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Tres jóvenes usando el móvil

Tres jóvenes usando el móvilPexels

ENCUESTA A JÓVENES

Del bono cultural al bono para el alquiler, ¿Interesan a los jóvenes las subvenciones del gobierno o las ven un derroche?

Algunas voces critican esta iniciativa al considerar que el mercado lo descontará y sufrirá alteraciones al alza, pero los potenciales favorecidos parecen satisfechos

El gobierno ha recurrido en varias ocasiones a las subvenciones con destino a diversos colectivos. El presidente, Pedro Sánchez, anunció recientemente un ‘bono alquiler joven', una ayuda vivienda de 250 euros al mes para estudiantes o trabajadores de entre 18 y 35 años. Esta iniciativa se suma a otra conocida —y polémica— desde hace tres años: el bono cultural.

Para acceder al flamante «bono alquiler» es necesario no tener una renta mayor a 1.800 euros al mes. Su objetivo, según el Ejecutivo, es ayudar a los jóvenes a emanciparse. Dicho de otro modo, colaborar con esa suma a pagar la renta. Con ese fin, destinará 200 millones de euros de los presupuestos generales.

Algunas voces critican esta iniciativa al considerar que el mercado lo descontará y sufrirá alteraciones al alza, pero los potenciales favorecidos parecen satisfechos. No sucede exactamente lo mismo con el bono cultural. En este caso, la dotación es de 400 euros destinados a actividades exclusivamente culturales. Ese dinero sirve, entre otras cosas, para afrontar el pago de entradas de cine, comprar libros, videojuegos o películas.

El gobierno concede esos fondos, mediante una tarjeta de crédito, a los jóvenes que cumplen 18 años. Hasta la fecha se han beneficiado los nacidos en los años 2004 y 2005 y ahora es el turno de los de 2006.

¿Se puede destinar todo el saldo a una sola actividad? La respuesta es, no. De ese dinero, 200 euros deben emplearse para asistir a espectáculos en directo, museos, atracciones turísticas o, por ejemplo, ir al cine. 100 euros se deben usar en la adquisición de productos culturales de soporte físico (libros, películas, videojuegos, discos, vinilos). Y los 100 euros restantes deben gastarse en contenidos culturales de soporte digital (ebooks, alquiler de películas online, videojuegos online, suscripciones a plataformas de streaming y servicios de música, etc).

¿Quién tiene derecho al bono cultural? Además de los nacidos en 2006, aquellos que tengan establecida su residencia legal en España o sean simplemente solicitantes de asilo o refugio político. A diferencia del bono alquiler, para el cultural hay previsto un presupuesto de 210 millones de euros de las arcas del Estado cada año.

¿Demasiado goloso para renunciar a ello? La expedición de este bono ha resultado tan controvertida que no son pocos los jóvenes que lo rechazan voluntariamente. Una encuesta realizada entre más de 200 universitarios de diferentes universidades, nos arroja un resultado interesante.

Aquellos que están a favor del bono (52 %) argumentan que en muchos casos la iniciativa es realmente efectiva y consigue que muchos jóvenes se acerquen a la cultura, cosa que normalmente no habrían hecho de no ser por este aliciente económico.

Hablan desde su propia experiencia: «Estoy a favor porque yo he notado que a raíz de tener la oportunidad de conocer lo que ofrece Madrid (por ejemplo: espectáculos, musicales, cine, etc) he ido a muchas actividades culturales (ya una vez no tenía el bono) algo que yo antes no hacía nunca», observa Natalia Navarro de Comunicación Audiovisual de la Universidad CEU San Pablo. En la misma línea se manifiesta Alberto, estudiante de Comunicación Digital: «Desde mi experiencia, gracias al bono cultural me compré varios libros que por mi cuenta nunca me hubiera comprado, así que creo que incentiva la cultura entre los jóvenes.»

En la posición contraria se expresa el 48% de los encuestados. Alfonso Moreno, estudiante de Historia del CEU explica las razones de su rechazo: «Porque a parte de inducir al voto del partido político vigente en el gobierno como si de una estrategia de marketing se tratase, no se incentiva la cultura, sino la compra de objetos y experiencias sin un esfuerzo previo para ganar ese dinero, que es sacado de los impuestos que podrían servir para cosas más útiles y beneficiosas para la sociedad.»

No son pocos los que advierten que hay otros modos de fomentar la cultura: «Regalar el dinero no me parece buena idea y es susceptible de actos fraudulentos. A mi juicio, el Estado debería incentivar las actividades culturales en los jóvenes de otro modo. Ejemplo, con gratuidad/descuentos específicos para ellos y campañas de promoción.»

Hay reflexiones que señalan que promueve actitudes negativas, como la de Isabel, estudiante de Enfermería: «Ese dinero es en realidad de todos los ciudadanos, sobre todo de aquellos que trabajan para tener una cantidad de ingresos decente por medio de su propio esfuerzo y empeño. Creo que esta iniciativa fomenta la «ley del mínimo esfuerzo» porque si al final a los jóvenes se les da un dinero para lo que quieran, ¿para qué se van a esforzar ellos en conseguirlo trabajando? Además, no creo que en todo lo que se puede emplear ese dinero sea educativo o que tenga un propósito formativo más allá del ocio y la diversión.»

En numerosas opiniones se repite la idea de que con esta iniciativa el Estado está dilapidando el dinero público, que debería destinarse a cuestiones más vitales o dejar su gasto a la libre elección de los ciudadanos.

No obstante, otros encuestados tienen una opinión ‘agridulce’. Muchos coinciden en que el rango de productos en los que puede gastarse el bono es demasiado amplio. Lara Pérez, de Historia del Arte del CEU opina: «Aunque sea una cantidad muy grande, lo considero una buena iniciativa si fuese exclusivamente para cultura, como libros, clásicos espectáculos de teatro o cine, entradas a museos o galerías de arte. Sin embargo, siento que hay demasiados sitios afiliados al bono cultural que no cumplen estos requisitos y que debiera estar mejor regulado. Un ejemplo de ello son bares, tiendas de videojuegos etc. La considero una buena iniciativa, pero mal ejecutada». Otros reconocen la acuciante necesidad del bono en la sociedad, pero se cuestionan si España puede permitirse ese presupuesto.

Santiago Álvarez, de Humanidades del CEU explica: «Está muy bien la idea, pero ¿de dónde sale ese dinero? Tengo entendido que España ya está de deudas hasta el cuello. Por otra parte, una vez que ese plan está en marcha, mejor usarlo; de lo contrario, el Gobierno lo usará a su antojo como hucha-cerdito. Remarco, la idea es buena porque hoy en día lo que nos falta es cultura.»

Habrá quien crea que los jóvenes que renuncian al bono están desperdiciando una oportunidad para formarse, al igual que otros creerán que los que lo aceptan están desperdiciando dinero público. Pero en realidad, el que lo está desperdiciando es aquel que lo acepta o lo rechaza sin pensar: aquel que no reflexiona sobre lo que está recibiendo. Puede que el mundo necesite que los jóvenes amen la cultura, pero ante todo, necesita que los jóvenes piensen y reflexionen.

Ficha técnica

Encuesta respondida por 215 universitarios las siguientes universidades: Universidad Rey Juan Carlos, Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Politécnica de Madrid, Universidad de Alcalá, Universidad Carlos III, Universidad CEU San Pablo, CUNEF, Universidad Villanueva, Universidad Pontificia de Comillas, Universidad de Navarra, Universidad Pontificia de Salamanca, Universidad de Valladolid y Universidad Miguel Hernández de Elche.
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