Donald Trump mostrando los aranceles
Cómo puede terminar la guerra comercial de Trump para la UE, China, México y Canadá
Bruselas anticipa un golpe de 81.000 millones al año, aunque podría acabar moderándose
Donald Trump declara al mundo la guerra comercial. El republicano abrió fuego este miércoles, anunciando un arancel mundial del 10 % desde este sábado, y penalizaciones adicionales a otras 60 naciones, prácticamente todo el planeta, a excepción de Rusia, Cuba y Corea del Norte. En el caso de la Unión Europea, impondrá a partir del 9 de abril un arancel del 20 %, que escalará al 24 % para Japón, al 46 % para Vietnam o al 34 % para China, adicional al 20 % ya establecido para el gigante asiático.
El golpe, de materializarse en los términos actuales, será titánico para la economía mundial. Solo Bruselas anticipa un daño anual de 81.000 millones de euros, concentrado en el acero (6.500 millones, con un arancel del 25 %), la automoción (16.500 millones, con otra tasa del 25 %) y el resto de sectores (58.000 millones). La Comisión Europea, no obstante, se agarra a la baza negociadora, consciente de que Trump entiende los aranceles como una herramienta de intimidación. Es, por tanto, la línea de salida, pero no necesariamente la meta.
Aunque la respuesta sobre cómo evolucionará la guerra arancelaria solo la tiene el propio Trump, la hipótesis que coge cuerpo tanto en Bruselas como entre las grandes empresas es que las barreras comerciales han llegado para quedarse, pero no serán tan extremas como las que mostró el republicano en su ya célebre pizarra. Así, en el caso de socios tradicionales como la UE o Japón, la expectativa es que tras las negociaciones el arancel se sitúe en términos generales en el 10 %, un porcentaje que EE.UU. ha impuesto a Reino Unido, históricamente su mayor aliado internacional.
Esto supondría, en el caso español, un alivio para el sector agroalimentario respecto a la propuesta actual de la Administración americana. Ahora bien, los expertos dudan que Trump vaya a ser tan dadivoso con los sectores estratégicos o en aquellas áreas donde considere que la industria local está más amenazada.
Es el caso del acero y el aluminio, pero también el cobre o los semiconductores, y de la automoción. En este caso, hay grandes dudas de que los aranceles del 25 % se vayan a aliviar, si bien cabe recordar que en el caso del acero y el aluminio, Trump, primero, y luego Biden, concedieron exenciones a sus principales socios comerciales, lo que en la práctica supuso pasar a un sistema de cuotas.
Socios comerciales clave de Estados Unidos, como la Unión Europea y el Reino Unido, afirmaron estar preparando sus respuestas a la escalada de Trump
También se esperan medidas concretas sobre el sector farmacéutico, donde EE.UU. está incómodo desde hace tiempo con el acuerdo de aranceles 0, lo que se ha traducido en la no actualización de la lista de principios activos exentos. Por ahora mantiene la excepción a los aranceles, pero la Casa Blanca está barajando medidas específicas bajo el marco de una investigación denominada 232. «Puede ser un sector en el que Trump sea agresivo para relocalizar actividad», trasladan desde una consultora internacional, lo que explicaría por qué ha impuesto a la minúscula Suiza, un gigante farmacéutico, un arancel del 31 %.
México y Canadá, los dos principales socios comerciales de EE.UU., no estaban en la lista de Trump. La Casa Blanca ya impuso a estos dos países unos aranceles del 25 % a principios de marzo, aunque posteriormente excluyó los bienes cubiertos por el tratado comercial T-MEC, que suponen aproximadamente la mitad de los intercambios comerciales con su vecino del sur.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, habla durante su conferencia de prensa diaria
Según la Administración Trump, para ambos países siguen vigentes las anteriores órdenes ejecutivas, lo que significa que los productos incluidos en el tratado de libre comercio «seguirá sujetos a un arancel del 0 %, los que no lo cumplen, a un arancel del 25 %, y los productos de energía y potasa que no lo cumplen, a un arancel del 10%». De ahí que la hipótesis que los expertos ven ahora como más probable es que se acabe reformulando el T-MEC para incluir el resto de productos y relocalizar industria en territorio norteamericano, el gran objetivo de Trump. Este tratado, cabe recordar, nació a raíz de que el republicano denunciara durante su mandato el NAFTA anteriormente existente.
En el caso de China, sin embargo, la opinión general es que los fortísimos aranceles han llegado para quedarse. El problema de fondo es la rivalidad estratégica de EE.UU. con el gigante asiático, al que acusa, no sin razón, de competencia desleal. Entre otros motivos, por debilitar el yuan para impulsar las exportaciones, incentivar la sobrecapacidad productiva y llevar a cabo prácticas que afectan a los derechos de propiedad intelectual e industrial. Una rivalidad que previsiblemente consolidará unos niveles altos y un desacoplamiento comercial cada vez mayor entre ambas naciones, lo que a su vez impactará en terceros países. Otra cosa, añaden los expertos, es que esta nueva batalla comercial vaya a lograr frenar el camino del gigante asiático hacia la hegemonía mundial.