más asistimos al cambio de pequeñas tierras que pasan a formar parte de superficies agrarias de grandes comercios y fondos de inversión», aseguran y continúan «o hacemos algo o el pequeño agricultor desaparece». 

El sindicato reivindica a la Unión Europea que los acuerdos internacionales incluyan cláusulas espejo para que la fruta extranjera se produzca bajo los mismos estándares que la nacional y además, han pedido que el cítrico se declare producto sensible en Europa.

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