La montaña de Sánchez parió un ratón
Mientras la mayor parte de la sociedad pide soluciones urgentes, el Gobierno nos pide tiempo
Que este gobierno está totalmente desnortado y desconectado de la realidad es algo que ya no discute ni la izquierda, como puso de relieve Rufián en la sesión de control de la semana pasada. Mientras una parte mayoritaria de la sociedad reclamaba soluciones urgentes ante una situación económica que se antoja insostenible, el gobierno nos pidió tiempo.
Veíamos como todos los países a nuestro alrededor, con una inflación hasta 3 puntos menor que la nuestra, tomaban medidas: unos aprobaban subvenciones al combustible (Portugal 40 céntimos por litro, Francia 15 céntimos), otros rebajaban los impuestos especiales a los hidrocarburos (25 céntimos en Italia, 20 céntimos en Irlanda) y algunos apostaban por reducir el IVA aplicado a los productos energéticos (del 23% al 8%) e incluso reducirlo al 0% para algunos productos básicos (Polonia). Hasta veíamos cómo un socialdemócrata, Scholz, bajaba los impuestos a los carburantes, rebajaba el coste del transporte público y daba un cheque directo de 300 euros para ayudar a las familias (Alemania).
Sánchez nos pidió paciencia, se recorrió toda Europa en Falcon buscando un acuerdo común que no logró, consiguió que el Consejo Europeo le dejara hacer lo que ya podía hacer, y nos emplazó al consejo de ministros que aprobaría el Plan Nacional de Respuesta al Impacto de la Crisis.
Sin duda, la espera de 15 días que asfixiaba a las familias que pagan la luz 5 veces más cara que en 2021, la gasolina a 2 euros y la cesta de la compra con la mayor subida de los últimos 30 años, merecería la pena. Era indignante que no tuvieran paciencia los agricultores, ganaderos, pescadores y transportistas de «ultraderecha», aunque no le conste a la vicepresidenta Calviño que el gobierno lo haya dicho así, que salían a la calle porque no están dispuestos a tener que pagar por trabajar (las cosas chulísimas de este gobierno). La montaña rugía y las expectativas crecían tanto que al propio Sánchez le pareció poco protagonismo el consejo de ministros y organizó un sarao ante parte del Ibex, ese del que abomina la parte podemita del gobierno.
La puesta en escena, esta vez sin pianista ni powerpoint, auguraba decepción. Media hora de charla de geopolítica de cafetería y, por fin, como en la fábula de Horacio, la montaña de Sánchez parió un ridículo ratón.
Porque de los 16.000 millones anunciados para amortiguar el impacto de la crisis sobre las familias y empresas, 10.000 millones corresponden a una nueva línea Covid de liquidez; algo que, visto que se quedaron sin cubrir 36.223 millones de euros de las dos líneas anteriores, no parece que sea lo más necesario ni eficiente.
Posiblemente se utilicen, aunque se diga que se pretende evitar, para refinanciar créditos fallidos de estas primeras líneas de avales concedidas desde marzo de 2020. Eso, junto a la ampliación del período de carencia 6 meses más, sólo va a servir para mantener empresas zombis y retrasar una quiebra de empresas que ya no son viables. También permitirán que el Estado no tenga que reconocer esos fallidos y evitará que los avales, que hasta que no se ejecutan no tienen coste real, se conviertan en pérdidas, mayor déficit y mayor deuda pública. Una «patada a seguir» en toda regla que no resuelve nada y endosa el problema al que venga luego.
De los 6.000 millones restantes, 1.000 millones se destinan a la ciberseguridad; una partida que, casi seguro, se financiará con fondos europeos y que no alivia en nada la carga de las familias y empresas, salvo las proveedoras de servicios de ciberseguridad si se les contrata a ellas.
De los 5.000 millones restantes, aproximadamente 2.000 millones se destinan a ampliar las medidas fiscales aprobadas en junio del año pasado (suspensión temporal del Impuesto sobre el Valor de la producción eléctrica -IVPE-y bajada del IVA del 21% al 10% a determinados consumidores) y en septiembre (rebaja del Impuesto Especial sobre la Electricidad -IEE- del 5,11% al 0,5%) hasta junio de este año. Es decir, que esta partida tampoco la van a notar los bolsillos de las familias, porque prorroga unas medidas que ya están incluidas en la factura eléctrica que pagamos todos y que, a pesar de esa rebaja fiscal, ha subido un 80% en el último año.
De los 3.000 millones que quedan, aproximadamente la mitad, 1.500 millones es el coste de la bonificación de 15 céntimos a los combustibles (gasolina y gasóleo). Al establecerlo como una subvención fija y no como una rebaja de impuestos que dependa del precio de las gasolinas (como sería si se bajase el IVA) corre el riesgo de quedar diluido casi de inmediato si se mantiene la escalada de precios. En cualquier caso, es una cantidad ridícula comparada con los 3.500 millones de euros que, según AIReF ha aumentado la recaudación del Estado por mantener los mismos impuestos en un contexto de aumento de la inflación como el actual.
¿Y qué hay de eso de la isla energética que Sánchez nos dijo que iba a bajar la luz de manera inmediata? Con datos del operador de mercado eléctrico designado (OMIE) hoy hemos pagado la luz un 500% más alto que el mismo día del año pasado. Lo que era inmediato, una vez quitada la propaganda del gobierno y sus palmeros, se convierte en algo que está pendiente de ver cómo se diseña, que hay que enviar a Bruselas, que Bruselas tiene que autorizar, y que después de eso se podrá poner en marcha. Esto son 3 o 4 semanas, según la ministra del ramo Teresa Ribera y no tenga ninguna duda: lo que no pague usted hoy lo tendrá que pagar mañana, porque no habrá ninguna empresa eléctrica que opere a pérdidas.
Así que recuerde, cuando llene usted el depósito de gasolina, pague la mayor factura de electricidad de su vida o vea lo que cuesta llenar el carro de la compra, salude al ratón que parió el Gobierno de Sánchez.
Horacio; «Parturient montes, nascetur ridiculus mus», parirán los montes; nacerá un ridículo ratón…
Javier Escribano es economista.