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18 de abril de 2024

José María Rotellar

La destrucción peronista de la economía argentina

El resultado de la primera vuelta de las elecciones argentinas es muy preocupante, porque coloca al país en una gravísima situación

Actualizada 04:30

El resultado de la primera vuelta de las elecciones argentinas es muy preocupante, porque coloca al país en una gravísima situación, al aventajarse el candidato peronista, Massa, ministro de Economía que ha llevado la inflación a casi el 140 %. Continuar con el peronismo arruinará para siempre a Argentina.
Décadas de peronismo insertaron en la economía argentina una serie de desequilibrios macroeconómicos muy graves, como son la hiperinflación, las grandes devaluaciones y el déficit público. Hace unos años, Macri trató de corregir esos desequilibrios eliminando los controles de cambio, amortizando deuda con inversores y eliminando ciertos subsidios que incrementaban el déficit público sin conseguir impulsar la economía, sino que la lastraban más. Sin embargo, el deterioro de la estructura económica de Argentina era tal que no fue suficiente, y para evitar el desencadenamiento de una crisis económica de mayores dimensiones, Macri se vio obligado a acudir al FMI para, con el paraguas de su financiación, poder acometer esas reformas necesarias.
Quizás el error fue pensar que era mejor hacer poco a poco los cambios, en lo que llamó «gradualismo» que lo más rápidamente posible. En ese compás de tiempo, la evolución de la propia economía internacional y la contestación social alimentada por el peronismo fueron más deprisa que dichas reformas graduales, de manera que Macri tuvo que recurrir al FMI con un plan más ambicioso, al menos en el calendario.
Ese préstamo de 50.000 millones de dólares del FMI era imprescindible para que Argentina pudiese intentar salir de la situación en la que el peronismo dejó a su economía después de muchas décadas de gobierno populista. Posteriormente, ese préstamo fue renegociado y ascendió a 57.000 millones de dólares, el mayor de la historia del FMI, dada la gravedad de la economía argentina.
Obviamente, como todo acuerdo con el FMI, tiene una serie de puntos que Argentina debe cumplir:
  • Alcanzar un saldo primario equilibrado (es decir, igualar gastos e ingresos del ejercicio sin tener en cuenta el coste de la deuda) en 2020.
  • Del mismo modo, debía reducir el presupuesto de inversiones en un 15 % en las empresas públicas.
  • También tenía que limitar las transferencias a las provincias en un importe equivalente al 1,2 % del PIB argentino, es decir, alrededor de 5.500 millones de dólares.
  • Debía reducir los subsidios a los servicios de gas, electricidad y transportes.
  • Tenía que congelar sueldos de funcionarios y las contrataciones de los mismos, así como prescindir de los empleos no prioritarios de dicho sector.
Medidas, todas ellas, muy duras, pero imprescindibles para tratar de lograr que su economía remontase. Hay que recordar que desde mediados del siglo XIX y hasta el primer tercio del siglo XX, Argentina asombró al mundo, al ser un país rico y próspero. De hecho, sus recursos son excepcionales, tanto agrícolas, como ganaderos, como de petróleo y minerales, y la formación de sus ciudadanos es buena. Eso lo explotó el país en ese período en el que supo aprovechar un espíritu de globalización, de estabilidad y de libertad económica.
Posición de Argentina en el Ranking Mundial de PIB per cápita

¿Qué sucedió después? Que, entre la primera y segunda guerras mundiales, fue imponiéndose un intervencionismo creciente, que culminó con la llegada del peronismo tras la II Guerra Mundial, estableciendo una forma de gestión en Argentina que ha perdurado hasta nuestros días, basada en el populismo y en la venta a la sociedad de un escenario idílico que no es tal. Sin embargo, que un político venda todo de color de rosa es mucho más amable que si te dice la verdad y ésta es dura.
Y eso es lo que le sucedió a Macri: no se resignó a continuar por la senda peronista que habían seguido todos los gobiernos desde la segunda mitad del siglo XX y por eso impulsó las reformas necesarias para que Argentina pudiese volver a competir en el puesto que sus magníficos recursos naturales le pueden permitir: llegó a ser la primera economía mundial en términos de riqueza per cápita y ahora ocupa el puesto 66, según el FMI, en PIB per cápita en paridad del poder adquisitivo, cinco puestos peor que con Macri.
Sólo con los resultados de las PASO de agosto de 2019 y las declaraciones populistas de Alberto Fernández, el peso pasó de cotizar a 45 pesos por dólar a hacerlo a 61 pesos por dólar de una sesión a otra, pese a que la autoridad monetaria elevo los tipos a más del 74 %. Además, la bolsa argentina se desplomó más de un 30 %, y el riesgo de impago de la economía argentina (marcado por los CDS) crecía hasta casi el 75 %.
Muchos ahorradores y ciudadanos quisieron ejecutar rápidamente operaciones de cambio de sus pesos por dólares, para salvar sus ahorros, pero durante horas el sistema colapsó y no pudieron hacerlo hasta bien entrado el lunes, tiempo en el que sobrevoló sobre sus mentes el corralito de principios de siglo.
Tras las elecciones de octubre de 2019 y el triunfo del peronismo kirchnerismo, los tipos de interés no están ya en el 74 %, sino en el 133 % actual. Simplemente, entre las PASO de agosto de 2023 y el momento actual, los tipos de interés han subido del 120 % al 133 %.
Todo ello, en medio de una hiperinflación que ha roto todos los registros, que obliga a subir los tipos para tratar de combatirla, pero que sigue siendo creciente. Sólo entre julio de este año y este mes de septiembre pasado, la inflación ha aumentado del 113,5 % al 138,3 %. En agosto de 2019, cuando Macri perdió las PASO, era muy alta, pero casi la tercera parte que ahora, un 54,5 %. Todo ello, con un peso depreciado fuertemente: de 54 pesos por dólar en agosto de 2019 hasta los 349,6 pesos por dólar actuales.
Por eso, tras la involución al peronismo que supuso el resultado de las elecciones presidenciales argentinas de 2019, Argentina se ha empobrecido todavía mucho más, es un país todavía más subsidiado y cada vez tiene menos tiempo para reflotarse. Por eso, el centro-derecha, si gana en la segunda vuelta, como debería si se unen los votos de Bullrich a los de Milei, tiene la obligación de revertir la situación, abandonar el populismo peronista, recortar el gasto, realizar reformas profundas y finalizar con la política generalizada de subsidios, que sólo empobrece al país. Si lo hacen así, Argentina tiene todavía una última oportunidad de ser un gran país, aunque los resultados de la primera vuelta llevan al desánimo.
  • José María Rotellar es profesor de Economía y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria
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