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14 de julio de 2024

Análisis económicoJosé Ramón Riera

Teresa Ribera en la Unión Europea: les enviamos un problema

Durante sus 6 años de ministra ha dirigido con mano de hierro, creando muchos problemas y sin solucionar ninguno, llegando casi a conseguir un apagón hace escasamente un mes

Actualizada 04:30

Cuando se publique este artículo, Teresa Ribera ya será diputada del Europarlamento, y empezará en septiembre su curso de 5 años con la creación y toma de posesión de su puesto el 16 de julio, que es la fecha prevista para la primera reunión del Legislativo de la UE.

Ese día se elegirá al nuevo presidente y vicepresidentes de este y se constituirán las comisiones de trabajo.

Más adelante en el año, los eurodiputados votarán para elegir al nuevo presidente de la Comisión Europea, que será propuesto por los líderes de los grupos parlamentarios designado. El Parlamento elegirá al presidente de la Comisión por mayoría absoluta, más de la mitad de todos los eurodiputados, en votación secreta.

Si el candidato no obtiene la mayoría requerida, los líderes de la UE deberán proponer un nuevo candidato en el plazo de un mes y el Parlamento votará sobre el nuevo candidato. Así hasta alcanzar un acuerdo.

El nombrado presidente de la Comisión y los países de la UE propondrán posteriormente candidatos para nuevos comisarios. El Parlamento organizará audiencias de los comisarios designados para que los eurodiputados de las comisiones parlamentarias pertinentes puedan evaluar la idoneidad de los candidatos para las carteras propuestas.

El proceso en el Parlamento finalizará con una votación plenaria, prevista para finales del otoño, en la que los eurodiputados deberán decidir si aprueban la composición de la Comisión en su conjunto.

Es aquí donde Teresa Ribera la puede liar. Ella quiere ser comisaria del área de Energía o de Medio Ambiente, y como ha de ser una negociación entre el presidente de la Comisión y Pedro Sánchez, este va a exigir que Ribera sea comisaria en el puesto que ella quiera.

A partir de aquí tendremos un talibán energético, que hasta ahora y durante los 6 años de ministra ha dirigido con mano de hierro, creando muchos problemas y sin solucionar ninguno, llegando casi a conseguir un apagón hace escasamente un mes, si no hubiese sido por la reacción de los técnicos de Red Eléctrica. Para evitar que eso sucediese, tuvieron que parar al sector industrial español durante tres horas completas.

Tuvo que tomar una decisión, que es permitir que los operadores industriales pudiesen invertir en sus propias redes eléctricas sobre las que tenían prohibido invertir, y todo por la cabezonería de ser la lideresa en España de la Agenda 2030 y del Pacto Verde.

Y para demostrar que la cabezonería, el empecinamiento y las posiciones irreductibles no suelen producir siempre situaciones de liderazgo, voy a poner 2 ejemplos: uno sacado del Instituto Nacional de Estadística, que publicó el pasado día 5 de junio el Panel de Indicadores Medioambientales, y otro de Eurostat, que el pasado día 25 de mayo actualizó los datos de emisiones netas de gases efecto invernadero.

En la primera vemos el porcentaje de energía renovable usada en el Transporte. Estamos prácticamente igual que la media europea: o sea, ni frío ni calor. En el uso de las renovables en el consumo de electricidad estamos mejor que la media de la UE en casi un 10 %, pero en cambio, en el uso de energías renovables para calefacción y refrigeración, donde se podía haber hecho mucho con los Fondos NextGen, estamos casi un 5 % por debajo y, por lo tanto, en la media de todo estamos peor que la media de la UE en un 2,7 %.

Más bien frío que calor para una ministra que en 6 años ha conseguido bien poco; tan poco que estamos por debajo de la media de la Unión Europea.

Y les comento la segunda estadística:

No es otra que la emisión de gases efecto invernadero, donde la base=100 es de 1990, y cuando nos dicen que España está en 101,4, quiere decir que estamos un 1,4 % por encima de 1990, cuando la media de la UE está en un 69, que quiere decir que Europa está en 31 % por debajo de 1990.

En definitiva, estamos un 32,4 % peor que Europa después de 6 años ininterrumpidos de escuchar todos los días que la sostenibilidad, que el pacto verde, que las emisiones de CO2, que si pitos y que si flautas para aparecer en las estadísticas encima peor que la media.

Menudo paquete enviamos a la Unión Europea.

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